La logística en la nueva ecuación de la competitividad
La posición geográfica ya no basta. La ventaja se construye conectando infraestructuras, industria, tecnología, talento y sostenibilidad para crear cadenas de valor más productivas y resilientes.
Durante décadas hemos pensado la competitividad a partir de empresas, sectores e infraestructuras. Hoy necesitamos añadir otra dimensión: la calidad de las conexiones.
Una fábrica puede perder competitividad si recibe tarde un componente; una empresa, si no llega eficientemente a sus mercados; un territorio, si no convierte sus activos en actividad económica de mayor valor.
La logística siempre ha sido la arquitectura que conecta producción, mercados y territorios. El reto no es descubrir ahora su importancia, sino reconocerla como una capacidad estratégica e incorporar a sus actores a las grandes conversaciones sobre competitividad, política industrial, energía e infraestructuras. En un contexto de mayor incertidumbre geopolítica, tensiones comerciales y volatilidad de los combustibles, la gestión de la cadena de suministro condiciona directamente la productividad, la resiliencia y la capacidad de competir.
De infraestructura física a capacidad sistémica
España parte de una posición singular entre Europa, África, el Atlántico y el Mediterráneo. Pero la geografía solo proporciona posición; es la calidad del ecosistema la que la convierte en ventaja. La cuestión no es cuántas infraestructuras acumulamos, sino cómo las conectamos con industria, proveedores, puertos, tecnología, talento y conocimiento.
La gestión de la cadena de suministro hace visible esa lógica.
Ninguna empresa compite sola. Depende de una red de actores y de cómo esa red comparte información, coordina decisiones y responde ante una disrupción.
También explica por qué la intermodalidad es mucho más que una cuestión de transporte.
Mejorar la conexión entre carretera, ferrocarril y puertos es una decisión sobre costes, resiliencia, sostenibilidad y acceso a mercados.
Digitalizar significa conectar datos
La entrada en vigor del Documento Electrónico de Control Administrativo, el DeCA, ofrece una buena fotografía del momento que atraviesa el transporte en España. Mientras convivimos con almacenes robotizados e inteligencia artificial aplicada a rutas, una parte de la operativa continúa trabajando con procesos poco interoperables. En el ámbito internacional, el eCMR digitaliza la carta de porte por carretera y, a escala europea, eFTI establece el marco para intercambiar información electrónica de transporte. El verdadero problema no es el papel, sino la discontinuidad y la falta de estandarización del dato.
Digitalizar no consiste en convertir un albarán en un PDF. Consiste en conseguir trazabilidad, interoperabilidad y capacidad para decidir sobre una cadena completa. En un sistema intermodal, además, cada modo de transporte utiliza documentos, nomenclaturas y estándares distintos; por eso normalizar el dato es condición previa para compartirlo y explotarlo. Previsión de demanda, optimización de rutas, reducción de esperas y mejor utilización de activos dependen de esa base común. Y eso exige gobernanza, estándares, seguridad y confianza.
Sostenibilidad y productividad convergen
La sostenibilidad tampoco puede abordarse como un añadido reputacional. Un sistema logístico ineficiente es, simultáneamente, caro y poco sostenible. Un vehículo que vuelve vacío, una mala planificación, tiempos de espera elevados o una infraestructura mal conectada generan más costes, más emisiones y menor productividad. A ello se suma la presión de la energía y los combustibles, amplificada por un entorno geopolítico que obliga a gestionar mejor riesgos, rutas y dependencias.
Reducir emisiones y reducir ineficiencias empiezan a ser dos caras de una misma transformación. La tecnología permite optimizar cargas y rutas; la colaboración, aprovechar retornos en vacío; la intermodalidad, elegir el modo más eficiente para cada flujo. Y la sostenibilidad también es humana: si las condiciones de trabajo no permiten atraer y retener profesionales, el modelo pierde capacidad para crecer.
La innovación necesita mecanismos de conexión
Un sector con esta complejidad no se transforma solo incorporando tecnología. Necesita organizaciones capaces de detectar retos, conectar conocimiento con empresa, facilitar experimentación y acelerar la adopción.
