18/05/2024

El valor del acento y la esencia. Lo que nunca se debe perder
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Comienza la primavera y Andalucía se nota y se siente ¡y de qué manera! Se ve en todos los rincones de cada una de las ocho provincias que conforman una comunidad que es puro sur.

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Un lugar sin complejos y que ofrece al mundo una imagen potente y única. Una imagen llena de color, de matices, de saber estar y de tradición, y que se traduce en mostrar una forma de ser y sentir que nos tiene que llenar de orgullo.

Nuestra comunicación trasciende y llega hasta el corazón. En Andalucía nunca hemos necesitado de redes sociales, influencers o creadores de contenidos para expresarnos y decir, precisamente eso: cómo somos, sentimos y vivimos.

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Hemos recibido a viajeros ilustres. Mujeres y hombres que, desde los tiempos del Imperio Romano y pasando por los “viajeros románticos”, quedaron fascinados por un pueblo que se entiende a sí mismo y que fueron recibidos por los mejores anfitriones que podían tener: Andalucía y los andaluces.

Pintores, artistas y escritores que a través de sus famosos cuadernos de viajes (porque ellos no eran turistas) o pinturas, dejaban constancia de todo lo que veían; y aunque podemos afirmar que pudieron en algún momento, crear un falso mito sobre Andalucía y esos famosos tópicos que todavía hoy perduran, por desgracia; también es verdad que su mirada fue fundamental para se pusieran los ojos en nuestra comunidad autónoma.

Y lo fue porque supieron obtener información sobre instituciones, personajes, costumbres y patrimonio de una Andalucía que algunas veces fue descrita como un lugar “exótico” e inigualable.

Gracias a ellos y a las también numerosas mujeres viajeras que recalaron en nuestra tierra, posicionaron Andalucía porque supieron transmitir, sin escatimar detalle alguno lo que aquí vieron, encontraron y experimentaron.

Washington Irving, Marie Brashkirtseff, Noémi  Cadiot, Peter Viertel, Claude Vignon o Gerald Brenan entre otros y otras, contaron cómo éramos sin ahorrar ni un solo detalle de lo que hasta ellos llegaban, y sin escatimar vivencia alguna y experiencia porque esto fue lo que atrajo a muchos de los que llegaron hasta aquí tras ellos.

“En ella se vive a la vez de forma mágica en el pasado y en el presente, se enlazan la voluptuosidad y el fervor”. Quien esto escribe sobre la ciudad de Sevilla es Madame de Brinckmann. Una frase que encierra mucho más de lo que pensamos y que describe, perfectamente la esencia de Andalucía, a pesar de lo local que pueda parecer.

Ellos fueron los pioneros. Fueron los que llegaron primero y los que supieron entender como nadie nuestra forma de vivir. Una forma de vivir que llega hasta nuestros días y que, si en algo ha cambiado, nuestras fiestas, tradiciones y celebraciones son las que nos recuerdan de dónde venimos, lo que hemos sido y lo que debemos y tenemos que mantener.

Y lo debemos y tenemos que hacer por encima de modas, de medidas y de decisiones improvisadas porque ni debemos ni tenemos que perder eso que tan bien supo explicar Lola Flores en un conocido anuncio: Nuestro acento.

Porque eso es nuestro acento. Nuestro acento es lo que nos hace a los andaluces únicos. Nuestro acento es lo que nos define. Nuestro acento es lo que nos une. Nuestro acento es lo que nos distingue de los demás. Nuestro acento es lo que nos convierte en singulares e irrepetibles. Nuestro acento es nuestra forma de hablar y expresarnos… Nuestro acento es, en definitiva, nuestra esencia.

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Esa esencia que llegada la primavera vemos cómo impregna el modo en el que sólo nosotros sabemos celebrar la vida, y a la que damos sentido en cada una de las provincias que somos Andalucía.

Porque en Andalucía somos. Somos Almería, Huelva, Málaga, Sevilla, Jaén, Cádiz, Granada y Córdoba, y esto es lo que atrae a un turismo al que debemos respetar, pero sin dejarnos capitalizar y dejarnos llevar por eso que ahora llaman: tendencias.

En Andalucía somos los Carnavales de Cádiz y somos las Colombinas de Huelva. Somos, el camino hacia la aldea de El Rocío para encontrarnos con una virgen universal; somos el Día de San Esteban en Jaén. Somos la Semana Santa de Sevilla y su Feria de abril; somos los Patios de Córdoba. Somos la Romería de la Virgen de la Cabeza; somos la Feria de Agosto de Málaga y somos el Día del Corpus Christi en Granada… En Andalucía somos todo esto y mucho más.

Esto es lo que nos representa, lo que nos identifica, lo que vienen a buscar los de fuera y lo que nos da reputación y, como se conoce ahora en marketing, imagen de marca.

Una imagen de marca y una reputación que estamos obligados a continuar cuidando y manteniendo a través de las fiestas y tradiciones que nuestros ancestros supieron cuidar para traerlos hasta nuestro presente.

Y es que, a los de aquí, estos días nos une una misma cosa; nada más y nada menos, que celebra eso que ha sido tan repetido: lo que somos.

Andalucía fue, somos y será. Ha trascendido y trascenderá; y es por eso, que al igual que nuestros abuelos, debemos “pasar el testigo” a los que vienen detrás, y sin haber perdido nuestro acento, nuestra esencia, el sentir de todo un pueblo. Un pueblo, Andalucía que tiene que reivindicar una autenticidad, resultado de la mezcla, de la diversidad y de las razas y culturas que hasta Andalucía ha llegado y hemos recibido, a lo largo de los siglos.

 

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