España establece una nueva “plusmarca”, la recuperación turística en España a lo largo del año 2025 ha sido espectacular, superando todas las expectativas y dejando una certeza clara: España no solo ha recuperado su músculo turístico, sino que está redefiniendo su liderazgo mundial, rozando los casi 100.000 millones de visitantes el pasado año, nuestro país se consolida como el segundo destino global, atrayendo un tercio de la demanda turística del sur de Europa. Pero el verdadero éxito no reside en la cantidad, sino en la transformación hacia un modelo de calidad, sostenibilidad e innovación tecnológica. En este escenario, Sevilla y su provincia emergen como referentes de una gestión que sabe hibridar la tradición con la vanguardia.
Los dos últimos años han sido un viaje de resiliencia y éxito. Hemos pasado de la incertidumbre a batir récords históricos. Para Sevilla, el turismo es hoy una infraestructura crítica: representando una dependencia de nuestra economía entorno al 25% de nuestro PIB y es el principal escudo contra el desempleo, con una capacidad de arrastre que beneficia desde la hostelería hasta las empresas tecnológicas.
El Real Alcázar, joya de nuestra corona patrimonial, ha sido el termómetro de esta evolución, alcanzando cifras de visitantes nunca vistas y convirtiendo esa rentabilidad en una inversión directa para la conservación de nuestro legado. Sin embargo, el horizonte que se vislumbra para el próximo año nos obliga a mirar más allá de las cifras. Las tendencias que marcarán el 2026 en España y Andalucía apuntan hacia la hiper-personalización. Ya no basta con ofrecer un destino; el viajero busca experiencias inmersivas y responsables. La Inteligencia Artificial y la ingeniería de datos se convierten aquí en piezas claves para predecir flujos, evitar la saturación y ofrecer servicios a la carta que mejoren la satisfacción del visitante y la calidad de vida del residente.
Si nos enmarcamos en el ámbito regional, Andalucía apuesta decididamente por la desestacionalización. La tendencia es clara: atraer al visitante durante todo el año mediante la diversificación. Aquí, la provincia de Sevilla juega un papel protagonista. El futuro inmediato pasa por fortalecer el vínculo entre la capital y los municipios rurales, promocionando la paz de nuestros entornos, la riqueza de la hacienda olivarera y el turismo activo. La ingeniería de caminos y la mejora de las comunicaciones interprovinciales serán fundamentales para que esta riqueza fluya de forma equitativa por todo el territorio, así como otras tecnologías, plataformas inteligentes de destino (PID) apoyadas por el Big Data para la gestión y promoción de los diferentes destinos o la realidad aumentada o virtual para experiencias inmersivas, en resumen, la tecnología permite una planificación turística más eficiente, personalizada y sostenible.
Para Sevilla capital, el posicionamiento internacional se orienta hacia el segmento de lujo y el turismo de congresos (MICE). La ampliación de la conectividad aérea y la modernización de infraestructuras hoteleras bajo criterios de eficiencia energética, son las tendencias que nos permitirán atraer a un perfil de visitante con mayor capacidad de gasto y menor impacto ambiental. No se trata de crecer por crecer, sino de crecer mejor.
El beneficio para los sevillanos es el fin último de esta estrategia. Un turismo bien gestionado se traduce en mejores servicios públicos, calles más cuidadas y una oferta cultural vibrante. Pero, sobre todo, se traduce en oportunidades. La colaboración entre ingenieros, empresarios, sector turístico y administraciones debe seguir siendo la palanca que impulse este nuevo modelo. Estamos ante una nueva era donde la tecnología y la sostenibilidad no son opciones, sino los pilares sobre los que construiremos la Sevilla del mañana: una ciudad que no solo es admirada por su historia, sino respetada por su capacidad de innovar y convivir con su propio éxito.




