18/05/2024

Navidades laicas
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Este mismo enunciado es un contrasentido: es imposible  desde el punto de vista de un cristiano asistir al espectáculo de estos días que consta en ver como se utiliza la Navidad como una maquinaria inmensa donde ganar dinero a través de un gasto incontrolado.

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Gastos en compras que no son productos de una necesidad o de una expresión de cariño, sino de un hábito compulsivo, de un delirio trepidante donde acudir a los centros comerciales  y salir  con bolsas que se exhiben impúdicamente posteriormente en miles de redes para  alarde de bienestar, riqueza y de felicidad impostada.

Cuando paseo por la ciudad, donde hemos puesto calles enteras llenas de luces led con formas de lámparas, guirnaldas y trenzas coloridas, donde resuena una música  dance invitándote al paseo y a la compra… ¿dónde está la Navidad?

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Alguien le explica a las generaciones más jóvenes  porqué celebramos una vez al año este 24 de diciembre. Porqué toda la humanidad  occidental se reúne en torno a esta fecha en un hecho  sin precedentes que nos une  por un acontecimiento de un ser que vino al mundo hace dos mil años.

¿Cuáles son los valores que nos aporta la Navidad cristiana?  Paz, amor, fraternidad, podrían ser estos tres, ya que  estas bellas palabras engloban unos sentimientos en la humanidad que generó  Jesús con su nacimiento; ese minúsculo ser que en un pesebre en Belén de Galilea vino al mundo y que solo fue adorado por los más humildes y tres reyes, paganos inicialmente, pero que tres milenios después siguen moviendo al mundo occidental.

Y todo ello, todo este amor se recoge y se entrega en el seno de una unidad social llamada familia, ese nexo al cual accedemos por nacimiento y en el que nos desarrollamos durante toda nuestra vida, que nos de amparo y de nexo de unión -que es nuestra cohesión- y de estabilidad intelectual y espiritual. Esa familia donde conocemos nuestra sociedad, nuestros valores, nuestra espiritualidad, nuestra religión, nuestra creencia.

Pues todo esto, ha hecho que la humanidad occidental estuviera unida para superar catástrofes, pandemias, crisis y otros problemas que vinieran, incluidas guerras por muy mundiales que fueran. Todo ello pasó y nuestra sociedad sigue, pero ahora se ve amenazada por múltiples factores, entre ellos el individualismo supremo y un consumismo desbocado, el desarrollismo incontrolado y, sobre todo, por  las múltiples desigualdades, pues las capas sociales cada vez están más alejadas unas de otras.

Navidad e inmigración, ¿alguien repara en nuestros hermanos que se echaron al mar en una patera y que ahora vagan por nuestras ciudades? Son los nuevos pobres del siglo XXI (añadidos a los ya existentes de aquí mismo) que en estos días tratamos de ocultar  para que no nos estropeen este delirio de felicidad artificial, obligada y temporal y a los cuales y para acallar nuestra conciencia le damos una televisada y radiada.

Deberíamos de detenernos un poco y explicar a nuestro entorno familiar y social los verdaderos motivias de celebrar la Navidad los cristianos, diciendo que no queremos imponer nada  a nadie de otras confesiones o actitudes vitales, pero que si deciden festejar este acontecimiento que se llama Navidad, donde se cantan villancicos, y reunimos en la cena Nochebuena como llevamos haciendo  dos mil años es para festejar la venida del hijo de Dios, Jesús, y bajo las palabras  supremas  que son  el amor fraterno. Si quieren bailar y cantar bajo luces de colores que no digan que celebran la Navidad, solo celebran una fiesta  pagana, un guateque  vacío de valores y preguntarles que harán que cuando se apaguen las luces y la música amaine , que vuelvan a ser esos seres  en el solsticio.

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