GTA Ingeniería desarrolla proyectos vinculados a la ingeniería, el medio ambiente y la economía circular. ¿Cómo surge este Área de Ingeniería Circular y Medio Ambiente y qué necesidades busca cubrir dentro del sector?
El origen de este área lo podemos situar en torno al año 2012, cuando GTA comenzó a trabajar de forma seria en materia de gestión de residuos. Al principio trabajábamos sobre todo en la parte de eliminación, pero muy pronto nos dimos cuenta de que ese no era nuestro sitio. No queríamos centrarnos en la eliminación, sino aportar valor. Para ello nos orientamos hacia operaciones como el reciclaje, la reutilización y la valorización.
Hoy seguimos desarrollando algunos proyectos de eliminación, porque los sistemas de gestión todavía los necesitan, pero nuestra mayor dedicación se centra en proyectos de valorización y reciclaje. Además, trabajamos en residuos, biogás, biometano y aguas residuales.
Con el agua residual ocurrió algo parecido. Dejamos de verla como un problema para entenderla como un recurso. Ese cambio de mentalidad nos llevó a integrar ambos ámbitos en una misma área para desarrollar proyectos que permitan valorizar recursos, recuperar nutrientes y medir los resultados de las soluciones de ingeniería.
En los últimos años, la economía circular se ha consolidado como una tendencia. Ustedes también ofrecéis servicios de consultoría en sistemas de gestión ¿Cómo ha evolucionado la demanda de este tipo de soluciones y qué cambios estáis observando desde GTA Ingeniería?
Sí se observan muchos cambios. La consultoría ambiental y, en particular, la economía circular, están muy presentes.
Aun así, todavía queda camino por recorrer. Todo el mundo habla de economía circular, pero muy pocos saben aplicarla realmente. Cuando llega el momento de revisar procesos para mejorar la sostenibilidad y también los resultados económicos es donde aparecen las dificultades.
La circularidad no tiene por qué suponer un coste, sino que puede convertirse en un ahorro o incluso en una fuente de ingresos, porque está ligada a la eficiencia. Las empresas han avanzado, pero todavía tienen que integrar de forma efectiva la economía circular en sus procesos. Ahí es donde todavía hay pocas personas capaces de llevar esos conceptos a la práctica.

Cada vez más empresas buscan reducir su impacto ambiental sin perder competitividad. Desde vuestra experiencia, ¿cuáles son los principales retos que se encuentran a la hora de implantar proyectos de economía circular y sostenibilidad?
Sí que hay retos por delante. Algunos son mentales y otros económicos, porque toda actividad empresarial busca rentabilidad. El gran reto es mejorar la sostenibilidad y reducir el impacto ambiental sin perder competitividad.
El primero es la inversión inicial. Implantar la economía circular exige cambiar procesos y realizar una inversión que, bien hecha, tiene un retorno económico, social y ambiental. Sin embargo, muchas empresas siguen mostrando resistencia a dar ese primer paso.
Otro reto es el marco normativo, que cambia con frecuencia y genera incertidumbre. En ese sentido, la nueva Ley de Gestión Ambiental de Andalucía busca simplificar esos procedimientos y facilitar la transición.
También es importante medir los resultados. Las empresas necesitan comprobar que la inversión genera beneficios concretos y cuantificables. Esa trazabilidad todavía tiene margen de desarrollo y es fundamental para generar confianza.
Andalucía se está consolidando como una de las regiones con mayor potencial para impulsar la economía circular y la valorización de residuos. Desde vuestra experiencia, ¿cree que las medidas y políticas actuales están facilitando realmente esta transición o todavía existen barreras que dificultan llevar estos proyectos a la práctica?
Andalucía tiene un campo de juego enorme. Es una región con un tejido agroindustrial y agrícola muy importante y una gran cantidad de recursos naturales. Todavía existen muchísimos flujos de energía, materiales y residuos que se pierden y que pueden valorizarse. Andalucía es muy rica en materia orgánica y su potencial de reutilización sigue estando muy por encima del actual.
Medidas hay que aplicarlas, aunque no es fácil. Somos muy pocas las empresas que sabemos trasladar ese concepto de economía circular a procesos reales de ingeniería e industria, porque requiere un trabajo muy especializado. Por eso contamos con un equipo multidisciplinar formado por ingenieros de distintas ramas, ambientólogos, biólogos y proyectistas.
Acompañamos a los clientes tanto en la ingeniería como en la tramitación ambiental para adaptar sus procesos y los resultados que estamos obteniendo son positivos. Es difícil, pero estamos en el sitio adecuado y hay mucho por hacer.
Recientemente, GTA Ingeniería ha firmado un convenio con URBANZ para integrar la reducción de la huella de carbono en sus proyectos residenciales. ¿Qué supone este acuerdo y cómo puede contribuir al impulso de la economía circular?
Este convenio es muy interesante y relativamente avanzado a su tiempo, porque llegará un momento en que todas las edificaciones tendrán que certificar y asegurar la trazabilidad de su huella de carbono y ambiental desde que fueron concebidas hasta que se ponen en servicio. En ese sentido, GTA y URBANZ nos hemos adelantado a esa exigencia.
Hemos creado un sistema de auditoría, al que llamamos “pasaporte de sostenibilidad” que analiza toda la huella que genera la edificación desde que se diseña hasta que se entrega el libro del edificio. Además, se implantan medidas para que esa huella pueda llegar incluso a huella cero.
Esto nos permite incorporar criterios de economía circular desde el diseño y la construcción, porque esas decisiones son más eficientes que las acciones correctoras posteriores. Toda esa información se mide y se recoge en un pasaporte de sostenibilidad que queremos trasladar incluso a la escritura del edificio para que conste una medición real y certificada de su huella.

Para finalizar, ¿cuáles son los principales objetivos de GTA Ingeniería de cara a los próximos años y qué papel espera desempeñar la ingeniería circular hacia un modelo más sostenible en Andalucía?
El futuro se antoja apasionante. GTA se estructura en tres áreas: medioambiente, donde trabajamos en tramitaciones ambientales, huella de carbono y huella hídrica; ingeniería ambiental, dedicada a la restauración de espacios degradados; e ingeniería circular, desde la que impulsamos este modelo.
Tenemos el foco puesto en el biogás y el biometano, donde ya estamos desarrollando numerosos proyectos para valorizar residuos orgánicos, generar energía renovable y aprovechar su potencial energético.
También queremos seguir avanzando en la gestión de residuos municipales, implantando líneas de proceso más modernas y eficientes que permitan acercarse a los objetivos europeos de reciclaje para 2035. Del mismo modo, impulsamos proyectos de gestión de aguas residuales para recuperar nutrientes y reducir el impacto ambiental.
Además, desde el año pasado contamos con la Cátedra de Economía Circular y Sostenibilidad de la Universidad de Huelva, donde desarrollamos investigación aplicada sobre retos como el aumento de residuos, la pérdida de biodiversidad o el aprovechamiento de los residuos orgánicos, con varios proyectos ya en marcha.




