“Creemos que el futuro pasa por conectar conocimiento, personas y territorio para construir soluciones”

Ángela Magno Gestora de Proyectos de I+D y Directora de Comunicación y Marketing de BIOAZUL

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BIOAZUL trabaja desde hace más de 20 años en la gestión sostenible del agua y la innovación ambiental. ¿Cómo surge esta empresa y qué necesidades detectasteis en torno al uso y al tratamiento del agua? 

BIOAZUL nació hace más de veinte años con una vocación muy clara: contribuir a resolver algunos de los grandes retos ambientales, especialmente relacionados con el recurso agua, y sociales mediante la innovación. Con el tiempo hemos evolucionado desde una empresa especializada en tecnologías relacionadas con el agua hacia una consultora de I+D+i que acompaña a administraciones, empresas, centros de investigación y otros actores en todo el ciclo de la innovación, desde la identificación de oportunidades hasta la transferencia de sus resultados al mercado, a las políticas públicas o a la sociedad.

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Con los años hemos pasado de abordar problemas concretos relacionados con el agua a trabajar desde una visión más integrada de la sostenibilidad, entendiendo que la gestión de los recursos hídricos está estrechamente ligada a la energía, la producción de alimentos, la salud, la conservación de los ecosistemas y la biodiversidad.

Hoy entendemos que innovar no consiste únicamente en desarrollar una nueva tecnología. La verdadera innovación ocurre cuando ese conocimiento consigue transformar la realidad. Para lograrlo es necesario conectar disciplinas, sectores y personas, construir alianzas internacionales y garantizar que las soluciones sean técnicamente sólidas, económicamente viables y socialmente aceptadas.

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Ese es el papel que desempeñamos en BIOAZUL. Participamos en proyectos nacionales e internacionales que abordan desafíos como la escasez de agua, la transición agroalimentaria, la economía circular o la adaptación al cambio climático. Más allá de los proyectos, nuestro objetivo es convertir el conocimiento en soluciones que mejoren la vida de las personas y contribuyan a la transformación sostenible de los territorios.

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A lo largo de vuestra trayectoria habéis participado en proyectos europeos y de investigación en relación a la economía circular de recursos hídricos. ¿Cómo ha evolucionado BIOAZUL y en qué líneas trabaja actualmente? 

Nuestra evolución ha ido de la mano de la propia evolución de la innovación en Europa. Hace dos décadas el foco estaba principalmente en desarrollar nuevas tecnologías; hoy sabemos que, para responder a desafíos tan complejos como el cambio climático, la escasez de agua o la transición agroalimentaria, es necesario adoptar un enfoque mucho más integrado.

Nuestra participación en más de 85 proyectos europeos nos ha demostrado que la innovación solo genera impacto cuando sus resultados son implementados por empresas, administraciones o ciudadanía. Por eso hemos evolucionado hacia un modelo de consultoría que acompaña todo el proceso de innovación, facilitando la colaboración entre actores diversos y la transferencia efectiva del conocimiento. Esta evolución también nos ha llevado a reforzar ámbitos para lograr una innovación más inclusiva y con mayor impacto social.

Nuestro objetivo final es contribuir al desarrollo de territorios más resilientes, capaces de adaptarse a los retos ambientales, sociales y económicos del futuro. Para lograrlo, trabajamos conectando ciencia, innovación, políticas públicas y sociedad, convencidos de que solo desde esa colaboración es posible construir soluciones sostenibles con un impacto duradero.

El agua es uno de los grandes retos sostenibles, especialmente en Andalucía, donde la sequía cada vez es más frecuente. ¿Qué papel juegan empresas como BIOAZUL en la búsqueda de soluciones sostenibles? 

Andalucía es uno de los territorios europeos donde mejor se refleja la necesidad de adoptar una visión integrada de la gestión de los recursos. La sequía no afecta únicamente al agua; tiene consecuencias sobre la producción agrícola, el consumo energético, la conservación de los ecosistemas y, en definitiva, sobre la resiliencia del territorio. En este contexto cobra especial importancia el nexo WEFE, una forma de abordar la sostenibilidad que promueve soluciones capaces de generar beneficios en todas estas dimensiones y evita que resolver un problema genere otro.