El Centro Español de Logística, asociación decana del sector, lleva casi cinco décadas conectando empresa y conocimiento. Sus Premios CEL Start-up alcanzan este año su séptima edición y vuelven a acercar soluciones emergentes de inteligencia artificial, visión artificial e IoT a problemas reales de almacén, transporte y última milla. Lo relevante no es solo reconocer proyectos, sino facilitar que la innovación encuentre mercado.
En esa misma lógica destaca CITET como centro de innovación especializado en logística y transporte. He tenido la oportunidad de participar activamente en este ecosistema y comprobar desde dentro su evolución. Su valor está en actuar como infraestructura neutral entre empresas, startups, tecnología y administraciones. Startups4Logistics, con 90 startups identificadas, expresa bien esa lógica: hacer visible la oferta tecnológica para acelerar su adopción empresarial.
Los territorios también están construyendo capacidades propias. Barcelona avanza con DFactory; Valencia, con Opentop, conecta retos reales del entorno portuario con startups; y Andalucía, a través de Misión, desarrolla en Algeciras un polo especializado en logística portuaria. Modelos distintos con una misma lógica: alrededor de las infraestructuras hay que construir conocimiento, tecnología, emprendimiento y capacidad de experimentación.
El talento también es infraestructura
La transformación tecnológica convive con una dificultad estructural: faltan profesionales. IRU estima que alrededor del 20% de los conductores europeos se jubilará en los próximos cinco años y las mujeres representan apenas el 4% de quienes conducen camiones en Europa. La respuesta no puede limitarse a contratar más. Mejor planificación, menos tiempos muertos, relevos y mayor previsibilidad pueden mejorar productividad y hacer más atractivo el empleo.
También importa cómo el sector se explica. Durante décadas, logística y transporte han proyectado una imagen muy masculina y poco asociada a tecnología o desarrollo profesional. En este contexto tiene especial significado el reciente nombramiento de Alicia Fernández Barranco como directora general de Ontime, tras más de una década en la compañía. Mi enhorabuena por asumir la dirección de un operador logístico de referencia en un ámbito todavía muy masculinizado.
Por eso resulta igualmente relevante el trabajo de MELYT, la Asociación de Mujeres en Logística y Transporte. Su comunidad supera ya las 900 personas y su aportación va más allá de la representación. Trabaja sobre una cuestión estratégica: construir referentes, mejorar la reputación del sector y explicar mejor una actividad multimodal que necesita atraer nuevo talento. Su Directorio Nacional hace visible a especialistas y facilita su presencia en medios y foros. Cuando existe escasez estructural de profesionales, dejar fuera de la ecuación una parte del talento disponible no es solo un problema de diversidad. Es una ineficiencia competitiva.
Andalucía: convertir posición en ventaja
Para Andalucía esta conversación es especialmente estratégica. Algeciras, su red portuaria, la industria agroalimentaria, la conexión con África y el Mediterráneo y su inserción en los corredores europeos constituyen activos extraordinarios. Pero tener posición no equivale a tener ventaja.
El salto consiste en convertir esos activos en conectividad económica: más intermodalidad, mayor digitalización, mejor conexión entre puertos e industria, innovación abierta aplicada a problemas reales y capacidad para atraer empresas y talento tecnológico. La pregunta no debería ser cuánto espacio logístico podemos desarrollar, sino cuánto valor somos capaces de generar alrededor de él.
La logística siempre ha sido una infraestructura esencial de la economía; lo que cambia es el nivel de exigencia con el que debemos gestionarla. Productividad, digitalización, resiliencia, sostenibilidad y talento forman parte de una misma ecuación competitiva. España y Andalucía necesitan situar la gestión de la cadena de suministro y a sus actores en las grandes conversaciones de país: no solo para mover mercancías mejor, sino para atraer inversión, fortalecer industria, reducir vulnerabilidades y competir en cadenas de valor cada vez más complejas.

