Miércoles 30 de septiembre de 2026
Nueva Economía

Berrocal: cuando un incendio arrasa el presente, el pasado y el futuro

Creo que esta es la tercera vez que menciono en uno de mis artículos aquí, en Tribuna de Andalucía a Manuel Angel Martín. Lo vuelvo a hacer porque de nuevo, aquella mención a lo que hace única a Andalucía, el territorio, este verano, y "gracias" a los incendios, podemos decir que ha sido herido de muerte.

También vuelvo a pedir perdón a la directora de esta cabecera, Celia Díaz, porque, aunque este era un especial sobre la construcción, quiero y necesito escribir sobre cómo se ha destruido, parte de nuestra identidad y lo urgente que es volver a construirla.

Quien ha estudiado Periodismo y ha pasado por las clases Estructura de la Información, que imparte el catedrático de la Facultad de Comunicación de la Universidad de Sevilla, Ramón Reig, sabe que la información, para poder entender lo que sucede en el mundo, se tiene que "explicar desde lo macro a lo micro y desde lo micro a lo macro", es decir: contextualizando. Así que, y si me lo permiten, les invito a hacer un viaje en el tiempo. Un viaje a un pasado no muy lejano, para centrarnos en lo concreto y en lo cercano, y alejarnos de los grandes datos y cifras que a veces se nos hacen tan difícil de interpretar.

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Vamos hasta julio de 2004. ¿Tan lejos? Sí, tan lejos. Lo hacemos porque Berrocal sufrió uno de los incendios más destructivos de su historia. Sus habitantes lo perdieron todo, aunque supieron volver a empezar. Tras más de 22 años desde que tuvo lugar, lograban ver su paisaje como era recordado, aunque los más ancianos del lugar, murieran sin poder cumplir con el deseo de pasear por una sierra que te atrapa para vivir y sentir la Naturaleza como es en realidad: libre.

Comenzaban a olvidar aquella tragedia cuando de nuevo, un incendio comienza, el 6 de agosto de 2026 en el término municipal de Niebla. Un fuego que no se consiguió extinguir por completo hasta el 21 de agosto y que, por supuesto, no fue uno más. Fue un punto de inflexión para toda una comarca y, especialmente, para Berrocal, un municipio eminentemente forestal. Un pueblo pequeño cuya economía, identidad y paisaje dependen de un alcornocal ÚNICO en Andalucía y en España.

Durante quince días, el fuego no dio tregua y avanzó sin dar respiro a nadie; campando a sus anchas, sin poder ser controlado y en un escenario que los técnicos describieron como "condiciones extremas": cambios bruscos de viento, temperaturas muy elevadas, humedad mínima y episodios de comportamiento que generaban focos secundarios a gran distancia.

La medición definitiva del programa satelital Copernicus confirmó la magnitud del desastre de los que muchos, sin necesidad de imagen cenital ninguna sabían, porque son gente de campo y supieron ver cuando su paisaje se tornó en negro: 33.000 hectáreas quemadas, una cifra que sitúa este incendio entre los mayores registrados en Andalucía en las últimas décadas. Dentro del perímetro se conservaron algunas islas interiores de vegetación, de hasta 400 hectáreas, que actuaron como refugios ecológicos y que hoy representan pequeños núcleos de esperanza y alegría para todos, porque va a servir para que pueda haber, SI NADIE LO VUELVE A IMPEDIR, una regeneración natural. Pero el resto del territorio sufrió una afección devastadora.

En Berrocal, el impacto fue casi total. Según la memoria de la Alcaldía, entre el 90% y el 95% del término municipal resultó afectado. Si se toma como referencia el Proyecto de Ordenación de 2024, que abarca 6.028,69 hectáreas, la superficie dañada se sitúa entre 5.425 y 5.727 hectáreas. Y lo más grave: casi 4.000 hectáreas de alcornocal y alcornocal claro quedaron comprometidas. Y no, no es solo un dato forestal. Es la base económica del municipio (a esto me refiero cuando hablo de lo macro cuando los periodistas tenemos que informar y que es necesario para que usted, querido lector lo pueda comprender).

