30/05/2024

Cuando lo esencial es invisible a los ojos
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Seguramente coincidiremos en la respuesta cuando nos pregunten cómo es el típico pueblo andaluz. Blanco. De forma inconsciente generamos una ensoñación que nos presenta una hilera de casas que al reflejo del sol resplandecen con un blanco único gracias a la cal. Sí, aquí los pueblos son blancos. El encalado de las casas es fruto de una tradición que hemos heredado de la época andalusí y que se ha mantenido a lo largo de la historia por sus propiedades bactericidas y fungicidas. Una costumbre que hasta no hace mucho se repetía cada año en la primavera y que la pandemia del Covid-19 recuperó en muchos pueblos.

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Pero esa cal que se obtiene por la calcinación de carbonato cálcico y que dibuja postales idílicas también está presente en muchos otros aspectos de nuestra vida cotidiana. La cal se utiliza para purificar y potabilizar el agua, fertilizar los suelos, fabricar papel o el cristal de una ventana, producir alimentos para los animales, tratar los gases de combustión liberados durante los procesos de gestión de residuos, y un largo etcétera de aplicaciones.

La producción de óxido cálcico, popularmente conocida como cal viva, es imprescindible en sectores como la minería, la siderurgia, las obras públicas o la construcción. Por su parte, el hidróxido cálcico o cal apagada se destina al encalado agrícola, el tratamiento de aguas, el saneamiento ambiental o la desinfección, entre otros.

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En el progreso de la humanidad, la cal ha jugado un papel preponderante desde las primeras civilizaciones. No está claro en qué momento comenzó a transformarse la piedra caliza en cal, probablemente por calentamiento, pero sí se tiene constatación de su uso para la fabricación de yeso para recubrir el suelo y las paredes de las viviendas de los pueblos primitivos. Se han descubierto vestigios de hace 14.000 años. Todas las civilizaciones que han habitado el planeta sucesivamente han ido multiplicando las aplicaciones de esa primera cal quemada.

Y en el salto hacia una sociedad avanzada e industrializada la cal jugó un papel fundamental, primero como elemento esencial para garantizar la higiene y la salubridad pública con efectos directos en la esperanza de vida de la población, pero también como impulsora del desarrollo y el progreso económico. Hoy, las obras públicas, la construcción, la ingeniería civil o las infraestructuras son industrias con un consumo intensivo de cal. Sí, sin cal no es posible trazar carreteras ni autopistas; su uso, por ejemplo, es necesario para la cimentación del suelo y para la estabilización del firme una vez construidas.

Green Deal y minería

Además, en el nuevo paradigma de la sostenibilidad y la transformación verde, la industria de la cal seguirá marcando el rumbo de nuestra sociedad. Porque para abordar el Green Deal es obligado impulsar las energías renovables, la electrificación y la digitalización, sectores que multiplicarán la demanda de minerales metálicos. La Unión Europea estima que la transición energética requerirá un 30% más de aluminio que el que se emplea hoy en el continente, así como un 35% más de cobre, un 45% más de silicio, un 100% más de níquel y un 330% más de cobalto.

Los productos de cal desempeñan un papel clave en la minería y la extracción de metales no ferrosos como aluminio, cobre, oro, níquel, cobalto, uranio, titanio y litio. Asimismo, la cal es importante para la refinación y la fundición pirometalúrgica de varios metales no ferrosos. También se utiliza en el tratamiento de efluentes y residuos, así como en el asentamiento, la desecación, la filtración, la protección ambiental y la seguridad en las minas.

El 90% de la producción de sulfuros polimetálicos de España procede de Andalucía. Lideramos el mercado nacional con una minería metálica que es un modelo en el ámbito de la innovación, la sostenibilidad y el respeto al medio ambiente. Se trata de un sector estratégico cuyo crecimiento y desarrollo depende también del suministro de cal.

La gran variedad de aplicaciones de la industria de la cal ha incrementado exponencialmente su demanda. Según datos de Stratistics Market Research Consulting, la producción mundial se estimó en torno a 430 millones de toneladas en el año 2021. Una cifra significativa si se compara con la producción del año 2010 situada en 311 millones de toneladas métricas. También llama la atención el impacto económico de esta industria, Fortune Business Insights afirma que el crecimiento del mercado de la cal aumentará de los 40.070 millones de dólares en 2021 a los 49.170 millones de dólares en 2029. Datos muy significativos para empezar a tomar conciencia del valor que posee.

También es necesario destacar otra dimensión, ahora más necesaria que nunca: la sostenibilidad. En Andalucía contamos con empresas de referencia en el sector de la cal como Calgovsa que acaba de cumplir 50 años dedicada a la explotación de las canteras de caliza para la producción de áridos, cal y derivados cálcicos en la comarca de Estepa (Sevilla). En 2022, produjo 174.300 toneladas de cal, de las cuales un 45% se destinó a la minería y otro 30% a la siderurgia. El resto de su producción se utilizó en el ámbito de la construcción, las obras públicas o el medio ambiente. El 90% de su distribución tuvo como destino Andalucía.

La compañía forma parte del grupo Lhoist, líder global en la producción de cal, dolomía calcinada y minerales. Con sede central en Bélgica, está presente en 25 países con más de 100 fábricas y 6.400 trabajadores en todo el mundo y relaciones de venta con 80 países. La compañía lleva años desarrollando proyectos para avanzar en la sostenibilidad y eficiencia de su actividad productiva, a través de la incorporación de fuentes energéticas renovables como el uso de biomasa a partir de la valorización de residuos agrícolas, el manejo de combustibles verdes o la instalación de paneles fotovoltaicos para cubrir el consumo de electricidad y reducir las emisiones de CO2.

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Concretamente en Estepa, Calgovsa ha apostado por el uso de biomasa a partir de la valorización de residuos agrícolas y por energías renovables que han reducido las emisiones de CO2 a la atmosfera en más de 10.000 toneladas durante el año 2022. Asimismo, para el próximo año 2023, la compañía tiene consignada una inversión de dos millones de euros para potenciar la utilización de combustibles verdes. Además, trabaja en un proyecto para la instalación de paneles fotovoltaicos que cubrirán el 30% de su consumo de electricidad y reducirán las emisiones de CO2 en 2.000 toneladas al año adicionales. Importantes inversiones que confirman que la apuesta de Lhoist por Andalucía es firme.

Este artículo es un tributo a la cal de nuestra tierra, la industria de la cal que todavía hoy no es suficientemente conocida y reconocida por el conjunto de la sociedad. Una muestra de que lo evidente, en no pocas ocasiones, se muestra oculto. Una paradoja en el caso de la cal, ejemplo elocuente de que lo esencial no siempre se visibiliza pesar de que brilla ante nuestros ojos en tantos pueblos de Andalucía.

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