Manuel Parejo: “La economía mundial, generalizando, podría empezar a mejorar a lo largo del próximo año”
“En una situación como la actual, creo que lo más acertado sería bajar impuestos para intentar atraer inversión, recaudar más, generar empleo y permitir que el ciudadano pueda disponer de mayor renta para gastarla como considere”
El gobierno no para de decirnos que la situación económica está mucho mejor y que hay indicadores, como el del paro, que están mejorando mes a mes. En las últimas semanas incluso se afirmaba que los precios están empezando a bajar y la situación está empezando a controlarse. ¿Cómo ve la situación económica actual en España?
En estos momentos la situación económica está sumida en una incertidumbre total. Con los indicadores actuales y las perspectivas a C/P que ofrecen entidades como el Banco de España, la OCDE o Funcas, parece demasiado atrevido manifestar que la economía española va bien y que mejorará en los próximos meses.
Los precios no están bajando, sino que están moderando su ritmo de crecimiento. Aun estando en fase de moderación, el dato sigue siendo muy alto. Según el indicador del IPC de noviembre, en el último año los precios han crecido un 6,8%. Es cierto que la inflación en España ha caído por debajo de la europea, pero de detrás de esto encontramos una serie de actuaciones artificiales puestas en marcha por el ejecutivo y que es- tamos pagando los ciudadanos. Me refiero a cuestiones como la “excepción ibérica” que, además de doblar los importes de las facturas eléctricas de los ciudadanos, ha sido utilizada por Francia para adquirir gas subvencionado.
Por otro lado el nivel de paro, a pesar de estar desvirtuado mediante el artificio de los trabajadores fijos discontinuos, se sitúa en torno al 12,5%, es el más alto de toda la UE.
En este contexto el nivel de deuda pública se sitúa ya en el 116% del PIB, lo cual no ha servido ni tan siquiera para alcanzar un nivel de crecimiento del PIB aceptable. Las previsiones iniciales del gobierno para 2023 del 2,1%, han sido revisadas a la baja por la práctica totalidad de las institucioneseconómicas de prestigio, que la sitúan en el entorno del 1%.
En el tercer trimestre de 2022 el crecimiento del PIB fue solo de un +0,2% y para el cuarto, según el Banco de España (BdE), se espera que se sitúe en el entorno del -0,3%. El binomio de inflación y crecimiento económico bajo o negativo, genera uno de los peores escenarios económicos posibles, conocido como “estanflación”. La AIREF ya alertó hace algunas semanas de que la recesión técnica actual podría llevarnos a esta situación.
Esta situación que usted vaticina, ¿prevé que se alargue en el tiempo? Siempre hablamos de ciclos económicos y no todos tienen la misma durabilidad. En este caso, ¿se dilatará mucho en el tiempo?
Entiendo que la economía mundial, generalizando, podría empezar a mejorar a lo largo del próximo año. Ya hay países que han recuperado los niveles de crecimiento del PIB prepandémicos.
Sin embargo, en el caso de España es posible que nos demoremos más. No parece probable que recuperemos los niveles de crecimiento prepandémicos hasta 2024. El incremento del nivel de endeudamiento y del gasto público improductivo al que estamos asistiendo (bonos de trasporte gratuitos, apoyo a alquileres a jóvenes, bonos culturales, destinado solo a jóvenes que vayan a votar por primera vez, etc.), son medidas que contribuyen poco a controlar la inflación y no ayudan a dinamizar el crecimiento.
Cada economista y especialista tiene una teoría o forma de proceder. En su caso, ¿cree que se debería recurrir a una economía más proteccionista del Estado? ¿Más subida de impuestos o bajada de los mismos?
Nunca he creído en las economías 100% liberales. Por supuesto que el estado debe estar presente para corregir ciertas imperfecciones que se dan en los mercados y asistir a los más desprotegidos; aspectos como la sanidad, la educación y las cuestiones sociales deben estar siempre garantizados. Pero una cosa es eso y otra muy distinta intentar combatir la inflación y los bajos niveles de crecimiento subiendo impuestos. El exceso de recaudación que se ha producido a cuenta de la inflación debería servir para bajar impuestos, reduciendo a la vez el gasto público improductivo. El gasto público incontrolado solo contribuye a generar mayor inflación, como podemos ver con el dato de la subyacente.