En BIOAZUL aplicamos esta visión en muchos de nuestros proyectos. Un buen ejemplo es el piloto que lideramos en La Axarquía dentro del proyecto P2GreeN, donde trabajamos junto a agricultores, gestores del agua y empresas para demostrar cómo el uso de agua regenerada y herramientas inteligentes de fertirrigación pueden optimizar el consumo de agua y nutrientes en cultivos de alto valor como el aguacate y el mango. El objetivo va más allá de la reutilización del agua: buscamos una agricultura más eficiente, resiliente y respetuosa con los recursos naturales.

Creemos que ese es el camino que debe seguir Andalucía: combinar innovación tecnológica, colaboración entre los actores del territorio y una visión sistémica que permita gestionar agua, agricultura, energía y medio ambiente como partes de un mismo sistema. Porque los retos del agua ya no pueden resolverse desde una única perspectiva.

En los últimos años se está impulsando el avance hacia la optimización del agua en sectores agrícolas o industriales. ¿Qué avances y beneficios destacarías y qué dificultades siguen existiendo para su implantación? 

En los últimos años hemos visto avances muy importantes, tanto en tecnologías de reutilización y recuperación de recursos como en herramientas digitales para optimizar la gestión del agua. Paralelamente, las Soluciones Basadas en la Naturaleza están adquiriendo un papel protagonista, complementando las infraestructuras convencionales mediante la restauración de ecosistemas, la agricultura regenerativa o la infraestructura verde para aumentar la resiliencia frente al cambio climático.

Sin embargo, probablemente el mayor reto ya no sea innovar, sino conseguir que la innovación sea aplicada. Existen excelentes soluciones técnicas que nunca llegan a implantarse porque encuentran barreras regulatorias, económicas o incluso sociales. La confianza se ha convertido en un elemento clave. Las administraciones, las empresas y los usuarios necesitan garantías sobre el funcionamiento, la calidad y el impacto de las nuevas soluciones.

BIOAZUL colabora con universidades, organismos públicos e instituciones internacionales en proyectos de innovación. ¿Qué importancia tiene esta cooperación entre ciencia, empresas e instituciones en el desarrollo de soluciones reales? 

Para nosotros la innovación es, ante todo, un proceso compartido. Las mejores soluciones rara vez nacen únicamente en un laboratorio; suelen surgir cuando investigadores, empresas, administraciones, agricultores, usuarios y ciudadanía trabajan conjuntamente desde las primeras fases del proyecto.

Por eso damos tanta importancia a la innovación social y a los procesos de cocreación. A través de metodologías participativas, Living Labs o herramientas de gobernanza ayudamos a construir soluciones que responden a necesidades reales y que cuentan con el respaldo de quienes posteriormente deberán implementarlas.

La experiencia adquirida en proyectos como BONEX o en el Living Lab de La Axarquía nos ha demostrado que involucrar a los actores del territorio desde el principio mejora la calidad de las decisiones, facilita la transferencia del conocimiento y aumenta considerablemente las posibilidades de éxito de las soluciones desarrolladas. Porque la innovación no consiste únicamente en desarrollar buenas ideas, sino en construir los consensos necesarios para hacerlas realidad.

Para terminar, de cara al 2026, ¿cuáles son los principales retos y objetivos de BIOAZUL en términos de sostenibilidad, innovación y gestión eficiente del agua? 

Creo que la innovación europea será cada vez más colaborativa, transversal y más orientada al impacto. Los desafíos que afrontamos exigen integrar ciencia, tecnología, políticas públicas y participación social dentro de una misma estrategia.

También veremos una mayor importancia de aspectos que hace unos años apenas se consideraban, como la igualdad de género, la aceptación social de las innovaciones, la explotación de resultados o la transferencia efectiva del conocimiento. Innovar significará no solo desarrollar mejores soluciones, sino garantizar que generan beneficios reales para las personas y para los territorios.

Queremos seguir siendo un socio estratégico para aquellas organizaciones que entienden la innovación como una herramienta para afrontar los grandes retos ambientales y sociales. Creemos que el futuro pasa por conectar conocimiento, personas y territorio para construir soluciones que impulsen una gestión del agua más sostenible, resiliente e inclusiva.

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