27/03/2026

¡¡¡ANDALUCES LEVANTAOS!!!
¡

Es una frase que contiene una idea poderosa: levantarse

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“Andaluces, levantaos, pedid tierra y libertad…”. El himno de Andalucía comienza con una llamada. No me parece solo una canción institucional o un símbolo. Es una frase que contiene una idea poderosa: levantarse.

Levantarse significa aspirar, levantarse significa no resignarse, levantarse significa entender que el destino de una tierra nunca está escrito, sino que lo escriben quienes viven en ella.

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Durante demasiado tiempo Andalucía vivió instalada en un relato de resignación. Un relato que repetía que éramos una región condenada al turismo, al campo y a la dependencia económica. Una tierra maravillosa para vivir, pero supuestamente incapaz de competir con los grandes dominios industriales de Europa.

Ese relato fue cómodo para muchos, y muchos se lucraron con eso; sobre todo para algunos políticos, porque justificaba la dependencia y, porque era más fácil explicar el atraso que apostar por el cambio, y también, para algunos empresarios, porque permitía sobrevivir sin arriesgar demasiado.

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Pero la realidad, cuando uno mira los datos, empieza a contar otra historia. Una historia muy distinta; la economía andaluza ha entrado en una dinámica de crecimiento, por ejemplo, el PIB ha superado el 3 % anual, el empleo ha alcanzado cifras históricas y la inversión extranjera ha comenzado a mirar hacia el sur con un interés que hace apenas una década parecía impensable.

Andalucía supera ya los 234.000 millones de euros de PIB y más de 3,6 millones de personas trabajan hoy en nuestra comunidad. Detrás hay algo más profundo: un cambio de clima político y económico.

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Por primera vez en mucho tiempo Andalucía empieza a generar lo que en economía yo llamo un círculo virtuoso. Cuando una economía crece, llegan inversiones, con las inversiones se crea empleo, y con el empleo aumenta el consumo. Y cuando el consumo crece, vuelven a llegar inversiones.

Eso es exactamente lo que está empezando a ocurrir. Málaga se ha convertido en uno de los polos tecnológicos emergentes de Europa, con miles de ingenieros trabajando en empresas internacionales. El sector aeroespacial de Sevilla y Cádiz es ya uno de los más relevantes del continente gracias al ecosistema industrial que rodea a Airbus. La agroindustria andaluza de Jaén y Córdoba exporta al mundo entero y el potencial energético de nuestra tierra —solar, eólico e incluso hidrógeno verde— es uno de los mayores de Europa.

Todo esto ocurre mientras Europa atraviesa un momento de incertidumbre donde pierde productividad frente a Estados Unidos y Asia. La INEPTO-BUROCRACIA crece, la regulación y los impuestos se multiplican y el espíritu empresarial parece diluirse en una cultura cada vez más adversa al riesgo y falta de ambición. Durante décadas el continente fue la gran fábrica del mundo. Hoy muchas de esas compañías están en otros lugares…y con razón.

Y, sin embargo, en ese mismo contexto algunas regiones comienzan a despertar. Andalucía es una de ellas. Somos más grandes que 17 países de Europa, tenemos una de las posiciones geográficas más estratégicas del planeta. El Estrecho de Gibraltar es una de las grandes autopistas marítimas del mundo. El puerto de Algeciras es el primero de España en tráfico de mercancías y uno de los más importantes de Europa. Nuestra capacidad energética es extraordinaria. Nuestro clima, territorio, talento y forma de vida son la envidia de medio mundo, tanto que hasta Forbes designó a Málaga como el mejor lugar del mundo para vivir.

La pregunta, por tanto, ya no es si Andalucía tiene potencial, la pregunta es si tenemos ambición suficiente para aprovecharlo. Y aquí conviene decir algo que quizá incomode a algunos: durante muchos años el empresario andaluz perdió parte de esa ambición. Nos acostumbramos a empresas pequeñas, familiares, locales. Nos acostumbramos a pensar en sobrevivir en lugar de pensar en conquistar mercados. Yo siempre digo lo mismo: una empresa que no tiene ambición acaba teniendo miedo y no se puede tener más miedo a fracasar que ganas de triunfar.

Andalucía necesita empresarios con hambre. Hambre de crecer, de innovar, de exportar, de competir. Empresarios que no pidan permiso para crear riqueza, sino que la creen, y estén orgullosos de hacerlo.

Dicho esto, también hay que mirar a la política con honestidad. En los últimos años Andalucía ha mejorado su clima económico. Se ha avanzado en estabilidad institucional, y en atraer inversión. El actual gobierno andaluz está entendiendo algo fundamental; que una economía prospera cuando se facilita la actividad empresarial y, que el mal llamado dinero público, sale de la inversión, las exportaciones y en definitiva de los empresarios y trabajadores privados.

Pero si queremos que Andalucía se convierta en un verdadero motor económico de España y del sur de Europa, hay que abordar los grandes retos estructurales que todavía tenemos pendientes. No es razonable que una región con la posición geográfica de la nuestra tenga aún proyectos estratégicos sin resolver. El tren litoral de la Costa del Sol no puede seguir siendo una promesa eterna. Hablamos de uno de los corredores turísticos y económicos más importantes del Mediterráneo. Tampoco tiene sentido que el puerto de Algeciras —uno de los mayores hubs logísticos de Europa— siga esperando el desarrollo ferroviario que lo conecte plenamente con el corredor central europeo. El transporte de mercancías por tren es clave para la competitividad industrial de ahora y del futuro.

Estas infraestructuras determinarán si Andalucía puede jugar en la primera división económica europea o si se queda a medio camino. Porque el verdadero reto de nuestra tierra no es el turismo. El turismo ya funciona, el verdadero reto es industrializar esta comunidad. Lo que necesitamos ahora es visión. Visión política para impulsar las infraestructuras que faltan, empresarial para crear compañías capaces de competir en el mundo, y colectiva para creer de verdad en nuestras posibilidades, combinando el talento que tenemos con ambición y esfuerzo.

Yo siempre repito una idea que he aprendido después de crear muchas empresas: la economía productiva es la que construye el futuro. No las subvenciones, no las declaraciones, no los discursos, siempre he dicho que un artista es aquel que gana dinero sin subvenciones ni regalías, sino, no es un artista, será otra cosa.

Por eso quizá hoy tenga más sentido que nunca recordar aquella frase del himno. “Andaluces, levantaos…”.

Levantaos empresarios, porque esta tierra necesita vuestra ambición. Levantaos trabajadores porque esta comunidad necesita vuestro esfuerzo. Levantaos políticos, porque esta región necesita decisiones valientes. Levantaos jóvenes, porque el futuro económico de Andalucía no se va a construir en ningún otro lugar, si no aquí.

Y puede que, por primera vez en mucho tiempo, tengamos delante una oportunidad histórica para demostrar que el Sur no solo sabe vivir bien. También sabe crear riqueza, competir y liderar.

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