En una situación como la actual, creo que lo más acertado sería bajar impuestos para intentar atraer inversión, recaudar más, generar empleo y permitir que el ciudadano pueda disponer de mayor renta para gastarla como considere.
Hace semanas se presentaron los presupuestos generales del Estado y los de la CCAA de Andalucía. ¿Qué valoración puede hacerme de los mismos? ¿Son unos presupuestos que vienen a seguir fomentando esa economía expansiva de la que se habla?
Es cierto que ambos casos estamos hablando de presupuestos con una cifra de gasto récord, orientados a impulsar los aspectos sociales y con niveles de inversión destacables, sobre todo en Andalucía que se ha incrementado respecto al año pasado más de un 85%. Pero si se profundizamos en el aná- lisis, encontramos dos cuestiones que merece la pena destacar. En primer lugar están los cuadros macroeconómicos. Un cuadro macroeconómico está constituido por el conjunto de expectativas -crecimiento del PIB, deuda, paro, nivel de gasto, etc.,- sobre el que se elaboran las cuentas. Los ingresos de los PGE de 2023 se han basado en unas expectativas de crecimiento del gobierno central que ascienden al 2,1%; la mayor parte de las instituciones económicas de referencia, como dije, sitúan el crecimiento en el entorno del 1%. Además, la AIREF ha planteado de manera expresa serias dudas acerca de estas previsiones. Pero en materia de gastos ocurre algo similar. El presupuesto contempla una bajada del montante destinado a prestaciones por desempleo, basada en la expectativa de que el nivel de paro se situará en 2023 en el 12%, cuando las previsiones del BdE lo sitúan en el 12,5%. Se contempla también un tímido aumento de los intereses de la deuda del 3%, basado en la expectativa de que la ratio de deuda sobre el PIB se reducirá desde el 116% actual hasta el 112,4% del PIB. Parecen ciertamente unas previsiones demasiado optimistas e inconsistentes.
Pero además, todavía tendremos que conocer con detalle el coste económico que supondrá las dádivas del gobierno a sus socios de pacto, ERC y Bildu.
Este tipo de cuestiones hacen pensar que de los presupuestos están basados en planteamientos fútiles e inconsistentes
Otro de los temas de actualidad lo ocupa la crisis energética y especialmente la del coste de la electricidad, situación tremendamente delicada que afecta a la economía doméstica y a las empresas y autónomos. ¿Cree que se han adoptado las medidas más acertadas, desde España y desde Europa para afrontar esta situación? ¿Qué otras medidas se podrán haber adoptado?
Parece obvio, a la vista de los precios eléctricos máximos que alcanzamos en marzo y los que aun mantenemos, que los gobiernos en general no han estado muy acertados en la estrategia desarrollada en materia energética. La UE debería haber sacado en claro, tras lo que estamos viviendo, que un sistema de fijación de precios marginalista no funciona de manera eficiente con productos con demanda inelástica, como es el caso de la electricidad. Por otro lado, en España podríamos habernos planteado eliminar de la factura eléctrica una parte relevante de los impuestos y costes regulados y por supuesto haber retomado el debate de las nucleares. Pensar que un país o una región puede funcionar exclusivamente con energías renovables -sol y viento- sin tener en cuenta energías de respaldo como el gas, las nucleares, el carbón o la hidráulica, no tiene ningún sentido.
Precisamente estos costes eléctricos tan elevados están generando para la industria una situación muy complicada y que dificulta enormemente el mantenimiento de su actividad normal. Me gustaría conocer su opinión, como directivo de una fundación que desarrolla su actividad en un sector industrial como el cementero ¿Cuál es la situación real en el que se encuentra la industria?
El pasado 17 de octubre, Financial Times publicó un artículo titulado ¿Hundirá la crisis energética a la industria europea?, que me llamó poderosamente la atención. Estaba firmado, entre otros, por la editora de la sección “International Business” Peggy Hollinger y alertaba el riesgo que corría la industria a cuenta de la crisis energética. La industria en general se encuentra en una situación muy complicada. Hemos visto casos de plantas de producción que, en determinados momentos, tuvieron que parar su producción, por no poder tan siquiera cubrir costes.
