Ocean Drive Sevilla se define como un punto de encuentro donde lo contemporáneo se fusiona con el alma andaluza, invitando al viajero a vivir la ciudad como un local. ¿Cómo se traduce esta filosofía en la experiencia diaria del huésped y qué papel juegan el barrio, la cultura y los eventos en la construcción de una hotelería más auténtica y emocional?
Partimos de una realidad innegable, la turismofobia existe, y en ciudades con identidad fuerte como Sevilla se percibe con especial intensidad. Somos un hotel, sí, pero nuestro trabajo va más allá de vender habitaciones: queremos que quien duerma aquí se lleve Sevilla. Y la única manera de lograrlo es trayendo Sevilla al hotel.
Por eso Ocean Drive Sevilla se concibe como un hotel abierto: no solo para huéspedes, sino también para vecinos, amigos, artistas o DJs, y para quien quiera disfrutar de un espacio bonito donde sentarse a charlar. Ese “modo barrio” forma parte del ADN de Ocean Drive desde hace más de 25 años: un lifestyle mediterráneo, siempre muy arraigado al contexto local.
En Sevilla esto se traduce en eventos que son un pilar del proyecto: afterworks como Burger Meets Gin, exposiciones mensuales de artistas locales, cenas temáticas y maridajes donde el 100 % de las reservas son de sevillanos. Eso da alma a un hotel: que no sea un espacio ajeno, sino un lugar vivo. Queremos romper la barrera invisible que a veces rodea a los hoteles, como si fueran inaccesibles o solo para turistas. Ocean Drive Sevilla es un sitio donde el sevillano entra con naturalidad. Y cuando el huésped lo ve, su experiencia cambia: ya no está en un hotel, está dentro de la ciudad.
¿Cómo puede la hotelería contribuir a un modelo turístico más equilibrado que combine crecimiento económico, identidad local y sostenibilidad?
La clave está en abrirse. Los hoteles no pueden ser burbujas aisladas que solo viven de la gente que viene de fuera. Tienen que ser espacios permeables a la ciudad. En Sevilla estamos empezando a ver cómo muchos hoteles y restaurantes se abren cada vez más al público local, y eso es positivo. Si un hotel solo sirve al turista, alimenta el rechazo. El sevillano acaba percibiendo esas grandes marcas como una amenaza, como algo que le quita espacio en su propia ciudad. Pero si puede entrar, usar el hotel, disfrutarlo, venir a desayunar, a una cena o a un evento, entonces cambia la percepción: deja de ser “un hotel de turistas” y pasa a ser “un sitio más de mi ciudad”.
El equilibrio entre crecimiento, identidad y sostenibilidad pasa por ahí. Por seguir apostando por el huésped que viene de fuera, porque es quien trae riqueza, pero sin dar la espalda al vecino. Si el hotel genera valor también para la ciudad, la ciudad lo acepta. Y eso, a largo plazo, es la única sostenibilidad real.

¿Nota un cambio en el perfil del visitante que llega a Sevilla en los últimos años, tanto sus motivaciones, su duración de estancia, su nivel de exigencia?
El cambio es evidente. Sevilla dejó de ser solo una ciudad de estancias cortas: ahora lo normal son tres noches o más. La llegada de grandes hoteles internacionales, la evolución de la restauración y eventos de primer nivel —como los Grammy Latinos o Icónica— han alargado la estancia.
Además, Sevilla se ha convertido en base para explorar Andalucía: Cádiz, Córdoba, Jerez… Tras el COVID, también ha crecido el turista americano: norteamericanos, canadienses y mexicanos que dedican varios días a la ciudad. Se trata de un viajero medio-alto que no busca un cinco estrellas clásico, sino una experiencia de cinco estrellas: servicio impecable, sonrisa, buen desayuno, recomendaciones honestas. Ya no quiere solo “tapas y flamenco”: busca la Sevilla real, la de tradición, cultura y arraigo. Valora lo auténtico y está dispuesto a pagar más por ello.
