Como cofundadora y directora de marketing de Grodi, ¿cómo describiría la propuesta de valor de la empresa dentro del sector agroalimentario actual?
Nuestra propuesta de valor se centra en dar respuesta a los grandes retos de la agricultura actual a través de un enfoque diferencial basado en dos pilares.
Por un lado, desarrollamos y adaptamos tecnología a invernaderos de tipo mediterráneo, que representan la gran mayoría a nivel mundial. Frente a modelos altamente tecnificados como los de países como Holanda, buscamos acercar soluciones avanzadas —como la robótica y la visión artificial— a explotaciones menos tecnificadas, facilitando su acceso a estos avances.
Por otro, apostamos por la integración en una única herramienta de gestión que permita al agricultor o técnico centralizar funciones clave, como el control de plagas y enfermedades o el seguimiento de la producción, facilitando así la toma de decisiones en el día a día.

Grodi apuesta por la robótica autónoma, la visión artificial y la inteligencia artificial. ¿Qué retos tecnológicos han enfrentado al adaptar estas soluciones a los entornos de invernadero?
Como en cualquier empresa tecnológica, uno de los principales retos ha sido el propio proceso de prueba y error hasta dar con soluciones realmente eficaces. En el caso de la agricultura, además, trabajamos en un entorno natural, lo que añade complejidad y variabilidad a la tecnología.
A ello se suma cierta reticencia inicial por parte de algunos agricultores, que en ocasiones han tenido experiencias previas con soluciones que no se adaptaban a sus necesidades reales. Esto hace que el proceso de adopción sea más exigente.
Por eso, más allá del desarrollo tecnológico, es clave trabajar de forma cercana con el agricultor, entender sus necesidades y ajustar las herramientas para que realmente aporten valor en su día a día.
El sector agrícola está en plena transformación digital. ¿Cómo percibe la adopción de estas tecnologías por parte de los productores y qué barreras aún existen?
La adopción tecnológica en el sector agrario es desigual y depende en gran medida del tipo de tecnología y del ámbito concreto del que estemos hablando. Aunque la digitalización es una tendencia general, no todas las soluciones se incorporan al mismo ritmo.
En zonas como el campo almeriense, donde el modelo de invernadero está muy extendido, existe una mayor apertura, pero la incorporación de tecnologías más específicas suele requerir más tiempo. Aun así, la experiencia nos ha sorprendido positivamente, ya que muchos agricultores, independientemente de su perfil o familiaridad con la tecnología, identifican rápidamente la utilidad de estas herramientas.
Las principales barreras siguen siendo el proceso de adaptación y la necesidad de demostrar un valor real. Por eso, es fundamental trabajar de forma cercana con el agricultor y desarrollar soluciones que respondan a necesidades concretas, facilitando así su integración en el día a día.

Tras haber sido reconocidos en los Premios Ingenia Startup, ¿qué impacto han tenido estos reconocimientos en la visibilidad y crecimiento de la empresa?
Sí, de la Federación de la Industria Alimentaria, en Ingenia Startup. La verdad es que nos lo otorgaron y estamos muy contentos.
Fue un reconocimiento compartido con otro proyecto, pero nos hizo mucha ilusión, ya que dentro de las soluciones tecnológicas para la industria agroalimentaria, en nuestro caso nos sitúa en el origen de la cadena, en el primer eslabón, lo que supone un impulso importante en visibilidad y posicionamiento.
Cuando hablamos de robótica aplicada a invernaderos, ¿qué tipo de soluciones estáis desarrollando exactamente y qué papel desempeñan dentro del trabajo diario del agricultor?
Nuestra mentalidad es que esta tecnología sea una herramienta de apoyo. Es decir, no busca sustituir al agricultor, al operario, al técnico agrónomo o al responsable de cooperativa, sino acompañarlos en su trabajo diario.
Estas soluciones están pensadas para facilitar tareas, eliminar procesos más repetitivos y liberar tiempo y energía para que los profesionales puedan centrarse en la toma de decisiones más estratégicas y en la mejora de la gestión global de la explotación.

¿Planean escalar la producción y llegar a nuevos mercados?
Sí, actualmente nuestro foco está en el crecimiento a nivel nacional, ya que operamos principalmente en Almería y Granada, y queremos consolidar nuestra presencia en Andalucía y en el conjunto de España.
A partir de ahí, la idea es seguir ampliando horizontes y, de cara al próximo año, comenzar la implantación en otros países europeos con modelos productivos similares a los nuestros.
Finalmente, ¿cuáles son los principales objetivos de Grodi a corto y medio plazo en términos de innovación, expansión y contribución al desarrollo sostenible del sector agrícola?
Nuestros objetivos a corto y medio plazo pasan, en primer lugar, por reforzar el crecimiento del equipo tras la reciente ronda de inversión, incorporando perfiles técnicos y comerciales que nos permitan seguir mejorando nuestras soluciones y su aplicación en campo.
Por otro lado, continuamos desarrollando nuestra línea tecnológica, ya no solo con nuestro producto principal, VEGA 11, sino ampliando hacia nuevas soluciones para agricultura en invernadero y también exterior, incorporando herramientas como drones o imágenes satelitales, así como aplicaciones específicas para semilleros y casas de semillas.
En definitiva, nuestro objetivo es seguir creciendo como empresa, ampliando nuestra presencia tanto a nivel geográfico como sectorial dentro de toda la cadena agroalimentaria.




