La moda flamenca constituye un símbolo clave de las fiestas andaluzas. En este sentido, ¿cómo logra mantener la esencia tradicional en sus diseños sin renunciar a la innovación, tanto desde una perspectiva general como en su trabajo personal?
La clave está en no perder la esencia. Un traje de flamenca puede ser muy innovador, incorporar tejidos especiales o disponer los volantes de manera distinta, pero lo importante es que al ver a una persona vestida así se identifique claramente como un traje de flamenca. Es decir, que no se confunda con un disfraz de carnaval, una estética brasileña u otro estilo ajeno a la tradición. Cuando hablo de no perder la esencia, me refiero a que el traje siga siendo reconocible como flamenco. Aunque es una idea repetida en entrevistas, sigue siendo real: lo fundamental es que al ver a una mujer se diga con claridad: “va vestida de flamenca”.
Sus colecciones destacan por el uso de tejidos naturales y por una estética muy personal, ¿qué papel juega la artesanía en la preservación de la tradición dentro de la moda flamenca?
Para mí, la artesanía en la moda flamenca lo es absolutamente todo. En general ya tiene un valor fundamental, pero en este ámbito es aún más relevante. Cuento con la carta de artesana de la Junta de Andalucía y entiendo la elaboración de un traje de flamenca como un proceso laborioso, meticuloso y muy personalizado. Es una prenda que requiere muchas horas de trabajo y en la que predomina lo manual. Aunque utilizamos máquinas de coser, estamos muy cerca de lo que se considera alta costura, ya que la mayoría de los diseños son únicos. Además, en muchos casos los tejidos se elaboran específicamente para mí. Trabajo con batistas de algodón muy finas, conocidas como bual de algodón, que permiten manipular el tejido con gran facilidad y crear filigranas y detalles muy elaborados. Todo este proceso, desde la elección del material hasta la confección final, forma parte de lo que considero artesanía pura.
En celebraciones como ferias y romerías, el traje flamenco experimenta una evolución constante. ¿Cómo interpreta usted estos cambios sin que se pierda la identidad cultural que lo caracteriza?
Los cambios son positivos y necesarios. El traje de flamenca evoluciona, tiene modas y ha ido transformándose a lo largo de los años. Por supuesto, siempre ha mantenido su esencia como traje flamenco, pero no es una prenda estática. Yo defiendo que debe evolucionar, igual que evoluciona el ser humano. El traje tiene que adaptarse y crecer con el tiempo. Por ejemplo, en la actualidad nos encontramos con temperaturas muy elevadas durante la feria, que pueden alcanzar los 42 grados. En esas condiciones, resulta imposible llevar trajes pesados, rígidos o asfixiantes. Es necesario apostar por diseños más ligeros, frescos y adaptados a las circunstancias actuales. Por tanto, el traje debe evolucionar no solo con las tendencias, sino también con el clima, el contexto y las necesidades de quienes lo visten.
Sus diseños incorporan colores vivos y combinaciones atrevidas. ¿Considera que esta evolución responde a una nueva forma de vivir y entender las fiestas tradicionales?
Todo evoluciona, aunque no siempre para mejor. En el caso de la feria, sigue siendo una fiesta preciosa, pero ha habido años de excesiva masificación, con casetas saturadas y dificultades para disfrutar del ambiente. Afortunadamente, ahora se está recuperando una dinámica más equilibrada y cercana a la tradición, con un ritmo más natural. También se está retomando la mañana de feria, un momento especialmente bonito que muchos jóvenes no han llegado a conocer. Es importante recordar que la feria no es una simple verbena, sino que tiene un origen ganadero, con paseo de caballos y una tradición muy concreta. Por ello, considero fundamental recuperar esa esencia y esa forma de vivir la fiesta, donde cada momento tiene su significado.
¿Cómo percibe el interés de las nuevas generaciones por el traje flamenco y su vínculo con las tradiciones? ¿Cree que se sigue respetando o que se está produciendo una pérdida de valores?
No considero que haya falta de respeto por parte de los jóvenes, ya que comprenden perfectamente lo que es la feria. Sin embargo, en los últimos diez o doce años ha habido un auge de los trajes industriales, confeccionados en serie, incluso con productos de China a precios muy bajos, en torno a los cincuenta euros. Esto, aunque lógico en el mercado, puede afectar al valor artesanal del traje de flamenca. Actualmente observo un fenómeno interesante: muchas clientas jóvenes que pasaron por esa etapa están regresando a la artesanía. Tras priorizar durante años el ajuste o la estética inmediata, comienzan a valorar la calidad, los materiales y el trabajo detrás de cada traje. Buscan prendas duraderas, de tejidos naturales, que puedan conservarse e incluso heredarse. En mi caso, al provenir de una familia numerosa donde la ropa se heredaba, esa idea de continuidad y legado sigue muy presente en mi forma de entender la moda flamenca.
La moda flamenca cuenta con una gran proyección internacional. ¿Qué oportunidades identifica para llevar esta tradición a otros países sin que pierda su autenticidad? ¿Estaría dispuesta a internacionalizar sus diseños?
Por supuesto que sí. Aunque no he tenido experiencia en América, sí he trabajado en Japón con mis diseños, y estoy convencida de que la moda flamenca tendría una gran acogida en otros países. En lugares como Colombia o México hay diseñadores que se inspiran claramente en esta estética, y en Europa firmas como Dolce & Gabbana o Valentino han incorporado elementos propios de la moda flamenca en sus colecciones, lo que demuestra su proyección internacional. Sin embargo, considero que existe un problema importante: la moda andaluza no se ha sabido vender adecuadamente. Otras regiones, como Galicia o Cataluña, han logrado posicionarse mejor, mientras que nosotros no hemos sabido valorar ni proyectar correctamente lo que tenemos. En definitiva, es una cuestión de promoción y de reconocimiento del propio valor.
Para finalizar, ¿cuáles son sus próximos proyectos y objetivos de cara al futuro en el ámbito de la moda flamenca?
Actualmente ya estoy trabajando en la colección de 2027, mientras que la de 2026 está prácticamente encauzada, aunque aún queda recorrido, ya que no solo está la Feria de Sevilla, sino también otras ferias y eventos como Córdoba, Jerez, Fuengirola, Málaga o las romerías de la sierra de Huelva, donde cuento con numerosas clientas. También tengo presencia en provincias como Jaén o Granada, por lo que la actividad se prolonga bastante. Mi principal referencia sigue siendo la Feria de Sevilla, ya que es mi ciudad, donde resido y tengo el taller. En cuanto a la venta online, no la gestiono especialmente bien, porque no trabajo con producción en serie, lo que dificulta ofrecer productos que deben modificarse o retirarse constantemente, al ser cada traje único. De cara al futuro, mi objetivo es seguir ampliando en la medida de lo posible y continuar desarrollando mi trabajo. Asimismo, espero que alguna de mis hijas, que aún son jóvenes, pero ya tienen sus propias trayectorias profesionales, pueda incorporarse al negocio y aportar una nueva visión. Tras haber cumplido recientemente los 60 años, también considero que llegará el momento de ir reduciendo progresivamente el ritmo de trabajo y dedicar más tiempo al descanso.




