Lunes 24 de agosto de 2026
Salud

“La arteterapia ofrece un lenguaje cuando las palabras no alcanzan”

Nuria Carmona, directora del Centro de Psicología y Arteterapia Canuca

¿Cómo nació el Centro de Psicología y Arteterapia Canuca y qué te impulsó a crear este proyecto?

Canuca nació hace más de veinte años con una idea muy sencilla: crear un espacio donde las personas pudieran sentirse verdaderamente comprendidas.

Siempre he pensado que detrás de un síntoma hay una historia y que la psicología no debe limitarse a aliviar el malestar, sino ayudar a las personas a comprenderse mejor y descubrir los recursos que ya poseen para vivir con mayor equilibrio.

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Con el tiempo, Canuca se convirtió en un referente para niños, adolescentes, familias y adultos, y en el origen de una forma muy personal de entender el acompañamiento psicológico que hoy continúa evolucionando en proyectos como Simbia Clinic.

Canuca combina la psicología con la arteterapia. ¿Qué aporta esta disciplina al bienestar emocional y qué tipo de personas pueden beneficiarse de ella?

La arteterapia ofrece un lenguaje cuando las palabras no alcanzan.

Hay emociones, experiencias o conflictos que cuesta explicar, pero que pueden expresarse a través del dibujo, la pintura, el teatro o la fotografía.

No se trata de saber crear, sino de utilizar el proceso creativo como una vía para comprendernos mejor.

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Por eso puede beneficiar a personas de cualquier edad, especialmente en momentos de ansiedad, duelo, cambio o crecimiento personal.

Cada vez se habla más de salud mental. ¿Cómo ha cambiado la forma en que la sociedad entiende la importancia de cuidar el bienestar psicológico?

Creo que ha habido un antes y un después desde la pandemia. La COVID-19 hizo algo que pocas campañas habían conseguido: recordarnos que la vulnerabilidad forma parte de la condición humana.

También ayudó que deportistas, artistas y otras figuras públicas hablaran con naturalidad de acudir al psicólogo.

Eso contribuyó a romper muchos prejuicios y a entender que pedir ayuda no es una debilidad, sino una forma de cuidar de uno mismo.

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Ahora el reto es otro: dejar de entender la salud mental solo como respuesta al sufrimiento y apostar por la prevención y la educación emocional. Igual que aprendemos a cuidar nuestro cuerpo, también deberíamos aprender a cuidar nuestra mente antes de que el malestar termine enfermándonos.

Además de dirigir Canuca, también desarrollas tu labor como mentora empresarial. ¿Cómo influye la inteligencia emocional en el liderazgo y en la gestión de un negocio?

La inteligencia emocional no es un complemento del liderazgo, es una de sus bases. Toda empresa acaba pareciéndose, en mayor o menor medida, a quien la lidera.

Si un líder actúa desde el miedo, el control o la desconfianza, esa cultura termina impregnando al equipo. Si lidera desde la confianza, la coherencia y la escucha, sucede justo lo contrario.

Acompañando a empresarias he comprobado que el mayor límite de una empresa rara vez es la estrategia, suele ser el propio líder. Por eso estoy convencida de que el verdadero liderazgo comienza con el autoconocimiento. Las empresas crecen cuando quienes las lideran también están dispuestos a crecer.

Desde tu experiencia acompañando tanto a personas como a empresas, ¿cuáles son los bloqueos más habituales que frenan el crecimiento personal y profesional?

Curiosamente suelen ser los mismos: el miedo al cambio, la necesidad de control, la dificultad para tomar decisiones, la búsqueda constante de aprobación o la sensación de no ser suficiente.

Muchas veces necesitamos cambiar aquello que nos rodea: un trabajo que ya no nos representa, un entorno laboral tóxico o una forma de liderar que ha dejado de ser coherente con nuestros valores. Pero el verdadero punto de inflexión llega cuando también revisamos cómo interpretamos esas circunstancias. Ahí nacen decisiones más conscientes y, con ellas, cambios más sólidos y sostenibles.

Muchos emprendedores hablan de estrés, agotamiento o síndrome del impostor. ¿Qué herramientas pueden ayudarles a gestionar estas situaciones sin perder el equilibrio?

Creo que el estrés, el agotamiento o el síndrome del impostor rara vez son el verdadero problema; suelen ser la consecuencia de algo más profundo.

Muchas veces aparecen cuando vivimos intentando demostrar constantemente que somos suficientes o cuando confundimos nuestro valor con nuestros resultados.

Vivimos en una sociedad que nos ha enseñado a alcanzar objetivos, pero no siempre a escucharnos. Sabemos dirigir empresas, pero pocas veces nos enseñan a dirigirnos a nosotros mismos.

Por eso, más que buscar herramientas para soportar el estrés, creo que necesitamos comprender qué lo está generando. Cuando entendemos qué miedo o qué creencia hay detrás, cambian nuestras decisiones y cambia también la manera en la que vivimos nuestro trabajo y nuestra vida.

¿Qué aprendizajes te ha dejado tu trayectoria como psicóloga, arteterapeuta y mentora, y cómo han enriquecido tu forma de acompañar a los demás?

Si tuviera que resumir mi mayor aprendizaje, diría que las personas no necesitan que alguien les diga cómo vivir; necesitan un espacio donde sentirse escuchadas y comprenderse mejor.

Con los años he aprendido a mirar más allá del síntoma. Detrás de un conflicto o un bloqueo casi nunca hay una única causa. Nuestra historia, el cuerpo, las emociones, las relaciones y el contexto forman parte de un mismo sistema.

También he aprendido que quien acompaña no está para dar respuestas, sino para hacer las preguntas adecuadas y ayudar a que cada persona descubra sus propios recursos. Después de más de veinte años de profesión sigo convencida de algo: las personas tienen mucha más capacidad de transformación de la que ellas mismas imaginan cuando encuentran el espacio adecuado para comprenderse.

¿Qué proyectos tienes para los próximos meses y qué mensaje te gustaría trasladar a quienes buscan crecer tanto en el ámbito personal como en el profesional?

En los próximos meses haré realidad uno de los proyectos más ilusionantes de mi trayectoria: Simbia Clinic.

Nace de una convicción que he ido construyendo durante más de veinte años de profesión: las personas no somos un conjunto de órganos, sino un todo en el que cuerpo, mente, emociones y estilo de vida están profundamente conectados.

La medicina ha logrado avances extraordinarios, pero hoy sabemos que muchas enfermedades no pueden comprenderse plenamente si se analizan de forma aislada. El estrés de nuestras vidas, la mala gestión emocional, el poco descanso, la alimentación rápida o nuestras relaciones conflictivas, influyen en cómo enfermamos y en lo que tardamos en recuperarnos.

Simbia Clinic nace para responder a esa realidad ya que será un espacio donde médicos de distintas especialidades, psicólogos y otros profesionales trabajen de forma coordinada para dedicar a cada paciente algo que muchas veces echa de menos: tiempo para ser escuchado, una mirada integral y un tratamiento diseñado desde el origen de su problema, no solo desde sus síntomas.

Estoy convencida de que uno de los grandes retos de la sanidad en los próximos años será comprender mejor el impacto que el estrés crónico, el ritmo de vida y la escasa educación emocional tienen sobre nuestra salud. Sabemos mucho sobre cómo tratar la enfermedad, pero todavía tenemos un amplio margen para ayudar a las personas a prevenirla y a entender cómo viven influye en cómo enferman y en cómo se recuperan.

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