30/05/2024

Tauromaquia, el arte más sevillano
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La tauromaquia, un arte que combina la valentía, la tradición y la pasión, tiene profundas raíces en Sevilla, una ciudad que ha sido testigo de innumerables corridas de toros y ha dado lugar a toreros legendarios.

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Si nos sumergimos en la historia de la tauromaquia en esta hermosa ciudad, capital de Andalucía, podemos señalar que sus orígenes los podemos encontrar en la Edad de Bronce, aunque sus antecedentes son aún más antiguos. Hubo un tiempo en que solo la realeza tenía el privilegio de demostrar su valentía frente a los toros.

Los primeros enfrentamientos se cree que fueron con los uros, animales de caza que, aunque no eran endémicos de España, encontraron uno de los mayores asentamientos en esta tierra.

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El mito del Minotauro cretense y de la cultura minoica se extendió por todo el Mare Nostrum y llegó a las costas de Andalucía, donde los pueblos turdetanos ya practicaban adoración y relación taurina.

Pero si damos un salto en la historia y nos trasladamos a la Edad Media, podemos encontrar corridas de toros en Sevilla desde1405, cuando Enrique III visitó Sevilla, y se realizaron en su honor corridas de toros

En 1431-1432: En Toledo, con motivo del regreso de Juan II de Castilla de la batalla de Andalucía, se celebraron toros y justas en la plaza de Zocodeñe (más tarde conocida como Zocodover). Y fueron toros y toreros sevillanos los participantes.

Dando de nuevo un salto en el tiempo, el toreo moderno surgió cuando los toros eran guiados por las calles de Sevilla hasta el matadero de la calle San Bernardo. Estos eventos se convirtieron en encierros, donde los mozos corrían delante de los toros.

Sevilla ha sido sede de diversas escuelas de tauromaquia, y se tiene noticia de la primera en el año 1831, cuando se inauguró la Escuela de Tauromaquia de Sevilla, la única con carácter oficial de todas las que han funcionado en Europa y América. Fue un hito importante para la formación de jóvenes toreros. Su primer director fue el rondeño Pedro Romero, gran rival del torero sevillano Pepe Hillo.

En resumen, la tauromaquia en Sevilla es una parte esencial de su identidad cultural, y su historia está tejida con valentía, arte y la pasión por enfrentarse al toro en la arena. Ensalzar el arte de la tauromaquia en Sevilla y su legado es admirar el arte, la cultura y las tradiciones. Si a eso le sumamos las profesiones y los profesionales nos genera un universo único que asienta sus reales en nuestra ciudad más que en ninguna otra de los Reinos de Castilla.

Si ponemos sobre el papel el nombre de grandes figuras que nos han dado fama y nombre no deberían faltar en esta líneas gentes como Joselito el Gallo, Juan Belmonte, el citado Pepe Hillo, Espartero, Ignacio Sánchez Mejías (bajo cuyos auspicios se reunió la llamada Generación del 27 a la sombra del Ateneo de la ciudad) Cochares, John Fulton, Antonio Ordoñez, la dinastía de los Vázquez, Curro Romero y en la actualidad nombres como Morante de la Puebla o Borja Jiménez.

Espacios de la ciudad ligados a la tauromaquia podemos destacar el matadero de la Puerta de la Carne, el Barrio de San Bernardo, El Arenal, La Alameda de Hércules, Triana, Macarena, Alfalfa, la calle de la Feria… Sevilla toda.

Las plazas de toros que ha tenido la ciudad, desde la Real Maestranza, hasta la Monumental, aquella malograda que su ubicaba en Nervión y que fue levantada por Joselito El Gallo, que se atrevió a cuestionar le hegemonía de la Maestranza superando su aforo y abaratando los billetes de las entradas, dando cabida a una ingente masa obrera que entonces pululaba por Sevilla en esa pre Expo del 29; la Plaza de San Francisco, la gran plaza mayor de la ciudad donde lo mismo se quemaban herejes que había juegos de lanza y toros, otros cosos menores en la ciudad podemos reseñar la plaza de la Pañoleta o la Real Venta Antequera.

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Hermandades ligadas a la torería hay muchas pero destacan la Hermandad del Baratillo, La Soledad de San Lorenzo, La Esperanza de Triana, La Estrella, La Macarena, Los Javieres y un largo etcétera; rara es la Virgen que no tiene una donación de un diestro en forma de traje de luces o capote de paseo.

La gastronomía también se ha dejado seducir por la tauromaquia y su plato estrella, la cola de toro, inunda las cartas de bares y restaurantes. La pintura, la escultura y la música son artes también ligados a este fenómeno taurino y que en Sevilla alcanzan sus máximas cuotas de esplendor.

La cinematografía también ha retratado este fenómeno cultural, películas como Currito de la Cruz, el niño inclusero, es un prodigio antropológico al retratarnos la sociedad sevillana de principio de siglo XX con sus valores y costumbres.

No me gustaría terminar este alegato en pro de la tauromaquia sin olvidar visitar nuestro cementerio de San Fernando, donde yacen insignes diestros con tumbas tan destacadas como la de Joselito el Gallo, obra de Mariano Benlliure y que ya por si sola merece una visita.

Disociar Sevilla y tauromaquia es imposible, está en el tuétano de cada habitante, en la epidermis de la sociedad sevillana, es una de sus grandes señas de identidad, que nos identifica en el mundo y nos señala como metrópolis cultural del Sur.

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