En esta línea, la Alianza por la Competitividad de la Industria Española, organización que representa a las 9 patronales industriales más importantes del país, viene solicitando al gobierno medidas para dotar de mayor competencia a la industria, tal y como la urgente celebración de subastas de energías inframarginales, soluciones para la cogeneración, reactivación del mecanismo de interrumpibilidad y compensación de costesindirectos de CO2, entre otras cuestiones. Sería interesante que el gobierno mostrara más sensibilidad hacia estas reivindicaciones, que solo pretenden garantizar el futuro de la industria española.
Y la industria cementera, centrándonos en algo más particular, ¿En qué situación económica se encuentra en estos momentos?
El sector de fabricación de cemento se encuentra sumido, al igual que ocurre con el resto de la industria y de la economía en general, en una gran incertidumbre. 2021 fue un año bastante bueno; el consumo en Andalucía creció un 15,3% y en España un 11%. Sin embargo, en 2022 está previsto que en Andalucía el consumo se retraiga un 4,5% y se quede a cero en España.
El año 2023, según las previsiones que manejamos en el sector, tampoco parece que vaya a ser muy bueno, pues esperamos una caída en el consumo en torno al 4,5 %. Aunque cabe indicar que la cifra final dependerá de muchos factores, como la gestión que del gobierno con la economía, la puesta en marcha efectiva de los fondos Next Generation y el nivel real de ejecución del presupuesto de inversión.
Y además de las cuestiones económicas, ¿qué otros temas ocupan y preocupan a la industria cementera andaluza?
El pasado 12 de diciembre tuvimos ocasión de presentar en Sevilla la Memoria de Sostenibilidad del Sector Cementero Andaluz, elaborada por FLACEMA, que es una fundación bipartita, integrada por las compañías fabricantes de cemento y clínker y por las organizaciones sindicales más representativas del sector. En esta presentación pusimos de manifiesto la preocupación y los esfuerzos que desarrolla el sector por cuestiones tales como la descarbonización de la economía; la economía circular, propiciando tanto la valorización material como la energética; el empleo de calidad y la seguridad y salud tanto de los trabajadores de nuestras fábricas, como de los vecinos que viven en los entornos de las mismas.
¿Queda mucho recorrido para esta industria?
La industria cementera es una industria centenaria en Andalucía. A pesar del redimensionamiento que la misma está experimentando para adaptar su capacidad de producción al consumo real de mercado, no tengo dudas de que esta industria tiene vocación de permanecer en el tiempo en nuestra región, seguir invirtiendo y generando valor y empleo de calidad.
A modo de conclusión de esta entrevista en la que hemos hablado sobre distintos temas de actualidad económica, me gustaría que compartiera con nosotros, siempre bajo su punto de vista, tres medidas que serían necesarias para que la economía de Andalucía siguiera este recorrido ascendente.
Creo que el gobierno andaluz, en los últimos años, está desarrollando un papel positivo en favor de la economía de Andalucía. En mi opinión creo que hay tres pilares fundamentales en los que debe basarse una acción de gobierno para que resulte exitosa, sobre todo en una situación como la actual, en la que los indicadores económicos del país no son los mejores. Las dos primeras cuestiones están en el ámbito “macro” y la tercera en el “micro”.
1.- En primer lugar es importante seguir apostando por bajadas de impuestos, para recaudar más y acompañarlas de procesos de optimización del gasto. De esta manera nunca se pondrá en riesgo ni el gasto productivo ni el de las políticas sociales.
2.- Hay que orientar la política económica al empleo, lo cual es sinónimo de crear un contexto favorable para la empresa, para la inversión y para la generación de actividad. Dentro de la actividad empresarial, por supuesto, podría el énfasis en el sector industrial, que es el que crea empleo de mayor calidad.
3.- Finalmente, ya en ámbito de la micro, que es sin duda el más complejo, es necesario impregnar a toda la administración, desde el presidente hasta el último funcionario, de las estrategias económicas, empresariales y sociales que impulse el gobierno. De nada sirve un planteamiento político para atraer inversión empresarial, agilizar procesos y generar empleo, si cuando una licencia llega al último escalón y recala en la mesa del funcionario, se demora varios años. Estoy seguro de que todos los procesos de simplificación acometidos por la Junta de Andalucía, coordinados desde la consejería de Presidencia, irán contribuyendo día a día a conseguir una administración más ágil y eficiente.