Juan Luis Oropesa (Presidente CRIGP Aceitunas Manzanilla y Gordal de Sevilla ): “Nuestro reto es convertir el origen y la tradición en valor diferencial en los mercados internacionales”
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La Manzanilla y la Gordal de Sevilla no son aceitunas genéricas, son productos con identidad propia

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Como máximo representante de la IGP, ¿qué hace realmente únicas a las variedades Aceituna Manzanilla de Sevilla y Aceituna Gordal de Sevilla frente a otras aceitunas de mesa en el mercado internacional?

La Aceituna Manzanilla de Sevilla y la Aceituna Gordal de Sevilla son únicas porque no hablamos solo de dos variedades, sino de un producto profundamente ligado a un territorio, a una forma de cultivo y a una tradición elaboradora muy reconocida. Y de ahí, el prestigio y reputación de las mismas. La Manzanilla de Sevilla destaca por su equilibrio, su textura fina, su sabor delicado y su enorme versatilidad. La Gordal de Sevilla, por su parte, es una aceituna muy singular por su tamaño, su carnosidad y su presencia en mesa.

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Ambas representan una identidad agroalimentaria muy concreta: Sevilla, su olivar, su cultura del verdeo y una experiencia acumulada durante generaciones. Eso es muy difícil de imitar en otros mercados. Teniendo en cuenta que, no solo vendemos aceitunas, sino que defendemos un origen, una cultura productiva y una calidad reconocible.

En un contexto de creciente competencia global, especialmente con países productores como Egipto o Grecia, ¿cómo se protege y diferencia el “estilo sevillano” en el mercado agroalimentario?

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La competencia internacional es una realidad, y precisamente por eso es tan importante proteger y explicar bien lo que significa el estilo sevillano. El estilo sevillano no es únicamente una forma de elaborar aceitunas. Es una manera de entender el producto: desde el momento del verdeo, la selección de la aceituna, el tratamiento, la fermentación y el cuidado hasta llegar al consumidor.

Nuestra diferenciación tiene que apoyarse en tres pilares: origen, calidad y garantía. El consumidor debe saber que cuando encuentra una aceituna amparada por la IGP está comprando un producto con trazabilidad, con controles y con un vínculo real con Sevilla. En un mercado global, competir solo por precio nos debilita, por lo que hay que competir por origen, calidad y autenticidad nos diferencia.

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¿Qué papel juega el Consejo Regulador en la defensa del origen y en la lucha contra la suplantación de producto en un mercado cada vez más globalizado?

El Consejo Regulador tiene una función esencial: garantizar que el producto que se presenta como Aceituna Manzanilla de Sevilla o Aceituna Gordal de Sevilla cumple con las condiciones establecidas y procede realmente de nuestro ámbito protegido. Nuestra labor es proteger al productor, al industrial y, sobre todo, al consumidor. El sello IGP no es un simple distintivo gráfico; es una garantía de origen, trazabilidad y calidad.

En un mercado globalizado, donde muchas veces el consumidor no sabe exactamente de dónde viene lo que compra, las figuras de calidad diferenciada son más necesarias que nunca. Ayudan a evitar confusiones, usos indebidos del nombre y posibles suplantaciones.

La calidad está estrechamente ligada al territorio, ¿cómo influyen las condiciones agrícolas y tradicionales de la provincia de Sevilla en el valor final de estas aceitunas?

Influyen de manera decisiva. La provincia de Sevilla reúne unas condiciones agronómicas, climáticas y culturales que han hecho posible el desarrollo histórico de estas variedades. Pero no se trata solo del clima o del suelo. También es fundamental el conocimiento acumulado por agricultores, cooperativas, industrias y familias que han trabajado estas aceitunas durante generaciones.

La recolección, el manejo del fruto, la tradición del verdeo y la experiencia en la elaboración forman parte del valor final del producto. Esa suma de factores es lo que convierte a estas aceitunas en un alimento con identidad propia. Además, la calidad no nace solo en la industria, empieza en el campo y se construye durante generaciones.

Como entidad que integra agricultores, envasadores y comercializadores, ¿cómo se articula el equilibrio entre tradición productiva y exigencias actuales del mercado?

Ese equilibrio es uno de los grandes retos del sector. Tenemos que conservar lo que nos hace diferentes, pero al mismo tiempo adaptarnos a un mercado cada vez más exigente. La tradición es una fortaleza, pero debe ir acompañada de profesionalización, innovación, control de calidad, comunicación y orientación al consumidor.

El Consejo Regulador trabaja precisamente como punto de encuentro entre todos los eslabones de la cadena: agricultores, industrias, envasadores y comercializadores. Todos son necesarios para que el producto llegue al mercado con valor añadido y con una imagen coherente. La tradición no está reñida con la innovación, al contrario, es la base sobre la que debemos construir el futuro.

¿Qué estrategias de promoción están desarrollando para aumentar el reconocimiento internacional de las IGP Manzanilla y Gordal de Sevilla como productos premium?

Estamos trabajando en una línea clara: reforzar la notoriedad de las IGP y explicar mejor al mercado qué hay detrás de estas aceitunas. Para ello, participamos en ferias, encuentros profesionales, acciones gastronómicas, actividades de divulgación y colaboraciones con instituciones y prescriptores. También estamos impulsando la comunicación digital para acercar el producto tanto al consumidor final como a distribuidores, restauradores y tiendas especializadas.

El objetivo es que la Manzanilla y la Gordal de Sevilla sean percibidas como lo que son: productos de calidad diferenciada, con origen certificado y con un enorme potencial en el canal gourmet y agroalimentario internacional. Queremos que el mercado deje de ver la aceituna como un producto genérico y empiece a reconocer el valor específico de la Manzanilla y la Gordal de Sevilla con IGP.

De cara al futuro, ¿cuáles son los principales objetivos y proyectos del Consejo Regulador IGP Aceitunas Manzanilla y Gordal de Sevilla para 2026 en términos de posicionamiento internacional, protección del sello y crecimiento del sector agroalimentario?

En 2026 tenemos varios objetivos estratégicos. El primero es seguir consolidando el sello IGP como garantía de origen y calidad. Para nosotros es fundamental que productores, empresas y consumidores identifiquen claramente qué significa estar amparado por la Indicación Geográfica Protegida. El segundo objetivo es avanzar en promoción y posicionamiento, tanto en España como en mercados internacionales. Sevilla tiene dos variedades emblemáticas que pueden ocupar un espacio de mayor valor en el mercado.

Y el tercero es seguir fortaleciendo al sector. Queremos que la IGP sea una herramienta útil para generar valor, mejorar la competitividad y defender mejor el trabajo de agricultores, cooperativas, industrias y comercializadores. Por lo que, nuestro reto es convertir el origen en valor: más reconocimiento, más protección y más oportunidades para el sector.

Además, desde el Consejo Regulador queremos que la Aceituna Manzanilla de Sevilla y la Aceituna Gordal de Sevilla ocupen el lugar que merecen: el de dos productos emblemáticos de nuestra tierra, con calidad, historia y futuro. Nuestra responsabilidad es proteger ese legado y convertirlo en una oportunidad para todo el sector.

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