Álvaro Pallarés (Presidente de la Asociación MAENOBA): Impulsamos un nuevo modelo agrícola en Doñana basado en innovación, sostenibilidad y ciencia
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Estamos avanzando hacia un modelo donde producir con menos insumos sin perder productividad es posible

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MAENOBA nace con el objetivo de transformar el modelo agrícola en el entorno de Espacio Natural de Doñana, ¿qué necesidades concretas del territorio motivaron la creación de esta asociación?

MAENOBA nace en la propia comarca ante la necesidad de defender un territorio y una forma de hacer agricultura poco conocida desde fuera: la Doñana de Sevilla, donde la actividad agraria es histórica pero hoy también moderna, tecnificada y comprometida con el medioambiente.

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En los últimos años, los agricultores han realizado un importante esfuerzo por adaptarse, mejorando la eficiencia del agua, incorporando tecnología y reduciendo insumos. Sin embargo, esa evolución no siempre se ha comunicado bien y el sector ha sido cuestionado.

Por eso surge MAENOBA: para dar voz a la comarca y poner en valor un modelo que ya funciona, que genera riqueza y que es compatible con Doñana, defendiendo que la agricultura forma parte de la solución y no del problema.

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En un contexto donde sostenibilidad y productividad deben ir de la mano, ¿cómo se puede lograr un equilibrio real entre desarrollo agrario y protección de un ecosistema tan sensible?

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El equilibrio es posible. En un entorno como Doñana no se trata de elegir entre agricultura y medioambiente, sino de entender que ambos deben avanzar juntos, ya que son interdependientes. La clave está en cómo se hacen las cosas.

En la comarca se lleva años demostrando que ese equilibrio se construye en el día a día: con agricultura de precisión que optimiza el uso del agua, tecnología que ajusta los insumos, reduce productos químicos y cuida el suelo como un recurso vivo. Ese es el modelo en el que ya se está trabajando.

No obstante, también es necesaria una visión más amplia. La protección de Doñana no puede recaer solo en el agricultor; requiere planificación hidrológica, infraestructuras adecuadas y una coordinación real entre administraciones y sector. Avanzar en soluciones que reduzcan la presión sobre los acuíferos es clave.

Además, la agricultura también contribuye al ecosistema. El cultivo del arroz, por ejemplo, no solo es una actividad económica importante, sino que forma parte del hábitat de Doñana y sirve de alimento para la avifauna, reflejando el papel del agricultor en la gestión del territorio.

 

El proyecto Terraverde supone una apuesta ambiciosa, ¿qué impacto esperan conseguir con la colaboración del Consejo Superior de Investigaciones Científicas en la transformación del modelo agrícola local?

El proyecto TERRAVERDE es, en cierto modo, el paso natural que queríamos dar como asociación: llevar al terreno, con base científica, todo lo que venimos defendiendo. La colaboración con el Consejo Superior de Investigaciones Científicas es clave, ya que nos permite trabajar con rigor y medir de forma objetiva el impacto de las prácticas agrícolas.

El objetivo no es solo innovar, sino demostrar que existe otra forma de producir. Se están desarrollando líneas como el uso de microorganismos —por ejemplo, cianobacterias— para reducir la dependencia de fertilizantes químicos sin perder productividad, o el estudio de los arrozales como sistemas que pueden mejorar la calidad del agua. Son avances importantes para un entorno tan sensible como Doñana.

El proyecto ya se ha presentado a convocatorias como la de la Fundación Biodiversidad y, aunque por ahora no ha sido seleccionado, se seguirá impulsando en nuevas oportunidades, ya que se considera clave tanto para la agricultura de la comarca como para el futuro de Doñana.

 

El uso de cianobacterias como biofertilizantes plantea una alternativa innovadora, ¿qué resultados están obteniendo?

El uso de cianobacterias como biofertilizantes es una de las líneas más prometedoras en las que estamos trabajando, porque nos permite avanzar hacia una agricultura más eficiente sin renunciar a la productividad. 

Un buen ejemplo es el trabajo desarrollado en el marco del Grupo Operativo NutriRice, una iniciativa que ha permitido validar en campo el uso de estos microorganismos en el cultivo del arroz. Gracias a este tipo de proyectos, se ha comprobado que es posible reducir en torno a un 30% el uso de fertilizantes químicos sin pérdida de rendimiento, lo cual es un avance muy relevante tanto desde el punto de vista económico como ambiental.

En una comarca como la nuestra, ligada a un espacio tan sensible como Doñana, esto cobra aún más sentido. Si somos capaces de producir con menos fertilización química y mantener la productividad, estamos avanzando hacia un modelo agrícola más equilibrado y sostenible.

 

La gestión eficiente del agua es clave en la comarca, ¿cómo contribuyen los estudios sobre arrozales a optimizar el uso hídrico y mejorar la calidad ambiental del entorno?

La gestión del agua es uno de los grandes retos de la comarca y clave para el futuro de la agricultura y de Doñana. En este contexto, los estudios sobre arrozales están aportando un conocimiento valioso, mostrando que pueden mejorar la calidad del agua al actuar como un filtro natural que retiene nutrientes, lo que abre nuevas vías para compatibilizar producción y sostenibilidad.

Para que esto sea viable, es imprescindible avanzar en infraestructuras. El proyecto de modernización de la zona arrocera resulta fundamental, ya que permitiría aislar el cultivo del estuario, garantizar el uso de agua dulce y dar estabilidad al sistema productivo, asegurando su viabilidad a largo plazo.

En cualquier caso, la gestión eficiente del agua afecta a todos los cultivos de la comarca —patata, zanahoria, brócoli o sandía—, que ya están avanzando hacia modelos más eficientes con riegos más precisos, control en tiempo real y mayor adaptación al entorno.

 

Más allá de la producción, MAENOBA impulsa acciones de sensibilización y ecoturismo, ¿qué papel juega la sociedad local en este cambio hacia una agricultura más sostenible?

La sociedad local tiene un papel clave, ya que este cambio no solo trata de cómo se produce, sino de cómo se entiende y valora la agricultura en el territorio. Para avanzar hacia un modelo más sostenible, es fundamental reforzar la conexión entre el campo y la sociedad.

Desde MAENOBA, esa conexión se impulsa a través de la educación y la cercanía, con actividades en colegios, visitas a explotaciones y acciones divulgativas que acercan a los jóvenes a la agricultura actual: más tecnificada, sostenible y eficiente en el uso de recursos.

Además, poner en valor la comarca y su entorno, mostrando cómo conviven agricultura y biodiversidad, es esencial para mejorar la percepción social y generar un mayor reconocimiento del sector.

 

De cara al futuro, ¿cuáles son los principales objetivos y proyectos de MAENOBA para 2026?

MAENOBA quiere consolidarse como una asociación que demuestre que es posible una agricultura moderna, rentable y compatible con un entorno tan exigente como Doñana, como modelo de futuro para la comarca.

Su apuesta se centra en la innovación —digitalización, uso de datos, mejora del suelo y optimización de insumos— y en la sostenibilidad, con el agua como eje clave, impulsando el uso de recursos superficiales para reducir la presión sobre los acuíferos.

También destacan la necesidad de una mayor implicación de las administraciones en infraestructuras, conectividad y espacios de datos que permitan avanzar hacia una agricultura más eficiente.

Además, consideran fundamental la formación y el relevo generacional para atraer a jóvenes con una agricultura tecnificada y con oportunidades, y reforzar su papel como punto de encuentro del sector, promoviendo la colaboración entre agricultores, investigadores y administraciones.

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