domingo, septiembre 25, 2022
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Empezar el curso con muchos deberes

Aún recuerdo la ilusión que me hacía comenzar el curso escolar. No solo por volver a las clases, sino por reencontrarme con mis amigos, esa era motivación suficiente para quién vivía alejado de ellos y hacía meses que no sabía nada de muchos de ellos. El tema de si había estudiado durante el verano pasaba a segundo plano, eso no importaba esos días de reencuentro. Pero a medida que te haces mayor, ese retorno cada vez parece menos agradable, por lo menos para algunos.

La la vuelta al cole como alumno difiere mucho de la vuelta al cole como padre o madre. La ilusión de ver a los pequeños comenzar las clases se distorsiona con la preocupación por la realidad económica a la que nos enfrentamos las familias, algo que se empieza a notar simplemente comprando lo materiales para los niños. Objetos tan sencillos como los lápices o los sacapuntas, sensiblemente más caros que el año anterior.

El panorama para las familias es muy desapacible. Hay que
frenar la inflación, dicen en el Banco Central Europeo, hay que ir subiendo los tipos de interés, le duela a quién le duela. Una familia con una hipoteca media pagará pronto 150 euros más al mes, algo que para muchos es muy doloroso. Y no solo eso, sino que la gasolina no baja de los dos euros el litro, y a pesar de la ayuda del Gobierno, el coste de la gasolina empieza a ser inasumible para muchos. Y para redondear la energía. Estos recibos que asustan al más sobrado están destrozando muchas economías domésticas, sin que se vislumbre una solución a corto plazo, claro, por la culpa de la guerra de Ucrania.

La hipoteca sube exponencialmente, la gasolina se consolida en la cima de los precios, y la luz y el gas alcanzarán precios que ni soñábamos que pudieran producirse. Aún recuerdo a algún político pidiendo explicaciones a Rajoy porque la luz había llegado a 80 euros el kilovatio. Y, por ende, los precios de todo siguen creciendo, cualquier excusa parece buena para subir los precios, muchas veces cierta. Si me suben los costes del transporte, si me suben los costes energéticos, pues tengo que subir los precios, no queda otra.

Pero claro, no debemos preocuparnos en demasía porque nuestras empresas serán sensibles a esta realidad del IPC y nos subi- rán a todos las nóminas más de un 10% para no perder poder adquisitivo y poder enfren- tarnos a esta realidad social y económica sin precedentes. ¡Pobre infelices! Me temo que, salvo algunos colectivos privilegiados, más cercanos a lo público que a lo privado, podrán ver mejorados sus sueldos sensible-

mente, los demás tendremos suerte si alcanzamos un 2%.

Bueno, ¿y qué van a hacer nues- tros políticos para ayudar? Ya hemos visto algunas ayudas, como las de la gasolina, algunas bajadas de IVA como en la luz, pero si somos rea- listas, el impacto de estas medidas sigue siendo ridículo ante nuestras facturas. Y topar los precios de los alimentos nunca será la solución, eso seguro. Un debate que se está abriendo ahora que no nos llevará a ningún sitio, eso seguro.

Por supuesto que la guerra de Ucrania es muy culpable de lo que está pasando; a ver si aprendemos y actuamos en consecuencia. La guerra va a cumplir 200 días y em- pieza a ser algo que no nos llama la atención, se puede medir viendo los minutos que ya le dedican los medios de comunicación. Lo pri- mero que hay que solucionar es sin duda ese conflicto, algo que las diplomacias no han conseguido y el envío de armamento y dinero a Ucrania tampoco. ¿No se puede hacer más?

Y respecto a los hidrocarburos, la electricidad y el gas, debemos aprender y actuar aún más rápido. Debemos apostar con mucha más rotundidad por explotar nuestras materias primas. Europa y España poseen riquezas que nos permitirían liderar la oportunidad de las renova- bles y no seguir mirando a China, Rusia u otros países que nos segui- rán dando sorpresas negativas para favorecer sus intereses nacionales. La economía circular debe ser un acicate para transformar negocios y aprovechar dichas oportunidades apoyadas por las administraciones.

Mientras dure el conflicto de Ucrania se deben seguir tomando medidas para frenar el daño directo a las economías familiares que ya se empieza a notar en comercios, restaurantes, etc. Y en Andalucía, que sigue experimentando datos de crecimiento, debemos ser aún más creativos y actuar en consecuen- cia. Seguir bajando impuestos en la medida de lo posible e industria- lizando una comunidad autónoma que si se gestiona adecuadamente en esa línea puede sorprender por

su capacidad de crecimiento y sus oportu- nidades palpables de inversión, por su in- mejorable clima y situación logística. No podemos dejar de invertir en infraestructuras ni en atraer inversiones potentes; todo ello siempre crea riqueza y empleo de calidad, algo de lo que nunca hemos estado sobrados.

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