La Real Maestranza de Caballería de Ronda es una de las instituciones más emblemáticas vinculadas al mundo del caballo. En un contexto de cambio social, ¿cómo mantiene vigente su papel dentro de las tradiciones andaluzas y cómo está hoy presente en la vida de las personas en Andalucía?
En primer lugar, reflexiono siempre sobre el concepto de tradición, una palabra que suena mucho y que utilizan con frecuencia distintos comunicadores, incluso en el ámbito político. La tradición va más allá de costumbres o creencias; tiene su origen en ritos, en la sabiduría y en el conocimiento que las generaciones han transmitido dentro de un ámbito concreto, generando lo que entendemos como comunidad. Desde ese punto de vista, es identidad.
La Real Maestranza encarna una tradición secular basada en una vocación de servicio público. Su origen, en 1573, responde a una necesidad: la defensa del territorio. En aquel momento, el rey Felipe II demandó ese servicio, y en torno a él se creó una hermandad que desarrolló un concepto de caballería leal a la Corona y eficaz para la protección de las personas.
Como modelo de hermandad defensiva vinculada al ejercicio militar, la Maestranza representa una tradición histórica ligada a la defensa del territorio y, por extensión, de la identidad. Cuatro siglos y medio después, sigue siendo un centro ecuestre.
Además, en 1573, la innovación tecnológica consistía en enseñar a montar a caballo, especialmente a la jineta, una monta de origen nazarí que resultaba más ligera y eficaz en el campo de batalla. Para ello se necesitaban jinetes preparados, y los maestrantes eran quienes poseían los recursos y el conocimiento.
Ese saber se transmite de generación en generación, creando una tradición que hoy sigue intacta. La Maestranza mantiene la escuela de equitación más antigua de España y la segunda de Europa, después de la de Viena. Es un centro de recursos ecuestres enfocado no solo a la ganadería, sino también a la innovación y la enseñanza: la monta eficaz, el cuidado óptimo del caballo y su uso como complemento del ser humano en distintas disciplinas, especialmente deportivas como la doma o el salto, así como en la formación profesional.
En relación con las fiestas tradicionales andaluzas, las cuales evolucionan hacia formatos más experienciales y turísticos, ¿qué papel juega la Real Maestranza en esta transformación sin perder su autenticidad?
Mantener durante cinco siglos la tradición ecuestre a través de nuestra escuela de equitación es fundamental. En Andalucía, una región extensa y con gran presencia rural, no siempre es fácil acceder a una formación ecuestre de calidad.
La Real Maestranza ofrece esa oportunidad. Los alumnos pueden residir en nuestras instalaciones durante dos o tres años, según su rendimiento, y disponen de acceso continuo a la práctica con varios caballos. Se trata de una enseñanza muy depurada, orientada a la deportividad y no exclusivamente al uso ganadero.
Para Andalucía es muy importante preservar una escuela con cuatro siglos y medio de historia. Además, existen otras escuelas conocidas, como la de Jerez, que tienen un componente más reciente y también turístico. La Maestranza, en cambio, representa la tradición en la enseñanza, la innovación y la excelencia ecuestre.
El vínculo entre el caballo, la nobleza y la cultura popular ha sido clave en Andalucía. ¿Cómo se reinterpreta este legado para conectar con las nuevas generaciones?
En el origen de la Maestranza, la guerra era el oficio. Esta hermandad estaba formada por caballeros, personas con recursos ecuestres, pertenecientes a la nobleza y con una posición destacada en la sociedad del Antiguo Régimen.
Pero no solo tenían privilegios, también tenían obligaciones. Existía una tradición de compromiso con la sociedad: poner sus recursos al servicio del bien común. Ese principio sigue vigente hoy.
La nobleza que forma parte de la Real Maestranza continúa aportando recursos para que la escuela de equitación sea accesible. El coste real de la formación se reduce significativamente gracias a esta contribución.
Además, la institución amplía su actividad cultural: la Semana de la Música, el Centro de Estudios de la Nobleza, el fondo documental, la biblioteca… Son recursos que antes estaban reservados a unos pocos y que hoy están abiertos a toda la sociedad. Andalucía cuenta así, en una ciudad como Ronda, con un despliegue cultural muy singular, fruto de esta vocación de servicio público que se mantiene desde sus orígenes.
Ronda y su Plaza de Toros forman parte del imaginario cultural andaluz. ¿Cómo se equilibra hoy la conservación del patrimonio histórico con las nuevas sensibilidades sociales?
Nosotros trabajamos para conservar el patrimonio y garantizar su uso y disfrute por parte de la ciudadanía, tal y como establece la legislación vigente. Ofrecemos acceso a este legado a nivel local, nacional e internacional mediante diversas actividades.
La Plaza de Toros es un icono andaluz y español, y representa una visión ilustrada de la nobleza sobre la tauromaquia. En el siglo XVIII, la Maestranza recibió del rey el privilegio de organizar festejos taurinos y construir una plaza permanente de piedra, fuera del casco urbano, lo que además contribuyó al desarrollo de la ciudad.
Hoy mantenemos este edificio intacto, permitiendo que cualquier visitante, independientemente de sus sensibilidades, pueda disfrutar de su valor histórico, arquitectónico y cultural.
Para finalizar, mirando hacia el futuro, ¿cuál es el mayor reto para una institución histórica como la suya para seguir siendo relevante dentro del panorama cultural y festivo de Andalucía?
El principal reto es la perdurabilidad. Para ello es fundamental volver siempre a los orígenes, tener clara la vocación de la institución, entender por qué existe y qué le ha permitido mantenerse a lo largo del tiempo.
En la Real Maestranza revisamos constantemente nuestra visión estratégica y desarrollamos proyectos de innovación en la gestión del patrimonio. Trabajamos para que tanto el conjunto arquitectónico como los fondos documentales, archivos y bibliotecas se adapten a los retos actuales.
Digitalizamos, informatizamos y facilitamos el acceso al conocimiento, con el objetivo de que este legado esté a la altura de las exigencias tecnológicas del presente y del futuro.




