Martes 29 de septiembre de 2026
Nueva Economía

La nueva geografia europea de la innovación

De Brainport a Tampere, Europa muestra que la innovación gana fuerza cuando conecta industria, conocimiento, talento y mercado. Una mirada útil para Andalucía.

¿Por qué una empresa decide invertir en un lugar y no en otro? Cada vez menos, la respuesta depende solo de impuestos, suelo industrial o costes. También pesa algo más difícil de construir: encontrar, en un mismo territorio, tecnología, proveedores, conocimiento, talento y capacidad para llevar todo eso al mercado.

A comienzos de septiembre, la industrial finlandesa Normet inauguraba en Pirkkala, junto a Tampere, un centro tecnológico dedicado a autonomía, robótica, software y pruebas. Al explicar por qué había elegido ese entorno, la compañía señaló esa combinación de industria, investigación, universidad y talento. Es una pequeña pista de cómo está cambiando el mapa europeo de la innovación.

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No porque las grandes capitales hayan dejado de contar. Lo interesante es que algunos territorios están aprendiendo a renovar lo que ya saben hacer, incorporar nuevas tecnologías a su tejido productivo y convertir esa capacidad en una posición competitiva reconocible en el mundo.

De tener conocimiento a saber convertirlo

El Regional Innovation Scoreboard 2025 permite observar algunas diferencias. Tomando la media de la Unión Europea como 100, Noord-Brabant —donde se encuentra Brainport Eindhoven— alcanza 129,9 puntos; la región estadística que incluye Tampere, 119; y Emilia-Romaña, 102,5. Los índices orientan, pero no explican por sí solos por qué unos territorios transforman mejor innovación en actividad económica. Para entenderlo hay que mirar qué ocurre dentro.

Brainport Eindhoven es uno de los casos más sugerentes. Allí, alrededor de compañías como ASML, se ha desarrollado una extraordinaria densidad industrial y tecnológica. ASML cerró 2025 con 32.700 millones de euros de ventas y destinó 4.700 millones a I+D. Trabaja con más de 5.000 proveedores en todo el mundo, 1.600 de ellos en Países Bajos.

La enseñanza no consiste en pensar que cada región necesita su propia ASML. Consiste en entender lo que ocurre cuando una empresa tractora eleva las exigencias tecnológicas de lo que tiene alrededor: proveedores que mejoran capacidades, empresas especializadas que encuentran mercado y conocimiento que acaba incorporándose a productos.

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Emilia-Romaña ha construido otra lógica. Su fortaleza se apoya en una extensa base de pymes industriales y en una red de investigación y transferencia. Bolonia alberga IT4LIA AI Factory, desde donde empresas y startups pueden acceder a computación, datos, asesoramiento, formación y desarrollo de soluciones de inteligencia artificial. En abril de 2026, EuroHPC formalizó un contrato de 290 millones de euros para ampliar esa capacidad mediante un nuevo supercomputador.

Aquí la cuestión cambia: ¿cómo poner tecnología avanzada al alcance de empresas que difícilmente podrían desarrollarla solas? En una economía de pymes, esa pregunta puede ser tan estratégica como disponer de grandes campeones industriales.

Tampere ofrece una tercera vía. Normet había adquirido en 2023 a Remion, una compañía local especializada en internet industrial y software. Tres años después vuelve a apostar por el territorio con su nuevo centro tecnológico. Una adquisición no transforma una economía regional, pero la secuencia interesa: incorporar conocimiento, combinarlo con capacidades industriales y volver a invertir allí donde esa combinación puede seguir creciendo.

Cuando el talento entra en la ecuación

Y aquí aparece una variable cada vez más difícil de separar de la innovación: las personas. Un territorio puede formar excelentes profesionales y perderlos, atraer empresas y no disponer de suficiente vivienda, concentrar investigación y no ofrecer carreras profesionales atractivas. La competitividad también se juega en esas decisiones menos tecnológicas.

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Brainport es ilustrativo porque las propias empresas participan, junto a las administraciones, en iniciativas vinculadas a vivienda asequible, movilidad, formación técnica y cohesión social. La vivienda o la movilidad dejan así de ser conversaciones paralelas a la política industrial y pasan a formar parte de la capacidad de un territorio para sostener su crecimiento.

Los datos neerlandeses aportan otra pista. Entre los estudiantes internacionales graduados en Eindhoven de las cohortes estudiadas por Nuffic, un 48,9% permanecía en Países Bajos cinco años después. No significa que todos se quedaran en Eindhoven ni permite atribuir el resultado a una única política, pero sí recuerda algo importante: el talento también mira dónde existen empresas, carreras profesionales y oportunidades de futuro.

Innovación, inversión, empleo y calidad de vida empiezan así a formar parte de una misma conversación sobre competitividad.

Andalucía: conectar capacidades para competir

Mirar fuera solo tiene sentido si nos ayuda a ampliar la mirada sobre nuestras propias oportunidades. La nueva configuración institucional andaluza, que acerca industria, innovación, emprendimiento y otras palancas de competitividad, abre un marco interesante para abordar estas políticas de forma más integrada. Esa lógica conecta con lo que vemos en otros territorios europeos: la innovación genera más valor cuando se aproxima a la empresa, a la industria y al mercado.

Andalucía cuenta con activos relevantes: universidades, centros tecnológicos, parques científicos, tejido empresarial, startups, talento emprendedor y herramientas como Andalucía TRADE, que permiten trabajar sobre innovación, crecimiento empresarial, internacionalización y atracción de inversión.

La oportunidad está en seguir multiplicando las conexiones entre esas capacidades: que más conocimiento llegue a las empresas, que más tecnología transforme productos y procesos, que compañías andaluzas ganen posiciones en cadenas de valor y que más empresas crezcan desde Andalucía hacia mercados internacionales.

También aquí entra el talento. Generar oportunidades profesionales, atraer inversión y ofrecer calidad de vida forman parte cada vez más de la misma propuesta territorial. No se trata solo de formar buenos profesionales, sino de que encuentren proyectos, compañías y trayectorias capaces de competir con las que pueden encontrar fuera.

No hay que copiar Brainport, Emilia-Romaña o Tampere. La lección más interesante es la contraria: no existe una única fórmula. Cada territorio construye su ventaja a partir de sus fortalezas y de la capacidad para conectar conocimiento, empresas, inversión, talento y mercado.

Quizá ahí esté una de las claves del nuevo mapa europeo de la innovación. No gana necesariamente quien acumula más iniciativas, sino quien consigue que más piezas trabajen en la misma dirección. Andalucía dispone de activos para seguir avanzando en esa lógica y convertir cada vez mejor innovación y conocimiento en competitividad empresarial, capacidad industrial, empleo cualificado e internacionalización.

Cuando eso ocurre, la innovación deja de ser solo una política sectorial y se convierte en algo mucho más interesante: una estrategia de futuro.

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