¿Cómo nació Trajes Molina y cuál ha sido su trayectoria hasta convertirse en un referente en el sector?
Como ocurre en muchas empresas familiares, con 20 años me encontré al frente de la empresa. Sentí una enorme responsabilidad, ya que tomaba el relevo y debía continuar el trabajo de la mejor manera posible. Al mismo tiempo, fue una etapa muy ilusionante, porque tenía la posibilidad de hacer cosas que antes había hecho mi padre, que era mi ejemplo. Era un mundo nuevo, lleno de retos, con responsabilidades tanto familiares como hacia los empleados, que pasaban a tener un nuevo jefe con nuevas inquietudes, capacidades y que se atrevía a hacer cosas que, al hilo de la tradición, no se habían hecho todavía. Los primeros años fueron de mucho trabajo. Nacer en una familia de empresarios, donde todas las ramas de la familia han sido y son empresarios, hace que uno quede condicionado desde la infancia por el comercio, la industria y la actividad empresarial. En mi caso, pertenezco a una familia dedicada desde generaciones anteriores al mundo de la confección y del tejido. Por lo tanto, yo estaba ya decididamente abocado a dedicarme a la industria de la confección. La verdad es que es algo que desde pequeño hemos vivido en casa, donde era el tema de conversación habitual, donde veíamos a nuestros padres cómo se dedicaban a ello y, por lo tanto, para nosotros.
¿Por qué el traje de flamenca es único? ¿Qué distingue a sus diseños?
Porque es el único traje regional que sigue vivo. El traje de flamenca tiene muchas peculiaridades y es tan diferente a los demás que representa algo profundamente vinculado a nuestra tradición andaluza, específicamente sevillana, porque realmente el traje de flamenca es el que adquiere sus características actuales en Sevilla. De hecho, yo siempre he defendido que debería llamarse traje de sevillana, porque es aquí en Sevilla donde se le da carta de naturaleza, independientemente del origen del que provenga, pero la carta de naturaleza y la difusión la da Sevilla. Independientemente de todo ello, es algo que tiene una característica única y exclusiva de la que carecen los demás. Y es que sigue vivo. El resto de los trajes regionales mayoritariamente desaparecieron en el siglo XVIII o en el XIX, o cuando fuera, y los embalsamaron y los siguen reproduciendo exactamente igual, solo modificando algún color o alguna cosa así. Pero el traje de flamenca es algo completamente diferente. Cada poco tiempo se va renovando. Yo diría que cada año vamos incorporando una serie de tendencias nuevas, algunas son correctas y el público las acepta, porque al final Sevilla es la que nos examina y nos aprueba o nos suspende a los que fabricamos trajes de flamenca aquí. Lo único que hacemos es ofrecerle nuestras ideas a la ciudad, y la ciudad, en su infinita sabiduría, dice qué sí o qué no.
¿Qué importancia tiene la tradición en la confección de sus trajes y cómo la combina con las tendencias actuales?
El mundo de la confección ha cambiado mucho y poco, según cómo se mire. Hay que tener en cuenta que técnicamente los tejidos se han modificado muchísimo. Antiguamente se utilizaba mucho la fibra natural, con sus ventajas y sus inconvenientes. Después fueron llegando toda una serie de hilos de poliéster, nailon, etc., que se combinaron con las fibras naturales, específicamente el algodón, que era el que siempre había reinado en este tipo de tejidos, dándole una serie de características completamente nuevas. Se ha conseguido un tejido mucho más resistente, con menos peso, mayor capacidad de lavado, antiarrugas, en fin, una serie de ventajas que indiscutiblemente se han ido ganando. Por otro lado, la confección ha cambiado mucho en cuanto a maquinaria. No tiene nada que ver aquellas antiguas máquinas de coser con las que se utilizan hoy en día. El automatismo entra mucho, casi diría la robótica en temas como el corte. Nosotros tenemos máquinas de corte. Hemos tenido varias en nuestra trayectoria. En el año 1991 incorporamos la primera máquina de corte que hubo en Andalucía; en el año 1990 la compramos. Esto ha ido avanzando lógicamente en calidad de forma muy notable, haciendo que la confección sea mucho más eficiente y con mayor calidad.
¿Ha incorporado nuevas tecnologías o métodos modernos en la elaboración de sus trajes?
Mi toma de decisiones en la empresa viene condicionada porque soy de otra generación y, por lo tanto, estoy muy incorporado a todas las nuevas tecnologías. Recuerdo cuando compré el primer ordenador IBM, en un momento en el que supuso una inversión muy elevada, de alrededor de un millón de pesetas, y después toda la maquinaria que fue innovando el corte automatizado. Nosotros hemos ido siempre intentando aplicar todos los avances en la tecnología relacionados con nuestro sector, aplicándolos a la industria y específicamente al traje de flamenca, para conseguir la mejor calidad posible.
¿Qué planes de futuro tiene para Trajes Molina y qué objetivos le gustaría alcanzar?
En el sector del traje de flamenca es Sevilla la que decide quién sobrevive y quién no sobrevive. Hay gente que una cosa es tener moda y otra es hacer el ridículo. Hay ocasiones en que algunos confeccionistas dedicados a este mundo se creen que están trabajando para Cannes en vez de para la Feria de Sevilla. Hay cosas que no pueden olvidarse. Y es la tradición de elegancia que ha tenido siempre Sevilla, una de las ciudades más elegantes de España, por no decir la que más. Entonces hay que ser innovador, pero respetando las tradiciones y sabiendo lo que uno está haciendo. A Dios gracias, el público es el que aprueba o suspende, comprando o no comprando lo que la gente hace. Hay algunos que no están muy en sintonía con la tradición sevillana, y por lo tanto el público pone a todo el mundo en su sitio.




