12/06/2024

Nuestras empresas y nuestra estabilidad política
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No, no es un artículo político ni de política, es un artículo de empresas, economía empresarial y personas.

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Sin colores, pero sí entendiendo que tanto las empresas como la estabilidad política son muy nuestras, por tanto, sus efectos, nos impactan. Tomemos conciencia una vez más de ello para poner de nuestra parte que minimizar sus impactos.

Nadie se sorprenderá de tales efectos en la mayor desconfianza sobre la actividad económica de un país, en la mayor desconfianza de los empresarios e inversores, y no olvidemos a los trabajadores y su desconfianza sobre su futuro profesional.

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Desde los más mundano a lo más complejo, efecto directo en la mayor lentitud o menor agilidad de la administración pública, correcciones de crecimiento de la economía, desviaciones en los presupuestos de exportaciones, inestabilidad del empleo percibida por los propios trabajadores, inversiones aplazadas, etc.

Y es cierto que todo pasa, que nada es tan importante como parar en seco la actividad empresarial, pero, al final, lo que no suma, resta, y la inestabilidad política, local, regional, nacional o internacional, con toda seguridad, resta. Teniendo que volver a sumar para recuperar lo retrocedido.

Ejemplos vividos desde el interior de la administración pública, y después, como usuario de la misma, nos hacen recapacitar sobre aquella sentencia de que podemos vivir sin política y sin políticos, y con rotundidad puedo y podemos decir, y rectificar, que no es así.

Cuando todo va bien es términos políticos, todo fluye, pero cuando nos encontramos con la tan temida inestabilidad política, todo parece que frena, hasta el “a ver qué pasa”, por lo que es un claro indicador de no poder vivir sin política ni políticos, al menos, sin estabilidad política.

Ese “a ver qué pasa”, es lo que resume, bajándolo a la tierra, la inestabilidad política, y lo que hace que acciones y trámites tan necesarios como cotidianos para una economía en marcha, como el constituir una empresa, las políticas de empleo, trámites para exportaciones e importaciones, lanzamiento de planes de incentivos, ejecución de fondos europeos, adjudicación de licencias y subvenciones, se ralenticen, llegando algunos de ellos a no culminarse. Y procedimiento que no se culmina, resta.

Ante ello, es normal que las empresas se protejan a sí mismas reduciendo sus presupuestos de contratación e inversiones. Tomando extremos incluso de deslocalización de sedes, no creo que haga falta mencionar el caso de Ferrovial.

La inestabilidad política, por aquellos momentos en los que un gobierno no tiene apoyo para su acción y gestión política, o por ni siquiera tener apoyos para su investidura, a partir de la cual empezar a correr en la implantación de medidas, con independencia del color, supone un parón, aunque puntual, pero parón de la economía. Si el PIB ya crecía poco, aunque mejor de lo esperado, como hemos comentado en anteriores artículos, vamos y lo frenamos. Y ese freno no es sólo por el lado de las empresas, sino también por el lado de los trabajadores, no sólo las empresas difieren sus inversiones, sino los trabajadores, como ciudadanos, también difieren sus gastos.

Lo anterior, dentro, pero ¿y fuera en el exterior? Sea en el exterior de nuestro pueblo respecto a otros pueblos, comunidad autónoma respecto de otras, o nuestro país frente a otros. La inestabilidad viene acompañada de la incertidumbre respecto a la facilidad o dificultad para la importación y exportación. Y no debemos irnos a cuestiones como aranceles y otras tasas del comercio, sino a la confianza con nuestros proveedores y clientes, en cuanto a nuestra mayor capacidad o no de pago, y en cuanto a nuestra mayor capacidad de suministrar nuestros servicios y productos correctamente, de forma competitiva, hablamos de confianza en las relaciones y transacciones comerciales, y como estas efectivamente se ven dilatadas.

Pero, y desde la perspectiva de los emplea- dos, llegando a ese eslabón de la cadena, es como y cuando se cierra el círculo vicioso de la inestabilidad política, freno en las empresas, freno a la inversión, freno a la contratación, freno al consumo, y así, vuelta a empezar.

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Es nuestra obligación y responsabilidad, desde el lado de la empresa, no dejarnos llevar por la presión e inestabilidad política, y no permitir que ese círculo vicioso no llegar a cerrarse.

No pueden obviarse los efectos que tiene sobre el bienestar social y el comportamiento de las personas. En ocasiones, la mayoría de las veces, la incertidumbre política provoca división social o incluso odio y violencia, ¿ahora está pasando algo así? Afectan al consumo y a la actividad económica de las empresas.

En todo ello, las empresas no pueden ni podemos ser meros espectadores, y desde nuestra función de responsabilidad social, si la actividad empresarial y el emprendimiento es en sí una actividad de riesgo (y rentabilidad), son en estos momentos cuando debemos hacer valer aún más nuestra mayor capacidad, convertir los riesgos en oportunidades.

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