La sequía amenaza nuestro modelo productivo
Andalucía se seca. Tras un verano donde el cielo no ha regalo ni una gota, la situación roza lo dramático. Con las esperanzas pues tas en el otoño, la falta de agua se constituye como un problema que va incluso más allá de lo que el razonamiento simple nos indica.
Ya lo dijo hace días el propio presidente de la Junta, “si en otoño no llueve, tenemos un serio problema”. Asimismo, recordó que, de no darse un clima húmedo, habrá que parar parte del sector productivo, lo que incluye el industrial y el agrícola, parte fundamental de la economía de la comunidad, con la consiguiente merma de empleos.
Sin embargo, no es esta la única comunidad autónoma que padece las consecuencias de la falta de agua, toda España se sitúa bajo un clima seco con pantanos, embalses y pozos secos. Muchos expertos hablan de que este será el verano más frío de lo que nos queda de vida. Y no ha sido frío precisa mente. ¿No estamos, entonces, ante un problema de Estado? Cierto es que nuestra dependencia de sectores como el agro alimentario o el turístico nos sitúan aún más en una posición delicada. Necesitamos agua. Pero no es menos cierto que el país entero se enfrenta a un problema de magnitudes que no podemos imaginar. Una emergencia nacional.
Llevamos años asistiendo a charlas, foros y congresos acerca de nuevos sistemas de regadío, de rentabilización del agua, de economía circular y de la aplicación de las últimas tecnologías en estos temas que nos ocupan. Sin embargo, y después de estar más informados que nunca, nos dirigimos a un abismo sin soluciones en el presente, eso sí, tenemos todos un máster en lo que a agua se refiere.
Hemos puesto nuestros esfuerzos e intensidad en muchos problemas, es justo reconocer que los últimos años han sido más que delicados, pero la naturaleza vuelve a demostrar su superioridad y nosotros no estamos preparados. Con la ayuda y recursos de la Unión Europea y la tecnología y talento que tenemos en España, el Gobierno del Estado debe orquestar un plan hídrico serio, profundo y rotundo. No se puede dejar a las comunidades desamparadas, sin una batuta que establezca un criterio único, aunque adaptado a las distintas realidades y necesidades. Hace falta un plan, y dinero. Sí, dinero. Pero bien empleado, bien ejecutado. Sin agua no hay vida, no hay empleo, no hay crecimiento. Y nos quedamos sin tiempo.
Montserrat Hernández
Directora de Tribuna de Andalucía