“Quienes entran en el mundo de la madera industrializada ya no quieren volver al hormigón ni al hierro”
Rafael Cintora, CEO de RedVerde
RedVerde lleva más de 20 años trabajando en el ámbito de la bioconstrucción y la utilización de materiales naturales. ¿Cómo ha evolucionado la empresa durante estas dos décadas y en qué momento se encuentra actualmente?
Ha evolucionado enormemente. Cuando empezamos, apenas había unas cuantas gamas de productos y la fabricación era muy limitada y estaba en ciernes. Hoy vivimos una auténtica eclosión de fabricantes, tanto de materiales como de sistemas industrializados.
Hay tantos nuevos sistemas y materiales que a los propios profesionales nos cuesta estar completamente actualizados.
A esto se suman conceptos muy en boga socialmente como la circularidad, la bioeconomía y la obligatoriedad de descarbonizar el sector, lo que está impulsando fuertemente el uso de este tipo de materiales.
En junio Málaga acogió Málaga Bio, un encuentro centrado en la construcción prefabricada e industrializada y en el que usted participó activamente. ¿Qué conclusiones se llevaron de este encuentro y qué cree que puede aportar la industrialización al futuro de la construcción?
Málaga Bio fue un evento con un éxito rotundo y una gran afluencia de profesionales tanto del sur de España como del resto del país y del extranjero.
La principal conclusión que sacamos es que la madera estructural industrializada es imparable y experimentará un crecimiento exponencial en los próximos años, llegando a reemplazar en un alto porcentaje la forma de construir actual.
Además, este impulso propiciará el auge de los materiales vivos y naturales, que son plenamente compatibles con las estructuras de madera industrializada. Es un tren que ya va cogiendo velocidad y cuyo avance será imparable en poco tiempo.
Uno de los materiales que más protagonismo está adquiriendo en este nuevo modelo es la madera, especialmente a través de sistemas industrializados como la madera contralaminada. ¿Qué ventajas ofrece frente a los sistemas constructivos tradicionales y qué retos siguen existiendo para que se extienda su utilización?
Actualmente se están promoviendo mucho los sistemas estructurales de madera industrializada, siendo el CLT el que mayor auge ha cogido, aunque no es el único. Conforme la madera gane protagonismo, otros sistemas como la estructura ligera cobrarán también mucha fuerza.
Las ventajas de la madera estructural industrializada son muy claras. Destaca, sobre todo, la rapidez de ejecución: una obra convencional puede tardar más de un año en realizarse, mientras que una de madera industrializada se reduce a mes y medio o dos meses a lo sumo.
Esto implica una menor necesidad de mano de obra y una gran facilidad de diseño, ya que este se realiza en condiciones completamente controladas dentro de una nave. Por su propia naturaleza, la madera es el material más industrializable de la construcción.
Proyectos como The Zity, con 73 viviendas construidas con estructura de madera contralaminada, muestran que estos sistemas ya están pasando de ser proyectos experimentales a convertirse en alternativas reales. ¿Estamos ante un cambio de modelo en la forma de construir vivienda?
Absolutamente. Esa es la conclusión que se extrae al acercarse al sector. Existe una gran organización del sector: formamos parte del Club Madera, la mayor asociación nacional de construcción industrializada con madera promovida por la Fundación Cesefor, donde nos unimos para intercambiar información y promover buenas prácticas, más allá de la competencia comercial.
Aunque nosotros no hacemos la parte estructural, proveemos todo lo necesario para finalizar estas edificaciones. La inclusión del sector es muy fuerte y la reconversión de promotoras y constructoras resulta evidente. Quienes entran en el mundo de la madera industrializada ya no quieren salir de él, ni volver al hormigón o al hierro debido a sus múltiples bondades. Así que, el cambio de paradigma en la manera de construir avanza a gran velocidad.
Otro de los grandes retos de la construcción es reducir su impacto ambiental y avanzar hacia una verdadera economía circular. Desde RedVerde están desarrollando biocompuestos a partir de residuos forestales, agrícolas y minerales. ¿Hasta qué punto los propios residuos pueden convertirse en una materia prima para construir de forma más sostenible?
Esta es otra parte de ese cambio de modelo y de paradigma. La Unión Europea está potenciando desde todos los programas y subvenciones la promoción de productos biobasados y de nuevos modelos de producción circulares basados en la bioeconomía.
Esto es una realidad que antes o después vamos a tener totalmente incorporada en la sociedad, porque va a pasar de ser una opción a ser una exigencia, sobre todo a partir de 2030, cuando la normativa europea apriete todavía más la tuerca y obligue al reciclaje y a la reutilización para un nuevo modelo basado en la materia prima y el residuo natural.
Actualmente estamos con un proyecto europeo Horizonte Europa de los más grandes que existen, con más de cinco millones de dotación. Nuestro aporte a este partenariado de 16 entidades en toda Europa es la creación de una planta de producción de tableros estructurales procedentes precisamente del residuo forestal de Málaga.
La construcción sostenible todavía se enfrenta a barreras como el precio, el desconocimiento o la percepción de que estos sistemas son más complejos o costosos. Desde su experiencia, ¿qué tendría que cambiar para que la bioconstrucción deje de ser una alternativa minoritaria y se convierta en una opción habitual?
De las barreras que has dicho, el desconocimiento quizás sea la más importante, porque hay una gran ignorancia acerca de todo esto. Desgraciadamente, en toda Europa nos llevan como 20 o 30 años de ventaja. Aquí vamos avanzando a una velocidad cada vez mayor, pero todavía llevamos bastante retraso.
El precio no es una barrera. Hay que sobrepasar el desconocimiento y la percepción de que estos sistemas son más caros, difíciles o débiles, porque cuando hablas de construcción con madera todo el mundo cree que se cae con facilidad o que no es segura. Sin embargo, todo esto está desarrollado desde grandes institutos de Centroeuropa, donde la exigencia constructiva es mucho mayor que en España.
Una vez que superas eso, te das cuenta de que una construcción con madera puede llegar a ser incluso más barata que una convencional, si está bien diseñada y si toda la cadena de valor de la construcción —desde el que diseña hasta el que ejecuta— sabe lo que está haciendo.
Lo que ocurre es que falta todavía mucha formación. Nosotros estamos involucrados en proyectos grandes de formación para darle valor al sector y que exista una cadena de profesionales que puedan ejecutar sin dudas y sin obstáculos todo este tipo de proyectos bio con materiales naturales.
Para finalizar, ante los retos de acceso a la vivienda y la necesidad de construir de una forma más eficiente, ¿cuáles son los principales objetivos de RedVerde para los próximos años y qué papel cree que tendrá la bioconstrucción en el futuro del sector?
El reto para nosotros, como ha sido el leitmotiv de toda la entrevista, es la industrialización. Esa industrialización es mucho más eficiente que cualquier otro sistema constructivo y, además, mucho más integradora. Apostamos por una industrialización que, además de eficiente, sea sostenible, que promueva la descarbonización, que ayude a la eficiencia energética y, sobre todo, que promueva la salud.
Apostamos mucho por conceptos como la calidad del aire interior de los edificios y por construir modelos de consumo más racionales y equilibrados. En definitiva, queremos edificios que provoquen más salud que enfermedades, ya que actualmente tenemos muchas patologías derivadas de las malas construcciones o de las malas elecciones de materiales y sistemas convencionales.