25/05/2024

Antonio J. Gallego: “Estamos innovando permanentemente para mejorar la calidad de nuestros productos”
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Los dos últimos años han supuesto un crecimiento individual y colectivo para quienes conforman Migasa. ¿Qué balance hace de este periodo?

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Los dos últimos años han sido complejos para nuestro sector y para el conjunto de la sociedad. Si hay un concepto que pienso que puede definirlo bien, es la incertidumbre: desde la pandemia y sus efectos, pasando por la guerra de Ucrania y hasta la actual situación de sequía.

Y a pesar de todo eso, creo que hemos conseguido seguir en nuestro camino, consolidando nuestra propuesta de valor que consiste en poner el foco en la materia prima, en la protección del entorno y en el cuidado de las personas dando lo mejor de nosotros mismos.

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Personalmente, creo que el balance es, por tanto, positivo. A pesar de esa incertidumbre y gracias a la confianza que depositan en MIGASA no solo los clientes y consumidores, si no los proveedores, colaboradores y, muy especialmente, las más de 1500 personas que forman nuestro equipo de trabajo y las más de 80.000 familias de agricultores con las que trabajamos, seguimos adelante y creciendo. Podemos estar satisfechos y, sobre todo, muy agradecidos porque en momentos complejos podemos contar con todos ellos como aliados y como parte de esta gran familia que es MIGASA.

En la actualidad, ¿se puede ser optimista? ¿Será 2023 un buen año?

Mi padre siempre dice que para estar al frente de una empresa, hay que ser un optimista. Yo creo que tiene que ser así: pensar que todo va a salir bien te motiva para apostar, para creer en nuevas soluciones y ver oportunidades en un entorno complejo como en el que nos encontramos hoy en día. En MIGASA nos permitimos ser optimistas porque sabemos que contamos con el mejor equipo de personas que dan lo mejor de sí mismas todos los días, y porque nuestros casi 90 años de historia nos han enseñado que el compromiso, la capacidad de adaptación y el trabajo son los factores claves para construir el futuro.
También somos realistas: ya estamos viendo que 2023 también será un año complejo, marcado por un contexto internacional agitado, con precios al alza y unas condiciones climatológicas adversas para todos. Aun así, estamos convencidos de que este año será un año más que sume en la consolidación y crecimiento de los aceites y productos agroalimentarios españoles en todo el mundo.

Mejorar la innovación en el uso de los recursos -en particular la agricultura de precisión e inteligente-, la innovación, la digitalización y la modernización de la maquinaria y los equipos de producción son pasos claves que han de considerar las empresas dedicadas al sector agroalimentario. ¿En qué posición se encuentra Migasa respecto a lo comentado? ¿Cuáles han sido vuestras apuestas en este sentido?

Nuestro compromiso con los consumidores, la ampliación de mercados y los altos estándares de calidad exigibles en la industria agroalimentaria nacional e internacional han motivado que, de manera intrínseca, la innovación constante y la incorporación al paradigma de la industria 4.0, se hayan convertido en parte indispensable de MIGASA. Así, estamos innovando permanentemente para mejorar la calidad de nuestros productos, desde el enfoque de la contribución a la salud y bienestar de las personas y la adaptación a formas de producción más respetuosas con el medio ambiente.

En este sentido, estamos generando experiencias pilotos en distintos centros de producción de la compañía que nos permitan que las diversas actuaciones se implementen de forma eficaz a medio y largo plazo en los 18 centros productivos que tiene MIGASA.

Por ejemplo, nuestra fábrica de Alcolea (Córdoba) se ha convertido en nuestro centro piloto en materia de economía circular. MIGASA consiguió en 2021 ser la primera empresa aceitera de España en recibir el certificado “Residuos Zero a Vertedero” en esta planta que significa que al menos el 95% de sus residuos se reintroducen en la industria como materias primas reusables para otros procesos.

Este centro cuenta con también con una instalación fotovoltaica que permite reducir de forma importante su huella de carbón: en 10 años MIGASA podría evitar la emisión de 8.192 toneladas de CO2 a la atmósfera, lo que equivaldría a plantar 63.876 árboles y retirar 83.355 coches de la circulación.

