En un contexto donde el consumidor busca cada vez más autenticidad y trazabilidad, ¿cómo está evolucionando la narrativa de la DOP Vinos de Granada para conectar con ese nuevo perfil de cliente?
La DOP Vinos de Granada cuenta con un pliego de condiciones especialmente exigente en comparación con otras denominaciones, tanto en rendimientos por hectárea como en los procesos de elaboración. Ese nivel de exigencia ya es, en sí mismo, una garantía de calidad para el consumidor.
Además, uno de nuestros grandes valores es la trazabilidad. Gracias a la certificación de origen, se puede seguir el recorrido del vino desde la cepa hasta la botella, algo cada vez más demandado por un consumidor que quiere saber qué compra y de dónde procede.
A ello se suma la singularidad de nuestro territorio. Granada es tierra de montaña, con viñedos en laderas y condiciones que exigen un trabajo muy intenso y artesanal. Detrás de cada botella hay mucho esfuerzo humano, dedicación diaria y un proceso poco industrializado. Todo ese carácter, ese origen y ese trabajo se reflejan finalmente en el vino.
La digitalización también está llegando al sector vitivinícola. ¿Qué papel están jugando herramientas como el comercio online o la comunicación digital en la proyección de los vinos de Granada?
La digitalización está abriendo nuevas oportunidades para el sector vitivinícola granadino. Cada bodega avanza a su ritmo, pero muchas ya comercializan una parte importante de su producción en mercados internacionales y a través de canales online.
Además, las bodegas integradas en iniciativas como “Sabor Granada”, las cuales cuentan con plataformas digitales que ayudan a promocionar y vender sus productos, ampliando su visibilidad y facilitando el acceso a nuevos consumidores.
No obstante, seguimos creyendo que el mejor escaparate para nuestros vinos es nuestra propia tierra. Granada recibe un importante flujo turístico, y ese visitante que prueba aquí nuestros vinos se convierte muchas veces en prescriptor fuera de nuestras fronteras. El crecimiento digital es clave, pero también lo es consolidar primero el reconocimiento en origen y avanzar paso a paso hacia nuevos mercados.

Frente al auge de vinos de otras regiones muy consolidadas, ¿cómo se construye una identidad propia competitiva sin perder el carácter local?
Nuestra identidad competitiva se construye, precisamente, desde la autenticidad y la historia de nuestro territorio. Granada cuenta con una tradición vitivinícola centenaria, especialmente en zonas como la Alpujarra y el norte de la provincia, donde el viñedo ha formado parte de la economía y de la cultura local durante generaciones.
Ese arraigo histórico es uno de nuestros grandes valores. De hecho, desde la DOP vamos a publicar próximamente un libro que recoge referencias históricas a normativas de protección del vino en Granada ya en tiempos de los Reyes Católicos, lo que demuestra la importancia que este sector tenía desde hace siglos.
Además, el paisaje y el patrimonio rural siguen reflejando esa tradición, con cortijos, antiguas prensas y construcciones ligadas al cultivo de la vid desde los siglos XVIII y XIX.
Por tanto, competir no significa imitar a otras regiones, sino poner en valor nuestra singularidad, nuestra historia y el carácter propio de unos vinos nacidos de una tierra única.
Cada vez se habla más de sostenibilidad real frente a “greenwashing”. ¿Cómo se garantiza desde la DOP que las prácticas sostenibles sean medibles y creíbles?
La mejor forma de garantizarlo es a través de hechos y de controles reales. En la DOP contamos con una serie de parámetros y requisitos que las bodegas deben cumplir para obtener la certificación de vinos de calidad, lo que aporta rigor y credibilidad al proceso.
Además, todo ese trabajo se refleja en el resultado final. La calidad del vino, el cuidado en la elaboración y el respeto por el producto terminan percibiéndose en la botella.
En definitiva, más que en discursos, creemos en demostrar con controles, trabajo bien hecho y vinos que convenzan al consumidor.
¿Qué oportunidades identifica en tendencias emergentes como el enoturismo experiencial o la vinculación del vino con la gastronomía local?
El enoturismo representa una de las principales oportunidades de futuro para las bodegas de la DOP de Granada, especialmente por su estructura, basada en pequeñas explotaciones situadas en zonas de alta montaña, muchas de ellas por encima de los 1.000 metros de altitud.
El visitante cada vez valora más conocer el origen del vino, el entorno donde se produce y el trabajo que hay detrás. Por eso, el enoturismo permite dar a conocer nuestra historia, nuestras raíces y nuestra forma de elaborar el vino, convirtiéndose en un complemento fundamental a la actividad vitivinícola.
De hecho, en muchos casos ya es una vía clave de sostenibilidad económica para las bodegas, que combinan la venta de vino con la experiencia turística.
Además, se está impulsando la estructuración de la oferta a través de la “Ruta del Vino de Granada”, organizada en distintas zonas y en coordinación con administraciones y sector turístico, con el objetivo de integrar vino, gastronomía y territorio como un producto conjunto de la provincia.

En términos de relevo generacional, ¿qué se está haciendo para atraer talento joven al sector vitivinícola en Granada?
El relevo generacional es uno de los principales retos del sector, ya que se trata de una actividad muy exigente y con una rentabilidad compleja, lo que dificulta la incorporación de gente joven.
En algunos casos sí existe continuidad familiar dentro de las bodegas, pero en otros muchas explotaciones desaparecen cuando las generaciones anteriores dejan de poder continuar la actividad, sin que haya quien les dé continuidad.
Se trata de un trabajo muy artesanal y laborioso, desde el viñedo hasta la elaboración final del vino, lo que hace que no siempre resulte atractivo para las nuevas generaciones.
Aun así, confiamos en que el sector encuentre vías para garantizar su futuro, aunque cada bodega afronta esta realidad de manera diferente y con situaciones muy particulares.
Mirando hacia el futuro, ¿qué metas concretas se ha marcado el Consejo Regulador para posicionar a los vinos de Granada en un mercado cada vez más global y exigente y qué papel juega la Ruta del Vino de España en esa estrategia?
Los vinos de Granada se caracterizan por una gran diversidad, tanto en variedades como en estilos. Es una provincia amplia, con zonas muy diferenciadas que producen desde blancos más frutados hasta tintos, vinos dulces o espumosos, lo que nos permite ofrecer un producto adaptado a distintos perfiles de consumidor.
Esa variedad es una de nuestras principales fortalezas, ya que nos permite atender diferentes gustos y demandas. En muchos casos, los vinos de Granada terminan encajando con las preferencias del consumidor una vez los descubre, lo que refuerza su aceptación en el mercado.
De cara al futuro, uno de los grandes objetivos en los que estamos trabajando es la incorporación a la “Ruta del Vino de España”, un proyecto estratégico que permitirá reforzar el posicionamiento de nuestros vinos, mejorar su visibilidad y consolidar su presencia en un mercado cada vez más competitivo y global.




