Jueves 6 de agosto de 2026
Directivos

No hay nada nuevo bajo la Inflación

El dicho tan popular como que no hay nada nuevo bajo el Sol, como bien saben, es una realidad. Y que el ser humano es el único animal que tropieza con la misma rama, tres cuarto de lo mismo.

Llevamos arrastrando casi un año y medio o mas la subida de la inflación, que inicialmente, como es conocido, nace de la pandemia, al aumentar la demanda; la crisis de suministros; para seguir alimentándose con la crisis energética, que no es nueva de este año; para rematarse con el inicio de la guerra de Ucrania. En fin, una causa tras otra... qué será lo que nos deparará el 2023...

Pues como decía, la inflación es un fenómeno que no es nuevo, y ha habido muchas a lo largo de la Historia. Ahora bien, ¿influye en el devenir de la Historia? Un ejemplo es la hiperinflación alemana tras la Gran Guerra, que desemboca en la Segunda Guerra Mundial.

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Pero ¿y si vamos más atrás en el tiempo? Cogemos nuestra máquina del tiempo que nos llevará a la Antigua Roma.

La riqueza de Roma se fundamentaba en cuatro pilares: era una sociedad esclavista, mano de obra barata; las conquistas, que lle- naban de botín las arcas públicas; su comercio, de ahí sus buenas calzadas para fomentar el tráfico entre las ciudades; y su carácter urbano.

Año 33, primer rescate de la Historia. El efectivo había desaparecido, al haber una gran demanda y poca oferta de metálico, lo que provocó que se acaparara los denarios, la principal moneda en circulación. con un 95% de plata en su aleación, y los aúreos, ídem de aleación, pero de oro. El emperador Tiberio tuvo que intervenir, en plan BCE, entregando 25.000 denarios a fondo perdido (un fortunón en aquella época), para reactivar el tráfico metálico y transmitir confianza en el sistema. El primer susto financiero en sus 733 años de existencia.

El Imperio sigue creciendo hasta ser el más grande de su época. Un Imperio tan grande supone muchos gastos militares, para guardar las fronteras; burocráticos, al incrementarse la masa de funcionarios; sociales, para ser visto con buenos ojos del pueblo, panis et circus; etc.

Con la llegada del emperador Caracalla, en el año 211, ya había entrado el Imperio en una espiral inflacionista. ¿Qué hacer? ¿Lo correcto? Contener el gasto público que año a año se iba incrementando mientras la recaudación no subía para sustentarlo, o ¿lo “políticamente correcto”? Incrementar el gasto público, subiendo a los funcionarios, perdón, legionarios, en un 50% su salario (imagínense que le suban a uno el sueldo de golpe un 50%, a ver quien va a decir que no y qué Estado lo puede soportar); gastarse un pastizal en unos nuevos baños públicos, para así contentar a la población oriunda de Roma capital; comprar la paz con las tribus alamanes, con las que Roma llevaba en guerra decenios; y claro...a más gasto, es necesario más tributos, más tributos, más recaudadores...perdón, funcionarios.

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- Prefecto, en la cartera no tengo ni un duro, ¿qué voy a hacer ahora Bolanux?

- Extiende la ciudadanía romana a todos los hombres libres del Imperio y así incrementarás el número de contribuyentes.

- ¡Ostras! Pues no había caído -Yaves

Así que en el año 212, Caracalla promulga la Constitutio Antonina o Edicto de Caracalla, por el cual todo hombre libre era automáticamente ciudadano romano, y por tanto, contribuyente. La ciudadanía romana no se regalaba, te lo tenías que currar. Ser ciudadano romano suponía ser un ciudadano de primera...y contribuyente; luego venía los provinciales, hombres libres no ciudadanos...y no contribuyentes pero que pagaban impuestos indirectos, tasas sobre productos, el iva de la época; y luego, les seguía una gran masa de esclavos y pueblos sometidos, los dediticii.

La idea, equiparar la ciudadanía de primera clase al mundo mundial, pues, oye, al primer golpe, era una buena idea. Ahora bien, hay que tener en cuenta que en la sociedad romana había una minoría de ricos y una amplia mayoría de rentas bajas, por lo que provocó que fueran aún más pobres, ya que tributaban el doble.

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- Compadre, antes recibíamos pan y circo, y ahora solo impuestos, impuestos, impuestos....

- ¡Con Vespasiano vivíamos mejor!

En definitiva, aumento la presión fiscal para recaudar más ya que no paro de gastar... clavao ahora. Pues claro, llega un momento que la fuente se va secando, entonces se me ocurre otra idea...voy aumentar el metálico en circulación...el denario tiene un 95% de plata en su aleación, ¿no?...¡eso es mucho! Vamos a bajarla al 50%.

Al perder la moneda su valor, los precios se incrementaron, y empezó la escalada inflacionista, que llegó en el siglo III de nuestra era al 1000 %.

Y aquí entra en juego los funcionarios mosqueados con loriga segmentata, los legionarios, que de bajar mi salario ni lo sueñes chaval, por lo que cada Legión elegía a su emperador, una vez que Caracalla desapareció.

Siguieron 50 años de inestabilidad, con un sinfín de emperadores, que duraban en el cargo ni un telediario.

Con la llegada de la anarquía militar (250-300 d.C), consecuencias:

1o. Destrucción de las ciudades, la gente se muda al campo para estar más segura.

2o. No hay ciudades, no hay comercio.

3o. Ya no hay conquistas, porque están en permanente guerra civil.

4o. Los esclavos, donde se asentaba la mano de obra, escaseaba al no haber guerras de conquistas, por lo que la energía de la época se encareció una barbaridad.

Se pasa pues de una economía mercantilista a uno de mercado negro, donde el trueque es la forma de comerciar, ya que la moneda no valía ni un céntimo.

Diocleciano, a finales de siglo III, se impone a otros coleguillas imperatores y se proclama Imperator tutis orbis. Dijo...esto no puede ser, y divide el Imperio en una tetrarquía, una cogobernanza, palabra tan de moda actualmente. Y aunque le dio una estabilidad al Imperio que hizo que durase 176 años más en Occidente y 1153 años en Oriente, ayudó en mucho a la inflación, al fijar los precios de los productos, que, bajo pena de muerte, no podían ser cambiados a lo marcado por el Estado. Consecuencia: el comercio se paralizó, el mercado negro prosperó, las ciudades se despoblaron, la economía se hundió más, y de la recaudación ni hablamos.

Así fue como el mayor Imperio de su época, que tardó en forjarse más de 900 años, desapareció en menos de 200 años.

“Sólo se puede destruir a una gran nación cuando ella misma se ha destruido interiormente.” – Cicerón

No sabes que razón tienes Cicerón.

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