15/04/2024

La empresa en el centro de la diana
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Empieza el año 2023 con el foco en las empresas y  en los empresarios y empresarias, y no para bien precisamente. Como tiempo atrás, la empresa en el centro de la diana. En el banquillo de los acusados.

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Estas últimas semanas hemos asistido a una demonización del empresariado, como viene siendo habitual, en ciertos entornos y aspectos. Un señalamiento que coincide, paradójicamente, con los días en los que miles de autónomos y empresarios han pagado sus impuestos correspondientes. Se les (nos) culpa de las cifras de paro, del aumento de la pobreza, de la inflación, del endeudamiento de las familias. Ya solo falta achacarles el temporal de frío que ha sufrido toda España las últimas semanas. Cierto es que no es la primera vez, ni será la última, que se pone el foco en el sector privado, pero no es menos cierto que el ensañamiento con el que se hace últimamente es nuevo.

Por alguna razón que aún desconozco, los últimos años, muchos entornos políticos y sociales se han adscrito a un sistema de concienciación que parece pretender que la empresa y el empresario sean vistos como explotadores, como ricos malvados que se aprovechan de sus trabajadores paramultiplicar sus ingresos y generar, además, un impacto económico y medioambiental negativo. Mucho individualismo y cero colectividad. Tras años de escuchar hablar de startups, cultura emprendedora y jóvenes empresarios, hemos pasado a esconder esas semillas en el cajón de otra década para proyectar la imagen negativa de aquellos que deciden generar y emprender un proyecto. De aquellos que arriesgan lo poco o mucho que tienen para luchar por un sueño.

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Por supuesto, en este artículo vamos a ser honestos, y reconocemos que hay quienes no cumplen con sus obligaciones. Por supuesto que hay muchos que evaden impuestos y que utilizan la picaresca para no pagar, o pagar menos. Algunos, incluso, no están dados de alta como autónomos y, aún así, prestan servicios “en negro”, esos famosos cáncamos que llamamos en Canarias. También los hay que obligan a hacer horas extras a sus trabajadores sin ninguna remuneración, y otros que utilizan falsos autónomos para tener más rentabilidad. Pero, precisamente, todos ellos son los que deben ser perseguidos para imponer las correspondientes sanciones. Sin embargo, no es menos cierto que algún empleado ha “cogido prestado” algo de la empresa para la que trabaja, pero no por ello vamos a pensar que todos los trabajadores abren la caja, ¿no es cierto? Pues lo mismo con los empresarios.

El Estado, Hacienda Pública y la Seguridad Social tienen no pocos mecanismos para hacer valer la ley a todas las compañías y autónomos, no demonicemos a los que cumplen escrupulosamente con cada obligación con aquellos que no pagan e infringen las normas.

Ya lo decía el presidente de Mercadona esta semana, las empresas son las que generan empleo y riqueza, no el Estado precisamente. Luego son los dirigentes públicos los que administran la riqueza que han generado aquellas para el país en forma de impuestos y otros gravámenes. Tal vez, el error está precisamente en esto, en la forma de gestionar y repartir recursos, ¿no creen?

Muchos de los que ponen a la empresa en el centro de la diana no saben las lágrimas que ha llorado un autónomo cuando ha cerrado para siempre la puerta de su negocio porque la inflación y las sucesivas crisis han arruinado su tienda. Muchos no saben que hay empresarios que dejan de cobrar durante meses para que sus empleados cobren y para que la empresa continúe en pie. No están ahí cuando tus hijos lloran porque no puedes ir a la actuación de navidad de su colegio, o cuando vuelves al psicólogo asiduamente para soportar la presión. No llaman por teléfono cuando vuelven a subir la cuota de autónomo y no salen las cuentas, y tampoco avalan ese crédito que necesita la empresa para invertir en una tecnología más sostenible que genere un impacto positivo en el entorno. En cambio, señalan con el dedo cuando algo no sale como esperaban, o incluso si la empresa tiene un resultado positivo en sus cuentas, porque elucubran acerca de la ética con la que se ha conseguido el objetivo. Demonización constante. Hagan lo que hagan. El empresario explota para ser rico a toda costa.

Siempre lo digo, las empresas un día estamos arriba y otro día abajo. Un proyecto que hoy es exitoso puede ser nefasto en unos años, lo asumimos y nos arriesgamos, porque no entendemos otro modelo de vida. Este país necesita más emprendedores y empresarios responsables y menos cultura de la envidia y del ensañamiento. Necesita gente que arriesgue, porque esa es la gente que genera empleo, valor, y conocimiento. El éxito está mal visto. El tener solvencia, parece que también.

Más perseguir a aquellos que no cumplen y más apoyo a los que, día a día, se esfuerzan por crecer y mejorar.

Montserrat Hernández
Directora de Tribuna de Andalucía

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