Por otra parte, todas las plantas de la compañía están inmersas en un proceso de mejora mecánica y de automatización de procesos para reducir y optimizar los consumos de agua.

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Junto con estos proyectos, estamos implementando el sistema de medición de la huella de carbono de alcance 3, es decir, aquellas emisiones relacionadas con la cadena de valor de la compañía y que no están bajo el control de MIGASA. Esto nos permitirá valorar el impacto de forma integral y poder diseñar y poner en marcha acciones encaminadas a devolver y mejorar los recursos naturales disponibles para garantizar el futuro de las personas y el planeta.

Para los consumidores no es sencillo reconocer el origen del ‘virgen extra’ frente a aceites producidos bajo otras condiciones de producción diferentes. Es por ello que desde Migasa han apostado por el uso de tecnologías innovadoras como el blockchain. ¿Cuáles son las bases que sostienen esta apuesta? ¿Qué viene a garantizar un proyecto de estas características?

Nuestra admiración y pasión por el aceite, por el campo y por las personas es lo que nos motiva a trabajar en la obtención de aceites de la mejor calidad cuidando el campo, los recursos naturales y comprometiéndonos con el futuro del sector.

Para ello, en 2021 ya pusimos en marcha el proyecto de sello “Olivar Tradicional”, mediante un acuerdo firmado junto a UPA y LIDL, para contribuir a poner en valor la tradición milenaria y sostenible de cultivo del olivar a la vez que garantiza un precio justo para los agricultores.

Este proyecto promueve entre las empresas productoras, envasadoras y comercializadoras de aceite de oliva, la certificación Olivar Tradicional, auditada por el Comercio ético SMETA que garantiza la subsistencia de explotaciones de Olivar Tradicional, asegurando un precio mínimo por kilogramo de aceite, independientemente de si existe o no excedente de cosecha. A partir de este proyecto, se ha puesto en marcha recientemente el Grupo Operativo AOVE Tradicional, coordinado por la Unión de Pequeños Agricultores y Ganaderos (UPA), en el que participamos como socios junto a Wealize y en el que colaboran la Universidad de Jaén y LIDL.

Así seguimos contribuyendo a poner en valor para el consumidor final el olivar tradicional que aporta aproximadamente el 70% de la producción total del país. De esta manera podemos mejorar en rentabilidad del producto, diferenciándolo de otros orígenes. Y lo estamos haciendo trabajando en la trazabilidad del origen del ‘virgen extra’ que proviene de olivar tradicional haciendo uso de tecnologías innovadoras como el blockchain.

Para concluir, ¿qué visión tiene del sector agroalimentario en unos años? ¿Por dónde pasa el futuro del sector?

Desde mi percepción, creo que el sector agroalimentario y los productos españoles se reconocen internacionalmente como productos de alta calidad, lo cual es muy positivo para el sector y ha sido posible gracias al esfuerzo de todos los que formamos parte de él.

En las últimas décadas, el sector ha cambiado a mejor, ha crecido la unión entre los actores del mercado donde todos tenemos claro que lo único que importa es sumar y creo que eso es lo que nos vamos a encontrar en los próximos años.

Si hablamos específicamente del sector del aceite, creo que afortunadamente España ya no es ese país productor que parecía “acomplejado” respecto a otros países productores. Hoy se ha convertido en el líder mundial indiscutible del aceite de oliva. Y en un mercado globalizado, hay sitio para todos. El aceite de oliva es aún un pequeño porcentaje, y en España ya tenemos claro que juntos tenemos mucho margen de crecimiento.

Y cuando me refiero a España me refiero a nuestras empresas aceiteras y sus agricultores. Las empresas españolas se han convertido en la punta de lanza del sector en el ámbito mundial y los agricultores y almazaras están produciendo a un nivel de una calidad difícil de igualar, a pesar de contextos de incertidumbre y del impacto que esto tiene en el sector.

Por eso, cada vez más países conocen el producto y se interesan por él (por ejemplo, desde MIGASA operamos en 120 países). Esto está repercutiendo en un incremento del consumo a nivel mundial que beneficia y beneficiará al conjunto del sector. La apuesta por la promoción del aceite de oliva, que estamos haciendo tanto el sector privado como el público, es clave para favorecer este crecimiento y ayuda a que seamos optimistas, ya que afianza ese liderazgo.

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