19/05/2024

CHIPWARS, la Guerra de los Microprocesadores
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Los microchips son parte fundamental de nuestras vidas. La pandemia puso en el foco el cuello de botella que existe en la producción de este pequeño componente, fundamental en muchos productos de uso cotidiano. El autor expone las tensiones que actualmente se están generando en el dominio mundial de este nuevo “petróleo” del siglo XXI.

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“Destruyo a mis enemigos cuando los hago mis amigos.”

(Abraham Lincoln)

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Como saben, los microchips se han convertido en parte fundamental de nuestras vidas: desde su nevera, pasando por el juguete que trajeron los Reyes Magos a sus hijos, sin contar con smartphone, televisores, relojes, misiles de última generación, satélites, inteligencia artificial o su robot de cocina.

Este invento, del alemán Werner Jacobi, que propició, desde 1949, la llegada de la era informática, ¿sabemos de verdad cómo funcionan? Los microchips son transmisores, que trabajan con un sistema binario. Del mismo modo que el sistema decimal nos permite representar todos los números, usando del 0 al 9 como su base, el binario sólo utiliza dos números, el 0 y el 1.

La ventaja del sistema binario sobre el decimal es que solo contempla dos opciones, ceros y unos, lo que supone que a la hora de almacenar o representar información usando electricidad, es el método más eficaz: el sistema binario trabaja basándose en On/Off, Verdadero/Falso, Blanco/Negro, Betis/Sevilla.

Del mismo modo que las neuronas de nuestro cerebro, que conectan o interrumpen la corriente eléctrica para comunicarse, los transistores en un microchip (el equivalente a las neuronas del cerebro) se activan o desactivan para procesar la información. El estado On/Off en un transistor es la pieza más pequeña de información, y se llama bit (Binary digitalizados, es decir, dígito binario), el código que nos domina.

Una de las consecuencias de la pandemia, por todos conocido, fue la interrupción de la producción de microchips, generando un cuello de botella en las cadenas de producción de todo el mundo, que puso en el foco la lucha soterrada por la fabricación de este transmisor del tamaño de un grano de arroz.

Un microchip es muy complejo, aunque parezca mentira, por varias razones:

La primera: la materia prima. Las denominadas “tierras raras”, es el nombre común de 17 elementos químicos: escandio, itrio y los 15 elementos del grupo de los lantánidos (lantano, cerio, praseodimio, neodimio, prometio, samario, europio, gadolinio, terbio, disprosio, holmio, erbio, tulio, iterbio y lutecio).

Aunque el nombre de ̈tierras raras ̈ podría llevar a la conclusión de que se trata de elementos escasos en el planeta, algunos elementos como el cerio, el itrio y el neodimio son más abundantes. Se las califica de “raras” debido a que es muy poco común encontrarlos en una forma pura, aunque hay depósitos de algunos de ellos en todo el mundo.

Pues bien, estos depósitos se encuentran concentrados en un puñado de países (China, EEUU, Canadá, Sudáfrica, Bolivia), y tener acceso a ellos es una prioridad estratégica mundial.

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La segunda: su transformación. Aquí empiezan los problemas. Estas “tierras raras” hay que transformarlas en metal, y el líder mundial que lo transforma es…adivina adivinanza…empieza por C…¡China!, con el 88% de la cuota mundial.

¿Y por qué China si en la década de los 90 del siglo pasado el líder mundial era Europa? Esta transformación es altamente contaminante, por lo que, en Europa, con la normativa actual, es inviable económica y socialmente; ahora bien, no se ve con malos ojos transformarlos en países en vías de desarrollo, en los que no está mal visto que se contamine en loor a su desarrollo. Ojos que no ven, corazón que no siente.

Y la tercera: su fabricación: En los años 90, como comentábamos, Europa era el líder mundial, seguido muy de cerca de EEUU. Con el traslado de la cadena de producción, en eso que llamaron “globalización”, al sudeste asiático (Corea del Sur, Japón, Taiwán principalmente), Europa pierde la hegemonía y se alza con ella un pequeño país, Taiwán, produciendo el 90%, ojo al dato, el 90% de los chips más avanzados.

Pondríamos también una cuarta razón: la tecnología. Sin tecnología, tanto la materia prima como su transformación y fabricación, no existiría todo este proceso. ¿Y de dónde es esta tecnología? De los países occidentales, y especial, de los EEUU, en su vertiente más avanzada.

En esto llegan los chinos, y se hacen la siguiente pregunta: vamos a ver, compis, si poseemos esas tierras que dicen que son raras; más las transformamos en metal para fabricar los chips…y encima, tenemos un montón de empresas occidentales que producen sus teléfonos móviles aquí, con acceso a su tecnología que copiamos con animosidad y alevosía… ¿por qué no nos hacemos con el control de todo? ¡El mundo será nuestro!

EEUU se da cuenta que los chinos le van a adelantar por la derecha, y, por tanto, como eso está mal, prohíben la exportación de su tecnología al gigante asiático. Y aquí comienzan la discusión:

– Tú no me das acceso a tu tecnología por las buenas.

– Tú no respetas las normas, y me haces una compe desleal.

– O me la das por las buenas o…no problemo, voy a apretar a tus socios (Corea del Sur, Japón, Taiwán) que te producen mogollón de tus chips, porque, a ver, ¿sabes?, un misil tonto de esos que lanza mi compi Corea del Norte o en una de mis maniobras en aguas de Taiwán, puede que caiga sobre una sola de sus fábricas, y vaya, te paraliza toda tu industria…yo no quiero amenazar, pero avisado estas.

– ¿En esa estamos? Pos te vas a enterar.

De esta forma, ambos gigantes han abierto una guerra de forma abierta, por el dominio tecnológico, que no tiene visos de solventarse de forma pacífica.

Vivimos tiempos convulsos, de cambios geoestratégicos, de la vuelta a la política de bloques, o de multibloques (véase India o Turquía), en donde las diferencias del modelo económico y político se hacen cada día más evidentes, añadiendo incertidumbre y complejidad al mercado, y también, alza de precios continuas y sin visos de que se desaceleren.

Y en esta guerra, ¿qué hará Europa? Con la pérdida del liderazgo en el desarrollo tecnológico, Europa tendrá que optar por aliarse por un bando u otro, porque cometió un fallo de dimensiones colosales, confiar en la deslocalización de sus centros productivos, confiando a un tercero su tecnología, fallo del que le costará salir, si es que sale.

Y, a esto, yo me pregunto, ¿tendrá esta tensión China vs EEUU algo que ver con la guerra de Ucrania? ¿será casualidad?

“Basta el instante de un cerrar de ojos para hacer de un hombre pacífico un guerrero.”

Samuel Butler.

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