Martes 4 de agosto de 2026
Medioambiente

“No podemos pretender cambiar de la noche a la mañana un sector tan diverso como el transporte”

Juan Antonio Auñón, profesor titular de la UMA

Su trayectoria investigadora está principalmente centrada en los motores térmicos ¿Cómo surge esta línea de investigación y qué necesidad detectó para orientar su trabajo hacia este ámbito?

Desde el primer momento, hace ya bastantes años, vimos que los motores térmicos eran una máquina muy necesaria, pero que tenía que evolucionar, sobre todo para contaminar menos, disminuir las emisiones y mejorar su eficiencia.

En ese sentido, hemos investigado nuevos combustibles y la aplicación de determinadas sustancias para reducir esas emisiones y mejorar los motores. Y en esa misma línea seguimos después de muchos años, viendo que ese cambio sigue vigente. Aunque muchos los dan por muertos, ni muchísimo menos podemos prescindir de ellos.

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Andalucía está reforzando su apuesta por las energías renovables y el hidrógeno verde como pilares de la transición energética. Desde la Universidad de Málaga, ¿qué oportunidades ofrece este contexto para la investigación y el desarrollo tecnológico?

Las líneas de investigación son múltiples. Hay muchos grupos trabajando tanto en hidrógeno como en el cambio energético hacia las energías renovables.

Todos tenemos claro, o debemos tener claro, que el futuro es multienergético. No todo puede ser energía renovable; hace falta una energía de respaldo. En la movilidad no vamos a ir al 100 % hacia el vehículo eléctrico, porque hay sectores donde es muy difícil, y ahí el hidrógeno tiene mucho que decir.

Andalucía está bien posicionada porque las líneas de investigación y las inversiones de las empresas están impulsando proyectos muy interesantes, tanto en hidrógeno como en movilidad eléctrica. Sin embargo, seguimos supeditados a unos vaivenes normativos que no dejan ver con claridad hacia dónde vamos.

La universidad trabaja en vehículos eléctricos, en la optimización de motores y en sistemas de recarga, mientras que también se investiga en nuevos combustibles, los denominados combustibles sintéticos, por los que Europa está apostando con fuerza. Estamos en 2026 y no sabemos qué va a pasar en 2030, y recientemente se aprobó una primera moratoria sobre la normativa europea de vehículos.

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La descarbonización del transporte es uno de los grandes retos actuales. ¿Qué papel cree que seguirán desempeñando los motores térmicos y cómo convivirán con tecnologías como el hidrógeno o la electrificación en los próximos años?

Yo creo que es el gran reto ahora mismo. Evidentemente, el calentamiento global ya no lo niega nadie, pero no podemos pretender cambiar de la noche a la mañana un sector tan diversificado, que va desde una pequeña moto hasta un gran camión. Hay que impulsar medidas que sean realmente eficientes y no hacer anuncios.

Recuerdo que hace años se anunció que en 2040 no circularían por Europa vehículos de combustión. Con unos cálculos muy rápidos era materialmente imposible. Ese tipo de anuncios muchas veces desmotivan al usuario, que hoy, cuando va a comprarse un vehículo, se pregunta: ¿eléctrico, híbrido, híbrido enchufable, gasolina o diésel? Esa duda la veo todos los días y, en muchos casos, no sabemos hacia dónde vamos porque no existe una línea clara definida por Europa y aplicada después por cada país.

Portugal, por ejemplo, nos ha adelantado en la implantación del vehículo eléctrico porque sus medidas de apoyo han sido mucho más eficientes que las de España, teniendo la misma normativa europea. Si allí funciona, deberíamos fijarnos en esas medidas.

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La colaboración entre universidad, empresas e instituciones resulta cada vez más importante para trasladar la investigación al mercado. ¿Qué importancia tiene esta cooperación para acelerar la innovación en el ámbito energético?

Personalmente soy un absoluto convencido de que no es que sea conveniente colaborar con la empresa, es que es imprescindible. Siempre digo que nosotros fabricamos ingenieros y la empresa nos compra ese producto. Por tanto, tenemos que formar a los profesionales que la empresa necesita, lógicamente con los condicionantes propios de la universidad.

Para conseguirlo, tenemos que colaborar con las empresas, trabajar con ellas y desarrollar proyectos conjuntos. En el pasado ha habido iniciativas impulsadas por la Junta de Andalucía y por el Gobierno central que han dado muy buenos frutos, con desarrollo de patentes y de nuevos productos. A veces hace falta un pequeño impulso por parte de las administraciones y de las empresas, pero por suerte cada vez esa colaboración va creciendo.

Como profesor universitario, ¿percibe una mayor concienciación entre los estudiantes sobre el cambio climático y la transición energética, o considera que aún queda camino por recorrer?

En algunos aspectos sí, pero creo que a veces la concienciación existe en unos temas y en otros no. Por ejemplo, casi ninguno somos conscientes de las emisiones de CO2 que genera todo el ámbito informático: los centros de datos, los procesos en la nube o incluso un simple correo electrónico.

Tenemos muy claro que un coche emite CO2 y contamina, pero el uso indiscriminado de sistemas electrónicos también tiene un impacto importante. La concienciación suele centrarse en lo más evidente, como el transporte o las fábricas.

Yo pongo muchas veces el ejemplo de una central térmica. En los reportajes suelen enfocar la torre de refrigeración porque se ve un gran humo blanco, cuando en realidad es vapor de agua. La contaminación sale por otra chimenea mucho más pequeña que apenas se aprecia. A veces pensamos que lo más visible es lo más grave, y no siempre es así.

Para finalizar, ¿cuáles son los principales retos de la investigación en sostenibilidad energética para los próximos años y qué papel espera que siga desempeñando la Universidad de Málaga en este ámbito?

Nuestra línea de investigación sigue centrada en los motores térmicos y, cada vez más, en la generación de energía. En España ha habido un antes y un después tras el apagón, porque nos dimos cuenta de hasta qué punto dependemos de la electricidad. Eso demuestra la necesidad de sistemas energéticos combinados, con un mayor peso de las renovables, pero que garanticen el suministro.

En nuestro grupo desarrollamos proyectos para analizar, mediante simulación, la situación energética de distintos países europeos. Además, en la Escuela de Ingeniería Industrial hay una gran diversificación de líneas de investigación, con trabajos en robótica, climatización de edificios y otras tecnologías relacionadas con la transición energética.

En mi opinión, la universidad tiene que investigar lo que demanda la sociedad. Si ahora necesitamos soluciones frente al cambio climático, debemos trabajar en esa dirección y pensar a largo plazo. Muchas previsiones científicas que hace años parecían exageradas ya se están cumpliendo antes de lo previsto, por lo que debemos escuchar a la comunidad científica y adoptar medidas estables y realistas.

Necesitamos políticas con plazos claros e incentivos eficaces. Si queremos impulsar tecnologías como el vehículo eléctrico, las medidas tienen que facilitar realmente su implantación. No basta con fijar objetivos para 2050 si después las actuaciones no permiten alcanzarlos.

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