La propuesta gastronómica pone en valor los sabores tradicionales de la ciudad, combinando recetas clásicas con creaciones más innovadoras. ¿Cómo se equilibra el respeto por el patrimonio culinario sevillano con la creatividad gastronómica, y de qué manera esta oferta contribuye a que el huésped y el cliente local vivan una experiencia auténtica y compartida?
Cuando diseñamos la oferta gastronómica tuvimos claro lo que no queríamos ser. No queríamos ser un bar de tapas típico —porque Sevilla está llena de sitios magníficos— ni un restaurante de alta cocina experimental, porque no somos eso. Somos un restaurante de hotel, y eso implica encontrar un punto medio.
Nuestra apuesta es la cocina de proximidad, mediterránea, con producto de aquí y sabores reconocibles, pero con pequeños toques de innovación. No buscamos sorprender con esferas o técnicas extravagantes, sino elevar lo que ya existe: croquetas, arroces, carnes, quesos, tapeo, cocina lenta. Además, vamos a dar un paso más: el restaurante tendrá nombre propio, una identidad más marcada, una carta más distintiva, pero siempre como oferta complementaria a la de la plaza. No queremos competir con los grandes restaurantes de Sevilla, sino sumar. Y queremos que tanto el huésped como el vecino nos elijan con naturalidad. Cuando un sevillano viene a comer aquí y se siente cómodo, cuando recomienda el sitio, cuando repite, eso es la mejor validación de que estamos haciendo las cosas bien.
En Ocean Drive Sevilla apuestan por una disponibilidad de desayuno ampliada hasta las 11:00 horas. ¿Qué responde esta decisión a los nuevos hábitos del viajero y cómo influye en la experiencia del cliente?
Responde a algo muy simple: entender que no todos los viajeros viven igual. Hay quien viene por trabajo y desayuna a las siete, y hay quien viene de vacaciones y se levanta a las diez y media. Tener el desayuno de 7:30 a 11:00 da libertad, y eso es lujo hoy.
Además, ese horario extendido genera vida. Tenemos gente del barrio, padres del colegio cercano, clientes de otros hoteles o apartamentos que vienen a desayunar o a hacer un brunch. El restaurante siempre tiene movimiento, y eso crea ambiente, que es lo que queremos. Para nosotros no supone un coste real adicional: el equipo está aquí igualmente. Y si podemos adaptarnos incluso a grupos especiales —como corredores de una maratón o salidas tempranas—, lo hacemos. Un hotel tiene que ajustarse al cliente, no al revés.
¿Qué elementos diferenciales definen al Hotel Ocean Drive Sevilla frente a otros hoteles urbanos del destino?
La ubicación y el diseño son lo primero que entra por los ojos. Estamos en un punto privilegiado y el hotel es moderno, sobrio y cálido. Pero eso solo te trae una vez. Lo que hace que la gente repita y nos valore es el equipo.
El personal es clave. Cuando se siente cuidado, valorado y parte de algo, transmite eso al cliente. Y entonces la experiencia deja de ser correcta y pasa a ser excelente. Eso, unido al alma del hotel —los eventos, el ambiente, el concepto de barrio— es lo que nos diferencia.
Mirando al corto y medio plazo, ¿cuáles son los principales objetivos estratégicos del Hotel Ocean Drive Sevilla?
Cumplimos dos años y el primero completo ha sido muy bueno. Ahora toca consolidar. Que Ocean Drive Sevilla sea conocido en la ciudad, que sea una opción natural para quien viene de fuera y también un punto de ocio y encuentro para el sevillano.
No queremos correr. Queremos crecer bien, poco a poco, afianzando relaciones, creando comunidad. Como las buenas amistades: necesitan tiempo. Nuestro objetivo es que Ocean Drive Sevilla sea, cada vez más, parte del paisaje emocional de la ciudad.




