Cuando hace ya más de dos años tomé posesión como presidente de la Cámara de Cuentas, señalé que uno de los pilares de mi mandato sería la utilización de la inteligencia artificial como herramienta para facilitar la labor de fiscalización que acomete la institución. Se trataba de un objetivo ambicioso y no exento de cierta incertidumbre por lo complejo del asunto. Nos enfrentábamos a un terreno poco explorado y con pocos instrumentos adaptados a nuestras peculiares necesidades.
Este reto tenía su principal razón de ser en el hecho de que la transformación digital está modificando profundamente la forma en que las administraciones públicas gestionan la información, prestan servicios y toman decisiones. Cada día se generan millones de datos que reflejan la actividad de instituciones, organismos y entidades públicas. Ese enorme caudal de información constituye una oportunidad extraordinaria para mejorar la gestión pública, pero también plantea nuevos desafíos para quienes tenemos la responsabilidad de supervisarla.
Pues bien, para mí es una enorme satisfacción poder dar a conocer que la Cámara de Cuentas de Andalucía ha puesto en marcha el proyecto Vigía-A (Vigilancia Inteligente Analítica de Andalucía), una iniciativa destinada a incorporar sistemas avanzados de análisis de datos e inteligencia artificial supervisada a nuestros procesos de fiscalización. Se trata de una actuación innovadora que sitúa a nuestra institución entre las más avanzadas de España y de Europa en la aplicación de estas tecnologías al ámbito del control público.
La finalidad de este proyecto es clara: mejorar la eficiencia, la calidad y la capacidad analítica de las actuaciones fiscalizadoras para ofrecer un mejor servicio a la ciudadanía y contribuir a una gestión cada vez más transparente y responsable de los recursos públicos.
Las administraciones gestionan hoy volúmenes de información impensables hace apenas unos años. La complejidad de los sistemas de gestión pública, la digitalización de procedimientos y la creciente automatización de procesos obligan a evolucionar también los métodos de control. No se trata de sustituir lo que funciona, sino de incorporar nuevas capacidades que permitan detectar riesgos antes, identificar patrones de comportamiento y mejorar la profundidad de los análisis.
Precisamente esa es la filosofía que inspira Vigía-A. El proyecto permitirá avanzar hacia una fiscalización más inteligente, más preventiva y orientada al riesgo.
Gracias a técnicas avanzadas de analítica de datos, será posible identificar de forma más temprana situaciones que requieran una mayor atención fiscalizadora, optimizando así la utilización de los recursos disponibles y reforzando la capacidad de supervisión de la institución.
La inteligencia artificial ofrece herramientas especialmente valiosas para este propósito. Puede ayudar a procesar grandes volúmenes de información, detectar anomalías, clasificar datos complejos o identificar tendencias que resultarían difíciles de apreciar mediante procedimientos convencionales. Aplicada con rigor y prudencia, constituye un extraordinario instrumento de apoyo para mejorar la calidad de las actuaciones de control.
Ahora bien, conviene subrayar una cuestión esencial: la inteligencia artificial nunca sustituirá el criterio profesional de los auditores y técnicos. La responsabilidad de las conclusiones, valoraciones y recomendaciones seguirá correspondiendo siempre a las personas. La tecnología aporta capacidad analítica; el juicio profesional aporta contexto, experiencia, interpretación y responsabilidad institucional.
Por esa razón, Vigía-A se desarrolla sobre una serie de principios irrenunciables. El primero es la supervisión humana permanente. Todas las herramientas y modelos utilizados estarán sometidos al control y validación de los equipos fiscalizadores. El segundo es la trazabilidad completa de los datos y de los resultados obtenidos. El tercero, la explicabilidad de los modelos empleados, de manera que sus conclusiones puedan comprenderse, verificarse y justificarse adecuadamente. A ello se añaden la implantación progresiva y prudente de las soluciones tecnológicas y la mejora continua de la calidad de la evidencia utilizada.
La confianza en las instituciones exige que cualquier incorporación de inteligencia artificial se realice bajo criterios de transparencia, seguridad jurídica y responsabilidad pública. No buscamos automatizar decisiones; buscamos mejorar la información disponible para adoptar mejores decisiones.
El primer ámbito de aplicación de Vigía-A será especialmente significativo. La Cámara de Cuentas desarrollará un sistema de apoyo para la selección de entidades locales que puedan ser incluidas en futuras actuaciones fiscalizadoras dentro del Plan Anual. Mediante técnicas de clasificación, agrupación y detección de anomalías, el modelo analizará información disponible para identificar indicadores de riesgo o comportamientos atípicos que aconsejen una revisión más detallada.
Este enfoque permitirá reforzar la objetividad de los procesos de selección y ampliar la capacidad de análisis de la institución. No será la inteligencia artificial quien decida qué entidades deben fiscalizarse; será una herramienta de apoyo que proporcionará información adicional para facilitar una toma de decisiones más fundamentada.
La previsión es disponer de este primer modelo operativo antes de finalizar el presente año. Posteriormente, el proyecto se extenderá a nuevos ámbitos relacionados con la rendición de cuentas, los informes sectoriales y otras actuaciones de fiscalización. El objetivo final es consolidar progresivamente un modelo de control público apoyado en datos, capaz de adaptarse a las necesidades de una administración cada vez más digitalizada.
La puesta en marcha de Vigía-A representa mucho más que la incorporación de una nueva herramienta tecnológica. Supone una apuesta estratégica por la modernización institucional y por la innovación aplicada al servicio público. En realidad, no estamos ante un proyecto exclusivamente tecnológico, sino ante una evolución del propio modelo de fiscalización.
Los órganos de control debemos ser capaces de comprender las transformaciones que están experimentando las administraciones y adaptar nuestras capacidades a esa nueva realidad. Cuanto más complejos son los sistemas de gestión, más importante resulta disponer de mecanismos eficaces de supervisión, transparencia y rendición de cuentas.
Andalucía cuenta con una administración moderna, dinámica y cada vez más digitalizada. La Cámara de Cuentas quiere acompañar esa evolución fortaleciendo sus capacidades de análisis y reforzando su contribución a la mejora de la gestión pública. La inteligencia artificial, utilizada de forma responsable y bajo una estricta supervisión humana, puede convertirse en una gran aliada para alcanzar ese objetivo.
Vmqmigía-A nace precisamente con esa vocación: poner la innovación tecnológica al servicio del interés general, fortalecer la calidad del control público y contribuir a generar una mayor confianza de los ciudadanos en sus instituciones. Ese es el reto. Y también la oportunidad.