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Para entender la dimensión del daño hay que estudiar primero el ciclo productivo del alcornoque. A diferencia de otros aprovechamientos agrarios, el corcho no es una cosecha anual. El árbol tarda entre treinta y cuarenta años en alcanzar la circunferencia necesaria para su primer descorche. El corcho bornizo que se obtiene entonces tiene escaso valor. Solo a partir del tercer descorche, cuando el árbol ronda los sesenta años, se obtiene corcho de reproducción, el que alimenta la industria taponera y concentra prácticamente todo el valor económico del alcornocal.

Entre una saca y la siguiente deben transcurrir al menos nueve años, aunque el cambio climático está alargando los turnos hasta diez u once para alcanzar un calibre comercial adecuado. Esto significa que el corcho que un árbol presenta en un momento dado es el resultado acumulado de todos los años transcurridos desde la última saca. Cuando el fuego pasa, no se pierde la producción de un año: se pierde la de nueve, diez o incluso más. Y esa pérdida es inmediata y total.

Pero el daño no termina ahí. El incendio afecta también al arbolado. Los estudios coinciden en señalar una mortalidad muy elevada en los pies recién descorchados, que carecen de espesor protector, y en los árboles envejecidos. La muerte de un alcornoque supone la pérdida del capital productivo con un horizonte de reposición que supera los treinta años hasta el primer descorche y los sesenta hasta obtener corcho de calidad. Es un daño que la generación actual de propietarios no verá reparado.

Incluso en los árboles que sobreviven, el perjuicio se prolonga durante décadas. El alcornoque debe reconstruir su capa suberosa antes de que pueda practicarse un nuevo descorche.

La Cooperativa Corchera San José S.C.A., que agrupa a titulares de montes del término y constituye el corazón económico del municipio, ha documentado en su informe preliminar la importancia de esta actividad. Entre las campañas 2011/2012 y 2026/2027 declaró más de 1.024.000 kilogramos de corcho, con una media aproximada de 64 toneladas por campaña. El Proyecto de Ordenación estima una producción media de 97,6 toneladas anuales en el ámbito ordenado. Estas cifras permiten disponer de una referencia objetiva de la capacidad productiva existente antes del incendio. Y son precisamente el término de comparación que la valoración de los daños requiere.

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La afección del incendio compromete no una campaña, sino la fuente de renta de una parte sustancial del vecindario durante al menos un turno completo de descorche. La estructura laboral de la cooperativa, con un trabajador fijo y entre dos y cinco eventuales durante las tareas de descorche, ilustra la dimensión de un sector que, siendo modesto en términos absolutos, resulta determinante en un municipio de 283 habitantes, con población envejecida y en declive demográfico sostenido.

A ello se suma un efecto que suele quedar fuera de las valoraciones: la reducción prolongada de los ingresos forestales compromete la capacidad de la entidad para sostener su estructura y afrontar obligaciones e inversiones ya contraídas, como la estación de servicio de su propiedad, aún en fase de amortización y con pérdidas. No se afirma que dichas pérdidas traigan causa del incendio, sino que la actividad corchera ha venido constituyendo una de las bases económicas que permitían sostener el conjunto de la entidad. Su interrupción proyecta un efecto en cadena que la evaluación económica debe considerar.

El incendio de Berrocal no solo arrasó un paisaje. Arrasó tiempo y la memoria de todos sus vecinos. Arrasó décadas de crecimiento silencioso. Arrasó la base económica de un municipio que vive del bosque y con el bosque. Hoy, mientras se evalúan los daños y se diseñan las medidas de recuperación, Berrocal se convierte en símbolo de algo más grande: la vulnerabilidad de los sistemas forestales mediterráneos ante incendios de nueva generación y la necesidad de políticas públicas que entiendan que, en un alcornocal, el tiempo es parte del patrimonio.

Agradecimientos: A Juan Romero por tanta y buena información en los peores días y momentos y en los que mientras hablaba con él escuchaba el sonido del fuego. A Eva Romero, mi cuñada, por la fotografía que ilustra este artículo. Uno de los parajes más impresionantes de Andalucía. Gracias por explicarme lo que estaba ocurriendo en el lugar que la vio nacer, con el dolor profundo por volver a perder lo que su padre le enseñó desde pequeña y que siempre sería lo más importante: A amar la tierra de Berrocal.

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