viernes, diciembre 9, 2022
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Triana mil años en la historia

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Estamos ya en la recta final este 2022 y abordamos un nuevo año 2023 donde Triana ha de jugar un destacado papel pues cumple la efeméride de su milenario.

Aunque el imaginario colectivo se nutre de una Triana romana, asociada en ocasiones al emperador Trajano, hasta el momento el documento más antiguo que nos habla del famoso arrabal data del año 1022. Se trata de una lápida funeraria hallada en 1851 en el transcurso de las obras de la Plaza Nueva de Sevilla. En ella Triana aparece citada como alquería, (una pequeña aldea), próxima al borde del río. Este testimonio adquiere una importancia extraordinaria por atestiguar por primera vez la existencia de este núcleo de población, sobre el cual contamos por ese momento únicamente con las noticias contenidas en las fuentes escritas. Así, hay que esperar a la conquista almohade para disponer de más datos sobre este enclave.
La llegada de esta dinastía supuso un nuevo devenir para Triana y Sevilla con la construcción, en el año 1171, de un puente para enlazar ambas orillas, conectadas hasta ese momento por un servicio de barqueros. Se trataba de un puente de barcas, estructura flotante constituida por una serie de cascos de barcos amarrados los unos con los otros, y con un tablón de madera encima para asegurar el paso de transeúntes y animales. Podemos reconocer su silueta en las múltiples vistas y grabados sobre Sevilla de época moderna siendo uno de los protagonistas indiscutidos de estas imágenes, junto con el castillo, fortaleza levantada a comienzos del siglo XIII, y hoy parcialmente convertida en mercado del barrio. Según relata la Primera Crónica General de España ambos hitos fueron fundamentales en las operaciones de asedio sufridas durante el cerco castellano de la ciudad, al mando de Fernando III.

Tras la conquista de Isbiliya se producen los primeros cambios importantes; el más destacado de ellos es la construcción, hacia 1280, de una iglesia dedicada a Santa Ana, magnífico ejemplo de arquitectura alfonsí, que aún sigue cumpliendo la función de parroquia del barrio. Otro hito significativo acontece en 1481 cuando el viejo castillo almohade, que había sobrevivido al asedio y a la conquista de Sevilla, fue cedido al Tribunal de la Inquisición. A pesar de sufrir las nefastas consecuencias de los desbordamientos del río el Tribunal permaneció en la fortaleza hasta el 1775, momento en el cual abandonó la antigua sede para trasladarse al Colegio de las Becas, colegio jesuita fundado hacia finales del 1500.

Hasta la época moderna Triana no debió crecer mucho, pero su población aumentó considerablemente al calor del comercio americano. Así, según don Diego Ortiz de Zúñiga en el siglo XVII hasta podía contar con más de dos mil casas. Para ese momento Triana ya se había convertido en el barrio artesanal por excelencia de la ciudad; tradicionalmente vinculado a la producción cerámica, con las Santas Justa y Rufina como patronas del gremio de los alfareros, entre las nobles industrias de Triana hay que mencionar las almonas reales, las jabonerías cuyos comienzos databan en época almohade, habiendo sido donadas en el Repartimiento de Sevilla a la reina doña Juana tras la conquista de la ciudad.

El jabón producido en aquellas fábricas alcanzó gran fama especialmente en el siglo XVI, cuando según el testimonio de los historiadores se exportaba a gran parte de Castilla, India, Inglaterra y Flandes y otras partes.

Sin embargo, el barrio también ofrecía diversión a los viajeros de la época; así cuenta el estudiante alemán Diego de Cuelbis que Triana contaba con numerosas posadas, más económicas que las situadas intramuros, a las cuales acudían muchas y lindas doncellas con la cual poder holgarse. Éstas cruzaban el río recurriendo a los barqueros, algunos de ellos ataviados como verdaderos caballeros ya que ganan mucho, y van a Triana a esparcirse. En efecto, a pesar del puente, seguía existiendo un gremio de barqueros que proporcionaba sus servicios tratándose – al parecer – de un negocio bastante lucrativo y que se hacía imprescindible cuando el puente de barcas acababa destrozado por las crecidas del río.

La peste del 1649 primero y más tarde la cesión del monopolio americano a Cádiz en 1717 supuso un duro golpe para el arrabal, tanto desde un punto de vista demográfico como económico. Aun así, es desde el siglo XVIII que hay constancia de la existencia en Triana de los corrales, modelo de vivienda

que podía alojar a muchos vecinos en un espacio reducido, y cuyo corazón es constituido por el patio central, lugar en el cual se alojan los servicios comunes, la cocina, las piletas, en el cual, en resumen, se llevan a cabo las pesadas tareas cotidianas. Pero el patio es también el lugar de las fiestas, allí se celebran bodas y bautizos, y en ese lugar entre otros es donde parece ser que nace y se desarrolla el arte flamenco.

Triana durante el siglo XIX es un enclave fundamental para la configuración del flamenco como lo entendemos en la actualidad. Quizás lo más universal que aporta el barrio de Triana en sus mil años de historia documentada.

Finalmente, el último hito de gran calado en este milenio de historia, lo ofrece el desmantelamiento definitivo del puente de barcas, que con distintos avatares había sobrevivido, desde el 1171 hasta el siglo XIX, para ser sustituido por el mucho más moderno, y mucho más estable, puente actual dedicado a Isabel II que todos conocemos como el puente de Triana.

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