¿Por qué los veterinarios tenemos un IVA del 21% siendo sanitarios?
Es un hecho que el sector de la veterinaria está en plena expansión, sobre todo al referirse a los animales de compañía. Según los datos de AMVAC registrados el año pasado, en 2024 las clínicas veterinarias facturaron un 9.2% más que en 2023.
Es por eso que somos muchos los que nos embarcamos en la aventura del emprendimiento. "Voy a montar mi propia clínica veterinaria". Una de las decisiones más difíciles de mi vida, que me ha quitado hoy por hoy más horas de sueño que los dos hijos que tengo, y a la vez creo que una de las más acertadas.
Hoy en día, se puede emprender en Andalucía. El comienzo no es sencillo, pero se puede encontrar ayuda. Para una profana como yo, que venía de un trabajo por cuenta ajena, a tiempo parcial para poder cuidar de mis niños, mujer, madre y veterinaria por vocación, el inicio fue un CADE, centro andaluz de emprendimiento. Realmente dos (gracias Elena por tus magistrales consejos y tu infinita paciencia). Y después de asesorarme, levantar de la nada un plan empresarial, con los más básicos conocimientos de gestión, empezó a tomar forma el proyecto.
En cualquier proyecto empresarial, la carga de impuestos tiene que ser evaluada. Seguros sociales, IRPF, autónomos, impuestos varios y una pregunta: ¿Por qué los veterinarios tenemos un IVA del 21% siendo sanitarios? Pues porque nuestros servicios no están considerados como bien de primera necesidad ni están en el ámbito de la salud humana. Desde 2012 el IVA pasó de un tipo reducido al 8% a uno general al 21% en el caso concreto de los animales de compañía. Como consecuencia, los costes de mantener un animal en buenas condiciones higienicosanitarias se han visto encarecidos, como si habláramos de que llevar a tu perro al veterinario fuera un lujo. Un lujo al 21% de IVA. Y la salud no es un privilegio, es un derecho. También debería ser así para nuestras mascotas.
Dejando de calcular los impuestos que iba a pagar, algo más de un año después, dirijo una clínica veterinaria en Sevilla, con tres empleados, que funciona y crece acorde con las exigentes necesidades de nuestros pacientes.
Y es fácil entender por qué los animales se van haciendo un sitio entre nosotros. Son compañeros de muchos, ayudantes de otros y en su mayoría miembros activos de las familias. Y cada vez estamos más sensibilizados y la sociedad está más concienciada para procurarles buenos cuidados sanitarios, tanto para tratar sus enfermedades como para prevenirlas.
Una veterinaria hoy en día debe ser profesional, mantenerse actualizada y con una formación continuada real, debe ser sensible, empática y tener buen trato al público.
¿Será por esto que cada vez hay menos veterinarios? Porque es una realidad que en nuestro sector es difícil encontrar trabajadores, puede que por la alta demanda de las clínicas ya existentes, por los ajustados salarios de un convenio laboral con apenas cinco años de antigüedad, por el "batacazo vocacional" que te hace dedicarte a otros sectores y "colgar el fonendo" o por la presión social de ser sanitarios "pero no".
Siendo una profesión tan bonita como es la nuestra, tan esencial y tan sacrificada, debería tener un reconocimiento real.
Y, por si fuera poco, nos aprietan desde sanidad con leyes que restringen nuestra capacidad de prescribir, como el RD 666/2023 con el que nos amenazan con sanciones gigantes. Es por esto que ha surgido la Iniciativa Legislativa Popular (ILP) del medicamento veterinario, que promueve impulsar cambios normativos que nos dejen ejercer nuestra profesión de forma adecuada y ajustada a la realidad clínica y asistencial.
Porque desde la entrada en vigor del dichoso 666 los veterinarios debemos no solo justificar nuestras prescripciones de antibióticos sino documentarlas en un registro digital llamado PRESVET, que no hace más que entorpecer nuestro ejercicio profesional.
No podemos prescribir lo que sabemos que funciona, nos roban el criterio clínico, retrasan nuestros tratamientos a veces con un final fatal, nos atemorizan con castigarnos económicamente, y nos obligan a incrementar la factura de los tutores con cultivos/antibiogramas y precios desorbitados por tener que comprar lo que hay en la farmacia y no lo que realmente necesita mi paciente.
Será que los veterinarios somos los culpables de las resistencias antimicrobianas mundiales y arderemos en el infierno por ello, en lugar de ocupar como hasta ahora la primera línea en la prevención de zoonosis, seguridad alimentaria y cuidado de los animales con los que convivimos. Y es que el único enfoque posible es el One Health (una sola salud), que reconoce que la salud humana, la salud animal y la salud del medio ambiente están estrechamente relacionadas. Este concepto recibe su nombre alrededor de 2003, pero hace más de un siglo que ya se le hacía mención. Básicamente consiste en promover el bienestar animal y considerar el impacto ambiental de la actividad humana, para poder preservar la salud y los ecosistemas. Evalúa resistencias antimicrobianas, zoonosis, seguridad alimentaria y control de contaminación. El objetivo es que la salud pública, la medicina, la sanidad, la veterinaria y las ciencias ambientales trabajen junto con otras disciplinas de manera conjunta para defender una única salud.
Pero a pesar de las dificultades, hay que emprender. Hay que crecer. Y cada paciente que sale adelante, cada familia que confía en nosotros, hace que merezca la pena y me recuerda por qué elegí este camino. Somos profesionales al servicio de la sociedad y seguiremos en primera línea. Y sí, se puede emprender en el sector de la veterinaria, pero necesitamos mejores condiciones para poder crecer.