29/08/2025

Belleza que impulsa la economía: el renacimiento del sector cosmético
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El motor del crecimiento no es solo la demanda estética: es una cultura del bienestar y autocuidado cada vez más extendida entre la población.

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En un escenario global marcado por la incertidumbre y la desaceleración de algunos sectores industriales, la industria cosmética y de perfumería en España ha demostrado una vitalidad económica que sorprende por su consistencia, dinamismo y valor estratégico. No se trata ya de una industria colateral al gran consumo, sino de un motor económico consolidado, que no solo ha recuperado el terreno perdido tras la pandemia, sino que lo ha superado con creces, colocándose como uno de los sectores con mayor crecimiento relativo del país.

Según datos de la Asociación Nacional de Perfumería y Cosmética (Stanpa): más de 11.200 millones de euros de volumen de mercado, con un crecimiento del 7,7% en 2024. Esta evolución no es anecdótica. Representa más del cuádruple del crecimiento medio del consumo privado nacional (2,4%), e incluso supera a sectores tradicionalmente protagonistas como la moda o la restauración. En términos macroeconómicos, esta actividad aporta ya el 1,03% del PIB, generando más de 300.000 empleos directos e indirectos.

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El motor del crecimiento no es solo la demanda estética: es una cultura del bienestar y autocuidado cada vez más extendida entre la población. Lejos de ser un fenómeno ligado a un segmento de lujo, el cuidado personal se ha convertido en un comportamiento transversal, que se refleja tanto en el consumo de productos básicos de higiene como en la sofisticación creciente de categorías como el tratamiento facial, la protección solar o los perfumes de alta gama.

La media de gasto por persona en productos cosméticos en España ha alcanzado ya los 221,6 euros anuales, con un incremento del 8% respecto al ejercicio anterior. Dentro de este gasto, destaca especialmente el cuidado de la piel, que ya representa más de un tercio del consumo total del sector. El segmento de solares, por ejemplo, creció casi un 20%, impulsado por factores como la conciencia sobre la salud dermatológica, el envejecimiento poblacional y la alta exposición turística.

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Este fenómeno ha impulsado a su vez el desarrollo de canales de distribución como farmacias, perfumerías especializadas y plataformas de venta directa. El canal físico, contra todo pronóstico en una era digital, ha mantenido su protagonismo gracias al valor añadido de la atención personalizada y la experiencia sensorial del producto. El comercio electrónico se estabiliza, con 8,4 millones de consumidores activos, pero aún lejos de sustituir la interacción presencial que domina en la compra de productos de cuidado personal.

Uno de los datos más relevantes del ejercicio 2024 es el récord histórico en exportaciones: más de 9.500 millones de euros, lo que representa un incremento del 23% respecto al año anterior. España consolida así su posición como segundo mayor exportador mundial de perfumes, solo por detrás de Francia, y supera en volumen exportador a sectores emblemáticos como el vino, el aceite de oliva o el calzado.

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Este avance exportador no se concentra únicamente en los perfumes, sino que se reparte con creciente equilibrio entre productos para el cuidado de la piel, cabello, cosmética de color y artículos de higiene. Además, se constata una diversificación geográfica significativa: cerca del 45% de las exportaciones se destinan a países extracomunitarios. En mercados como Oceanía y América Latina, los crecimientos superan el 30%, con picos del 71% en algunas categorías de perfumería.

Este fenómeno no es casual: responde a la percepción global de la cosmética española como sinónimo de calidad, diseño e innovación, con una excelente relación calidad-precio. A ello se suma un tejido empresarial competitivo, con marcas consolidadas y otras emergentes que se han adaptado ágilmente a las nuevas demandas del consumidor global, más exigente y consciente.

El sector no solo ha crecido en términos de ventas: lo ha hecho también en reputación y alineación con los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS). La industria española ha emprendido una transformación verde y digital sin precedentes, integrando iniciativas pioneras en eficiencia energética, economía circular, gestión hídrica y transparencia de ingredientes.

En paralelo, se ha reforzado la inversión en I+D+i, no solo en formulaciones, sino también en envases sostenibles, tecnologías de distribución y trazabilidad, y procesos de fabricación cada vez más responsables. La sostenibilidad ya no es un elemento accesorio: se ha convertido en una ventaja competitiva y un valor de marca indispensable para fidelizar a un consumidor cada vez más informado y exigente.

La fortaleza del sector cosmético en España no radica únicamente en su capacidad exportadora o en la sofisticación de su oferta. También está profundamente enraizado en el territorio, con un ecosistema compuesto por más de 15.000 perfumerías, 50.000 salones de peluquería, 22.300 centros de estética y 22.100 farmacias. A ello se suman empresas dedicadas a materias primas, logística y envasado, completando una cadena de valor robusta y descentralizada, con presencia en todo el país.

Este entramado genera empleo de calidad y promueve el desarrollo económico local, especialmente en zonas donde otras industrias han perdido peso. Así, el sector cosmético se convierte también en actor clave de cohesión territorial, con un impacto que trasciende lo económico y se proyecta hacia lo social y ambiental.

Los últimos resultados de la industria marcan un punto de inflexión positivo para el sector, pero también plantean nuevos desafíos. La necesidad de seguir acelerando la digitalización, garantizar la sostenibilidad de las cadenas de suministro globales y competir con gigantes internacionales exige una estrategia clara y ambiciosa. Las empresas deberán seguir invirtiendo en innovación, personalización y trazabilidad para mantener la ventaja competitiva.

No obstante, la tendencia es clara: el bienestar como nueva economía. El auge del autocuidado, la sofisticación del consumidor y el papel creciente de la cosmética como expresión de salud, identidad y bienestar aseguran un futuro expansivo para una industria que, sin hacer demasiado ruido, se ha convertido en una pieza fundamental del engranaje económico español.

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